martes, 1 de enero de 2019

Lo que ha sido y lo que será

Hola a tod@s, ¡felíz año nuevo! Es cierto, estuve flojo en 2018. Publiqué apenas tres entradas, a pesar de haber intentado algunas más que no prosperaron por diversos motivos. Pero no he venido a inaugurar el 2019 con excusas viejas (ni ustedes a soportarlas). En todo caso, puedo contarles que aunque no lo reflejara aquí, afortunadamente pude leer mucha historieta en el transcurso del año que se fue. Y bien variada, como es el espíritu de Al Rescate. Muchas de ellas objeto de esas notas que finalmente no pudieron ser. Entonces me parece oportuno contarles un poco sobre eso, sobre los cómics a bordo de los cuales anduve a lo largo de 2018 (no todos editados durante el mismo, aclaro).  Empiezo por la producción local, y sigo con historietas de otras latitudes (pero de edición nacional). Y desde ya lo recomiendo todo, aunque cada obra tiene sus puntos fuertes y también alguno flojo. Recuerden que este recorrido no será exhaustivo, tenemos todo un año por delante para hacer reseñas más al detalle. En fin, basta de cháchara.

En 2018 se publicó en libro la obra ganadora de la primera edición del concurso NHA (del colectivo Nueva Historieta Argentina). Hablo de El Desierto de Nemo. Los autores son Fernando Maiarú  y Estanislao Marugo, ambos jóvenes oriundos de Tandil, y que alternaron entre sí guión y dibujos. La historia que nos cuentan es la de un pibe de 14 años que sale en busca de su madre, teniendo que atravesar un mundo devastado por una guerra. Lo acompaña una anciana en silla de ruedas que vivía con él en un refugio antibombas y se topa con una extraña comunidad de hombres – pájaro con los que llega a entenderse a pesar de hablar otro lenguaje. La obra se sostiene desde lo gráfico, porque el argumento deja muchísimas preguntas sin respuesta (algunas planteadas desde la propia contratapa, otras tantas surgen con la lectura). Habrá que ver si los autores retoman la historia y tienen más para contar. En todo caso, es un buen debut y yo al menos estaré atento a futuras historietas suyas.

Sigo con El Arca de Lucas Leppe, de Nicolás Gath (guión) y Juan Pablo Massa (dibujos), editado por Capitán Ediciones. Un comic- book auto conclusivo  y súper ameno, que cuenta la historia de Lucas, joven dedicado al comercio de objetos coleccionables exóticos relacionados con la cultura pop desde su local en Villa Urquiza. La misión de Leppe en esta entrega (¿habrá más, próximamente?) es recuperar una copia VHS extraviada en el pasado, para lo cual debe viajar a 1992. Acá el valor está en cómo Gath arma una trama original a partir de algo remanido como el viaje al pasado y el peligro de alterar la continuidad de los acontecimientos. Y en el equilibrio que logra al evocar la década del noventa, con nostalgia pero también con dosis de crítica. Si fuiste pibe en aquellos años (como yo), este cómic te hará pasar un buen rato. Mérito del dibujante también, por supuesto.

También leí Pipo y Bartolo: ¡Al Rescate! No, no es que los autores (Guido Barsi en guión y Darío Reyes en dibujo) me hayan homenajeado. Es que los protagonistas de esta historieta para chicos también deben viajar en el tiempo, como Lucas Leppe. Sólo que aquí se trata de ir al futuro. Reclutado por Pipo, un perro que puede hablar con él, Bartolo tiene la misión de impedir que la empresa de tecnología Imaginacorp les robe a las personas la capacidad de pensar e imaginar. Una aventura circular  llena de acción y gags, con un planteo interesante para los chicos. Muy buenos dibujos y bella edición. Me faltó leer el libro “hermanito” de Pi Ediciones, que tengo aquí a mano y será de los primeros para este año. Hablo de Detective Ramos, a cargo de los mismos autores.

Ahora bien, para hablar de ¿Quién mató a Rexton? voy a obligarme a ser lo más sintético posible, porque esta historieta merece una reseña aparte. Y a recordar que esta es una lista de lecturas personal, no el clásico “los mejores del año” que acostumbran los suplementos culturales de los diarios. Pero sí, este es otro de esos imprescindibles, por varias razones. Diego Agrimbau escribió un gran policial y para contarlo se armó de una tropa de dibujantes de alto nivel como Patricio Delpeche, Gabriel Ippóliti, Fernando Baldó, Dante Ginevra, Leonardo Pietro y Gato Fernández (varios de ellos, asiduos colaboradores suyos). Pero la propuesta no es simplemente resolver la intriga que titula el libro. Acá el juego es entre realidad y ficción. Rexton es guionista de historietas y para esclarecer su muerte cada uno de sus colaboradores dará su testimonio dibujado, con lo cual los artistas nombrados más arriba se pondrán el disfraz (en algunos casos mejor logrado que otros) de sus dobles de ficción. Algo distinto, a priori, a lo que ocurre en otras antologías donde confluyen muchos dibujantes. Acá el argumento único exige a la parte gráfica diversidad y homogeneidad al mismo tiempo. Si te gustan los cómics sobre cómics, te recomiendo mucho este libro (bien diferente al anterior experimento de Agrimbau, Diagnósticos).

Y ya que estamos con Agrimbau, incluyo en mi lista el segundo volumen de la revista Distopía, publicada por editorial Pictus. Sobre la cual diré que esperé esta segunda entrega con gran ansiedad, puesto que el tema principal, ese concepto que no sólo titula la publicación sino que es el claro hilo que una las cuatro historietas que la componen, es una de mis obsesiones de un tiempo a esta parte. Cuatro series, entonces: Nomobots (por Agrimbau y Juan Manuel Tumburús); Repuestos (por Rodolfo Santullo y Damián Couceiro); Hormiga Eléctrica (por Luciano Saracino y Nicolás Brondo); y Horizonte Rojo (por Guillermo Höhn y Roberto Viacava).
Sobre los pormenores de cada historia no ahondaré ahora. Me propongo escribir al respecto en este blog próximamente. Son cuatro historietas que vale la pena seguir, y que atrapan cada una a su manera. Geniales equipos creativos. Lástima la periodicidad (anual). Y ése es uno de los dos puntos centrales que Distopía nos da para debatir. ¿Es una revista o es una saga de libros? Ya vieron que yo utilicé el primer término al comienzo, unas líneas más arriba. Acaso la duda surge por el hecho de no distribuirse en kioscos y porque Pictus es una editorial de libros (responsable por ejemplo de ese hitazo que es Escuela de Monstruos). Y además operaría como competencia/complemento de una Fierro que viene atravesando su propio laberinto (trimestral) desde que comenzó la Argentina M, en 2015.
El otro punto de debate que ofrece Distopía es precisamente su nombre, como género en el cual se identifica decididamente (“cuatro futuros no deseados”, propone la contratapa del volumen1). Porque el futuro llegó hace rato, lo sabemos todos. Y listo, no digo más por ahora, ya volveremos al respecto. Mientras tanto recomiendo ambas entregas.

Y hablando de Fierro… también merece nota aparte. En lo que va de su “año dos, tercera etapa”, destaco las portadas de Scalerandi y Souto, grandes relecturas de los clásicos de la pintura argentina. Después están esas extrañas portadillas que abren y cierran las series, algunas saliendo a explicar lo que se acaba de leer. Y con cada vez más espacio cedido a cosas que no son exactamente historieta, o a autores de otras ramas o disciplinas queriendo jugar a la historieta porque les (calculo) dará algún tipo de chapa cool (mientras muchísimos dedicados historietistas de oficio no cuentan con ese espacio de laburo, y transitan la (Ma)crisis a fuerza de autogestión). También se echó definitivamente a la sutileza, para dar mayor lugar al panfletito. Y uno se pregunta a qué público se busca llegar. Cómo se sostiene una idea de periodicidad trimestral en un país que cambia a velocidad cada día más vertiginosa. De nuevo, no sé para quién es esa revista. Para quien se pueda dar el lujo de quemar cien o ciento cincuenta pesos en financiar vanguardistas. Una lástima para los que nos sentimos acompañados por Fierro mes a mes durante los diez años y piquito que duró la segunda etapa. Yo ya escribí al respecto en su momento (ver archivo). Siempre ponderé su diversidad como rasgo característico, mientras fue una revista de historietas, claro. Me toca quedarme afuera en esta etapa, parece.


Por el lado de lo internacional fue que leí mucha historieta en serie. Menos cosas auto conclusivas. Disfruté mucho con Erased, el manga de Kei Sanbe publicado en nuestro país por Ivrea. La manera en que se nos presenta a Satoru Fujinuma en el primero de los nueve tomos dista mucho todo lo que el personaje evoluciona con el correr de las páginas. No es un comienzo muy auspicioso y hasta diría que nuestro protagonista no parece el mismo. Al principio es un malhumorado aspirante a mangaka (historietista) de 29 años, que trabaja como repartidor de pizzas. A Satoru le ocurren extraños “revivals”, pequeños flashes cotidianos en los cuales entra en breves bucles del tiempo hasta que logra encontrar esa cosa “fuera de lugar” sobre la cual intervenir y destrabar el bucle. Suelen ser situaciones en las cuales debe ayudar a alguien. Si por él fuera, ni se metería, pero es precisamente esa condición la que no le permite seguir de largo. Hasta que una noche llega a su casa y encuentra a su madre asesinada. Satoru persigue al asesino (quien ha logrado incriminarlo premeditadamente) y por poco logra atraparlo, pero esta vez lo toma por sorpresa un “revival” mayor de lo habitual, uno que lo lleva hasta su temprana niñez en 1988. ¿Por qué tan lejos en el tiempo? ¿Cuánto tiene que ver lo que le hicieron a su madre con la serie de secuestros y asesinatos de niños que azotó a su pueblo en aquélla época? ¿Cómo hará para aprovechar este viaje en el tiempo y evitar tanto los secuestros como el asesinato de su madre? Más allá de toda la intriga, el suspenso y la adrenalina que tiene Erased, estamos ante una gran historia sobre la importancia de involucrarse con los demás, los vínculos familiares y la amistad, y sobre todo acerca de la voluntad humana. Hay además enormes personajes secundarios y secuencias oníricas muy bien puestas.

A la par de estas lecturas, luego de un largo tiempo me reencontré con Batman, a quien no leía hace varios años ya. Pero cuando supe del lanzamiento de las ediciones locales de DC, naturalmente me volqué hacia los títulos del murciélago. La serie que lleva su nombre me aburrió de forma casi instantánea, luego de tres números. Algo similar me pasó con el especial All Star Batman. Siempre me rompió las pelotas ese sistema yanqui de mechar en una misma publicación diferentes números de series paralelas para que después uno se tenga que andar comprando todos los títulos y así armar el rompecabezas. Pero en el caso de Batman Detective Cómics (al menos hasta ahora) no ocurrió. Aquí el guionista James Tynion IV nos narra cómo el encapotado reúne un equipo de vigilantes que lo ayuden a custodiar Ciudad Gótica de una amenaza en ciernes, en la cual está involucrado el Coronel Kane, militar que además es tío de Bruce Wayne y padre de Batwoman. Ella integra el equipo junto a Clayface, Red Robin, Spoiler y la Huérfana. Las primeras entregas me resultaron adrenalina pura, como no sentía desde que era muy pibe y leía al Batman de Grant y Breyfogle, por ejemplo. Lo que me resultó terrible fue comprobar cómo influyó para siempre en los norteamericanos el 11S, algo que está ahí atravesándolo todo. Y esa cosa de que siempre hay una gran trama oculta tras la gran trama y nunca se termina de pelar la cebolla. Por ahora le seguiré dando chance, si es que la economía se lo permite a la filial argentina de ECC. La última entrega llegó con un delay importante, que comenzó con las corridas cambiarias sufridas en 2018 y obligó a la subsidiaria a modificar su plan editorial.

Algo parecido, estimo, debe haber afectado a la gente de Utopía Editorial. Cuando en 2014 comenzaron a publicar en coedición con Deux Studio la edición argentina de la multipremiada serie Saga, de Brian K. Vaughan (guión) y Fiona Staples (dibujo) y publicada en Estados Unidos por Image Cómics, la periodicidad promedio era de dos tomos por año. En 2016 y 2017, fue sólo de un tomo por vez. El año pasado, cuando yo la empecé, no salió ninguno. Vamos a ponerles fichas, y esperar el tomo siete con paciencia y ansiedad al mismo tiempo. Porque Saga es la gloria, y su edición local muy cuidada por cierto. ¿De qué va? Mientras sus dos planetas insisten en una guerra permanente desde hace añares, Alana y Marko se rebelan y deciden amarse a pesar de todo y de todos. Fugitivos por el espacio huyen con la pequeña Hazel, el fruto de su amor prohibido y narradora de esta historia desde algún futuro que parece improbable. Y mientras escapan de asesinos a sueldo se desencuentran, se vuelven a encontrar, matan criaturas fantásticas, asisten a muertes heroicas y también patéticas, etcétera. Saga es un bólido de acción dibujado como la San Puta por Fiona Staples, al tiempo que Vaughan va hilando todo con hermosas reflexiones sobre la pareja, los hijos, las drogas, el trabajo, lo absurdo de la guerra y lo perverso del sistema, pero sobre todo acerca de cómo elegimos seguir el juego o no y sobre el peso de nuestras decisiones. Lo repito, Saga es la gloria.


En fin. Éstas han sido, a grandes rasgos, mis lecturas de 2018. Para el año que comienza tengo pautadas lindas notas. Algo ya adelanté hoy, el resto se irá develando. Por lo pronto, gracias a quienes me leen y tiran buena onda. Yo les deseo lo mejor para 2019 y sobre todo que podamos leer muchas historietas. ¡Salud!

lunes, 22 de octubre de 2018

Los Súper Premios

Acá estoy, volviendo a publicar después de varios meses. A quienes hayan pasado por aquí alguna vez y no me hayan encontrado, les pido disculpas por la demora y les traigo como resarcimiento una larga lista de lecturas recomendadas. Ya estamos metidos de lleno en primavera, que nos tiene acostumbrados a venir con galardones. Primero fue el turno de los premios Banda Dibujada, a la producción anual de historieta infantil y juvenil. Y con pocos días de diferencia, se entregaron también los premios Carlos Trillo, como siempre en el marco de la Crack Bang Boom, la convención con sede en Rosario que ya va por su novena entrega.
¿Cuáles fueron las obras premiadas? Aquí debajo sendas listas, para que tengan en cuenta a la hora de regalar o regalarse una buena historieta…

1. Premios Banda Dibujada 2018:
Libro de historieta infantil de autoría argentina: Norton Gutiérrez. El collar de Emma Tzampak. Juan Sáenz Valiente. Hotel de las Ideas.

Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Relatos originales: Diagnósticos. Diego Agrimbau y Lucas Varela. Hotel de las Ideas e Historieteca Editorial.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Adaptaciones: El hombre Lobo. Alejandro Farías y Juan Bobillo (sobre texto teatral de Eduardo Rovner) .Loco Rabia.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Humor gráfico: -Alegría. Varios autores. La Maroma.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Antologías: El Volcán. Un presente de la historieta latinoamericana. Varios autores. Editorial Municipal de Rosario y Musaraña Editora.
Libro de historieta infantil de autoría extranjera: Lucky Luke. La curación de los Dalton. René Goscinny y Morris. Libros del Zorzal y Editorial Planeta.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría extranjera: Daredevil: Elektra vive de nuevo + Daredevil: amor y guerra. Frank Miller. Ovni Press.
Libro teórico y/o de difusión y/o información sobre historieta y humor gráfico: Roberto “el Negro” Fontanarrosa. Archivos clasificados. Judith Gociol / Archivo de Historieta y Humor Gráfico de la Biblioteca Nacional.  Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Mención especial: Quinterno, Dante. Colección Patoruzú 1: tiras diarias 1935 – 1937. Ediciones Assisi. Edición y restauración digital: Pablo Sapia.
Mención especial: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Bakuman. Editado en Argentina por IVREA
Además, el galardón elegido por el público que asistió a la ceremonia también se lo llevó Patoruzú.

2. Premios Carlos Trillo 2018:
Mejor Obra Público Adulto: Diagnósticos, de Diego Agrimbau y Lucas Varela (Hotel de las Ideas/ Historieteca).
Mejor Obra Público Infantil: Max Hell Vol.2, de Guillermo Höhn y Pablo Tambuscio (Pictus).
Mejor Antología: Liga del Mal, la Cuenta Final (Loco Rabia).
Mejor Rescate de Historieta Clásica: Panteras, de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena (Purple).
Mejor Libro de Humor Gráfico: ¡Corré, Wachín!, de Nahuel Sagárnaga (Noviembre).
Mejor Portada: Tekton (por Lisandro Estherren, Términus)
Mejor Dibujante: Lucas Varela (Diagnósticos).
Mejor Guionista: Rodolfo Santullo (El Escapista).
Mejor Autor Integral: Juan Sáenz Valiente (Norton Gutiérrez y el collar de Emma Tzampak).
Premio a la trayectoria: Martha Barnes.

Desde ya, no sólo se recomiendan las obras ganadoras. Todos los libros nominados merecen atención. Ya veremos cuáles serán los afortunados el año próximo. Este 2018 aún nos está regalando grandes lanzamientos. A pesar de lo cuesta arriba que sigue siendo (y cada día más) llevar adelante una empresa cultural.
Haber dejado este blog inactivo durante tantos meses implicó perdernos de muchísima buena historieta producida a lo largo de este año. Pero les prometo para lo sucesivo (porque Al Rescate Comics está de regreso) informes copados, grandes reportajes y oportunas recomendaciones. ¡Hasta la próxima!


lunes, 2 de abril de 2018

Malvinas en viñetas (breve bibliografía).

Desde hace ya algún tiempo, antes incluso de abrir este blog, vengo abocado a recolectar toda la producción historietística relativa a la Guerra de Malvinas que encuentro. La cual no es poca y sigue incrementándose. Lo que sigue es apenas el esbozo de una tarea que eventualmente me propongo elaborar con mayor rigor y análisis. Por lo pronto, me pareció acertado elaborar esta lista de obras y ofrecerla aquí para que sirva de guía a quienes se interesen en explorar esta línea particular de la historieta argentina. Sin dudas es un recorrido que vale la pena transitar.
Cada una de estas obras hace gala del rasgo distintivo de nuestra historieta, que es la variedad estilística. Tanto desde el enfoque de los textos como la parte gráfica, donde más salta a la vista esa amplitud. La marca generacional también se percibe al instante. 
L@s invito entonces a  explorar estas historietas. Como forma de  descubrir obras acaso desconocidas, pero también como breve ejercicio de memoria. Esa gimnasia cotidiana que los argentinos a veces descuidamos. Y como homenaje a quienes fueron allá a poner el cuerpo. Por suerte hoy algunos vuelven a tener nombre.

1. No pasó mucho tiempo entre el fin del conflicto bélico y la publicación de las primeras historietas al respecto. En septiembre de 1984, en las páginas del primer número de la revista Fierro, comenzaba a serializarse "La batalla de las Malvinas". Con guiones de Ricardo Barreiro, la serie se prolongó hasta marzo de 1985 y fue ilustrada por Alberto Macagno, Marcelo Pérez, Carlos Pedrazzini y Chiche Medrano.  Para leer estas historietas hoy por hoy, hay que salir a rastrear revistas Fierro de aquél período. Hubo también una recopilación, agotada por supuesto. Con lo cual esta obra pasa a integrar la larga lista de reediciones pendientes de la historieta argentina. Fierro, en su segunda etapa, volvió a narrar Malvinas en dos oportunidades. La primera fue en el #66. Citándose a sí misma desde la portada, dicha edición está integrada por historietas breves de diferentes autores actuales, que abordaron el tema desde ópticas diversas. La segunda oportunidad, fue cuando dedicó por completo el #78 a publicar la historieta "Tortas fritas de polenta", de Rodolfo "Fuchi" Bayúgar.


2. En "Tortas fritas de polenta" Bayúgar logra dar forma a una obra propia a partir del impacto que le generó leer "Maus" de Art Spiegelman, aquél duro testimonio sobre la supervivencia al Holocausto. Con esa premisa, inició una serie de conversaciones con el ex combatiente Ariel Martinelli. Entre el relato de uno y los dibujos del otro, el resultado es una obra de gran fuerza. Que no sólo pudo leerse en las páginas de Fierro. Lleva ya dos ediciones. La primera a cargo del sello La Duendes. Una vez agotada , fue vuelta a poner en valor por Hotel de las Ideas.

3. Armando Fernández, guionista de larga trayectoria en editorial Columba, es además asiduo colaborador de la revista "Soldados" del Ejército Argentino, y autor de una prolífica obra acerca de la guerra del ´82, sobre la cual ha escrito numerosos artículos y unos cuántos libros. Los dos volúmenes de "Malvinas, un grito de soberanía" recopilan una gran cantidad de sus relatos bélicos, en los cuales Fernández es acompañado por varios dibujantes, todos ellos desarrollando un estilo más bien clásico.
Aquí el punto fuerte es la precisión en cuanto a fechas de las batallas narradas, así como la documentación con respecto a armamentos y el conocimiento no sólo de las fuerzas propias, sino también de la flota enemiga. Cuestiones todas sobre las que Fernández da muestras de su vasto conocimiento.


4. Y si hablamos de documentación, Néstor Barrón y Walther Taborda se lucen con "Malvinas, el cielo es de los halcones". Obra en tres tomos publicada primero en Francia, en el año 2010. Más allá de la derrota y de tantos otros aspectos nefastos de aquella guerra imposible, son mundialmente reconocidas la audacia y la bravura con la que combatieron los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina. Allí se paran los autores, con gran solidez narrativa. No hace falta decir mucho sobre el talento de Taborda, quien falleció de forma prematura hace poco. Acaso será ésta la obra por la que será más recordado. Las proezas de esos aviones dibujados al detalle se aprecian fabulosamente en el gran tamaño que los tomos tienen. Aunque es cierto que hubiera sido más acertado para la edición local, del año 2015,  un formato menos lujoso.


5. La Universidad Nacional de Villa María, a través de su editorial Eduvim, impulsó dos grandes historietas sobre la guerra de Malvinas. La primera de ellas en colaboración con la Universidad Nacional de Río Negro. Se trata de una antología publicada en 2016 (de edición preciosa) titulada "Malvinas: el sur, el mar, el frío". Las historietas que la componen se complementan virtuosamente entre sí, a pesar de ser bien diferentes. El seleccionado de autores está compuesto por artistas de la talla de Edu Molina, Oscar Capristo, Fernando Calvi, Mariano Antonelli, Chelo Candia, Alejandro Aguado, Rodrigo Luján, Diego Aballay, Sofía Cunha y Kristian Rossi. Luego de leer cada historia, a los tres elementos que titulan el libro se le pueden agregar otros como la infamia, los fantasmas, el humanismo, y tantos más.


6. Y finalmente, entre el heroísmo, la tragedia y todo lo que enumeraba más arriba, hay un elemento que no suele mencionarse. Acaso por correción política, exceso de dramatismo o quizás por prudencia y tacto para con los que lo vivieron en carne propia, para con las familias desgarradas que luego fueron sometidas al silencio que sobrevino a la derrota. Un aspecto incómodo como el absurdo. En "Cómo yo gané la guerra" (el segundo libro sobre el tema a cargo de Eduvim, en 2017) el humorista gráfico cordobés José "Pepe" Agonoa cuenta su propia experiencia como soldado combatiente en las islas. Su narración, acompañada por los dibujos de Javier Solar, señala con una sonrisa lo patético de aquélla guerra. Lo improvisado de aquella aventura militar, la inexperiencia sumada al pésimo equipamiento, el hábito de someter a los propios cadetes por parte de los mandos. Como marca el título (referencia a la película protagonizada por John Lennon), Agonoa muestra que el humor no sólo le fue de ayuda para sobrevivir a la guerra misma, sino también para todo lo que vino después.

Bueno, como dije al comienzo, esta nota no pretendía ser exhaustiva. Simplemente dar cuenta de que todas estas obras están ahí para leerse. Aunque diferentes entre sí, son todas piezas del mismo rompecabezas. Y sin duda el tema da para hacer muchísmas historietas más. Seguramente las habrá y ojalá lleguen a la mayor cantidad de lectores posible. Queda nuevamente demostrada la importancia de la historieta en la construcción y ejercicio de nuestra memoria colectiva. Esta nota es el granito de arena que siempre intento poner desde Al Rescate Cómics. Buena lectura para tod@s.

sábado, 3 de marzo de 2018

Asterix: batalla en Argentina

1. Hace tiempo que venía con ganas de indagar un poco acerca de la oferta de historieta extranjera que se edita en nuestro país, en sus diversas vertientes. Lo que probablemente nos venga primero a la cabeza sea la pata superheroica yanki, impulsada por el viento de cola que viene soplando desde Hollywood y que alcanzó ya cierta estabilidad, recambio generacional de lectores mediante.
El manga, por su parte, hace rato que ha echado raíces tanto en kioscos como en comiquerías. Sus principales promotores han sabido interpretar las exigencias de calidad y diversidad temática de un público más que consolidado. Pero me decidí a arrancar por la corriente franco-belga, representada por las reediciones argentinas de Asterix, la entrañable obra de René Goscinny y Albert Uderzo. Por varios motivos. El enterarme de que dicha reedición fue concebida especialmente para los lectores argentinos, con una traducción íntegramente nueva, fue el principal.
Entonces me comuniqué con Leopoldo Kulesz, editor de Libros del Zorzal, responsable de la colección en conjunto con Editorial Planeta. Y hete aquí que justo al momento de contactarme con Leopoldo para charlar con él y elaborar esta nota, la editorial Salvat ha lanzado una colección paralela (con el aval de Hachette, dueña de los derechos del personaje) como parte de su desembarco en los kioscos con coleccionables de todo tipo, desde los clásicos “juguetes con fascículo” hasta  libros de psicología. Con lo cual, no sólo conversamos de lo que hubo detrás de la puesta en valor de esos álbumes, de su amor por la obra de Goscinny. Inevitablemente hubo que hablar de esta desafortunada situación, que nos sirve para pensar el lugar de nuestra industria en el mundo (no sólo la cultural) y nos interpela como lectores.

2. Los que siguen Al Rescate Cómics desde el comienzo recordarán la charla que tuvimos con la gente del Movimiento Banda Dibujada, así como el reportaje con Javier Rovella que publicamos hace justo un año atrás. En ambos casos se destacaba estas historietas como puerta de ingreso no sólo al cómic, sino a la lectura toda. Pero también, la importancia del formato libro para la historieta, que suele originarse por entregas en medios de comunicación (diarios, revistas, y ahora también soportes digitales) para luego “desaparecer” junto a las noticias viejas.
Yo tuve acceso a leer Asterix por primera vez a mediados de los años noventa, en las páginas de la mítica y fugaz revista escolar AZdiez. Años después, llegaron a mí un par de álbumes sueltos, que algún amigo ya no leía y que me regalaban sabiéndome comiquero. Pero digamos que para aquél que quisiera coleccionar la serie, no era cosa sencilla. Kulesz coincide con esa descripción de época: 
En el caso de Asterix, desde los años 90, la historieta iba apareciendo en los kioscos a través de iniciativas esporádicas de Salvat. La edición, en mi opinión era muy mala, muchos globitos aparecían vacíos, la tipografía Times New Roman con la tinta despareja y los colores saturadísimos. Un horror por donde se mire. Lucky Luke, casi imposible de encontrar, el Pequeño Nicolás llegaba en muy pequeñas cantidades y de Iznogud no me consta que haya sido distribuido alguna vez aquí.    
Fue a mediados de la década siguiente que un editor argentino vio la posibilidad de remediar la situación y decidió emprender el desafío. Y hacerlo bien.
Lancé la editorial en 2000. En 2006 fui a la feria de Frankfurt y pasó por el stand de Argentina una chica pidiendo por Daniel Divinsky (entonces director de Ediciones de la Flor) porque buscaban a un editor argentino de Asterix. Mantuve compostura y le comenté esto a Daniel que me contestó: “No, Leo, ya no quiero quilombos, hacélo vos”. Y así comenzó una negociación de derechos que duró 8 años, ya que recién pudimos comprarlos en diciembre de 2014, en conjunto con editorial Planeta.
Fue así que ambas editoriales publicaron (manteniendo el orden original) los veinticuatro álbumes de Asterix escritos por Goscinny y dibujados por Uderzo, manteniendo la calidad en todos los aspectos. Gráficos y de contenido.
El criterio fue uno solo: ser lo más fieles posible a Goscinny y a Uderzo. Rehicimos la traducción de cero, sin considerar PARA NADA la traducción española. La tipografía es la de Uderzo y rehicimos todos los dibujos de onomatopeyas y carteles. Un trabajo intenso de 12 personas durante casi un año. Nuestro trabajo fue auditado por una consultora independiente y el veredicto final del auditor fue que esta traducción tiene al menos el nivel del original francés.

3. René Goscinny nació en París en 1926, y al cumplir los dos años de edad su familia emigra a Buenos Aires. Aquí pasará su niñez y adolescencia hasta que en 1945, dos años después de fallecer su padre, se traslada a los Estados Unidos. Allí colabora con quienes más tarde fundarían la revista Mad. En sus comienzos, Goscinny también dibujaba además de escribir historietas. Le fascinaba Disney y en la Argentina tuvo un breve paso por la editorial de Dante Quinterno (el mito dice que leer a Patoruzú y compañía le sirvió de referencia a la hora de crear su obra cumbre). Ya nuevamente en Europa, en 1957 comienza a colaborar con Albert Uderzo. Dos años más tarde, en las páginas de la revista Pilote, hace su debut Asterix. El personaje no tarda en ganarse al público, y en 1961 se recopila su primera aventura, “Asterix el galo”. El éxito se prolonga por veinticuatro tomos y es acompañado por merchandising y películas en dibujos animados. Al fallecer Goscinny en 1977 se cierra un ciclo, pero a Asterix y su infaltable compañero Obelix les aguardan más aventuras a partir de 1980, cuando Uderzo decide continuar dándoles vida (o sacándoles jugo, algo que editoriales y herederos continuarán haciendo también una vez fallecido Uderzo).

4. Esa trayectoria, cuyos mayores frutos se dieron en Europa, tuvo su eco de este lado del mundo, en la ciudad que había visto a Goscinny crecer y andar por sus calles. A los siete años, Leopoldo Kulesz recibe un regalo de su padre. Era el séptimo álbum de Asterix, “El combate de los jefes”. Desde ese momento se vuelve incondicional a las historietas de Goscinny. Sólo a esas, las demás no le interesan realmente.
Acá voy a tener que desilusionar a mis amigos de Banda Dibujada (NOTA ARCla edición local de Asterix recibió una mención especial en los premios BD 2016). No conozco de historietas, solo conozco de Goscinny. Y me esforcé en armar un equipo para que el resultado de la edición fuera el mejor posible desde todo punto de vista, desde el texto hasta los aspectos gráficos. Lo hice para compartir algo que quiero y me gusta. No va más allá. No me fascina Goscinny, amo su obra.

Eso se nota también en su edición en 2009 del libro “Del Panteón a Buenos Aires”, una serie de crónicas ilustradas por un seleccionado de dibujantes franco-belgas en el cual pueden apreciarse de primera mano la lucidez para retratar a la sociedad y el afiladísimo sentido del humor que Goscinny poseía, acompañado por riquísima información biográfica y documental de sus años en la Argentina.

ARC: ¿La idea siempre fue seguir con Lucky Luke o fue el paso lógico una vez finalizado el proyecto Asterix?
Cuando salió Asterix, me crucé con un amigo en la calle que me felicitó por la edición. Le contesté que estaba muy feliz pero a la vez con la sensación de vacío de haber cumplido mi sueño de editor y la pregunta inevitable “¿Y ahora qué hago?”. “Lucky Luke”, me contestó como algo obvio. Viajé a Francia, compré los derechos de Lucky Luke y llevamos publicados 6 álbumes.
Resulta inevitable dudar sobre la continuidad del proyecto, a partir del incidente Salvat. Lo que sigue es parte del comunicado que Kulesz hizo circular al conocerse el lanzamiento que llegaba a los kioscos: En nombre de un negocio puntual, Salvat se aprovecha de la  inversión y el esfuerzo de 4 años de Planeta/Zorzal y le da un golpe letal tanto a la nueva traducción como a los proyectos ya avanzados de Iznogud, Lucky Luke y el pequeño Nicolás.
Días tristes para René Goscinny, para las nuevas generaciones de lectores y para los que vemos nuestro trabajo fagocitado por el cortoplacismo berreta.


5. Es difícil competir contra el dumping cuando encima te ponen publicidad en televisión. Es algo que lamentablemente suele convertir a los lectores en meros consumidores. Menor precio a costa de resignar calidad.
De un lado hay una obra tal cual fue concebida por sus autores, cuya edición local implicó el trabajo de varias personas, desde la traducción hasta la imprenta.
Del otro, unos libros engordados burdamente con textos que no dicen nada y dos o tres bocetitos reproducidos. Un orden de publicación arbitrario y caprichoso (arranca por el tomo treinta y uno, del año 2001).
En fin, vale la pena reflexionar, siempre. ¿Soy lector o sólo un consumidor? Poniendo todo en contexto, mundial y nacional, ¿qué historietas podré leer mañana si se me muere la incipiente industria (toda, no sólo la editorial)? ¿Con qué guita voy a comprarme los cómics si se va perdiendo el trabajo, cada día un poco más? Hasta acá mis apreciaciones personales.
El cierre se lo dejo a Kulesz:
Desde 2014 que venimos trabajando en reinstalar Asterix con la nueva traducción y resulta que los mismos que nos vendieron los derechos se los ceden para kioscos a Salvat, que comercializa la vieja traducción, la que todos saben mala. Cuesta entender.






sábado, 25 de noviembre de 2017

Extrañamente normal.

Hace tiempo que este sitio no se actualiza, es cierto. Las razones son varias. Una de ellas es que para el 2018, que ya está próximo, Al Rescate Cómics se renovará en cuanto a sus temáticas habituales y seguramente también en su formato. Ampliaremos.
Mientras tanto, para ir cerrando el 2017 que se va, les traigo un repaso por la obra del amigo Fran Fantino, quien este año no paró de producir. Nos sentamos a charlar con él (ustedes y yo) para que nos cuente un poco cómo encontrarse con la historieta lo ayudó a conocerse a sí mismo y sobrellevar situaciones complicadas.
Basta de preámbulos entonces, bienvenid@s a Al Rescate Cómics

1. Haciendo cosas raras.              

Al comienzo de “Extraño”, el libro que Fran Fantino publicó este año (a través del sello Atmósfera), hay una cita que nos sirve como punto de partida ideal no sólo para apreciar dicha historieta. También es una buena brújula para aproximarnos a su obra, que es bastante frondosa y muestra una evolución lineal sin pausa a pesar de haberse desarrollado en un lapso de tiempo bastante corto (más de cinco publicaciones diferentes en apenas dos años). La cita pertenece al Libro Tibetano de la vida y la muerte y plantea lo siguiente: “En la ausencia de los elementos de apoyo que nos resultan familiares, quedamos cara a cara tan sólo con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño desconcertante con quien hemos vivido siempre, pero al que, en el fondo, nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividades, por aburridas y triviales que sean, y evitemos quedarnos a solas y en silencio con ese desconocido?”
Fantino transformó ese escape en búsqueda desde joven, interesándose por diferentes áreas de estudio, apropiándose de algo de cada una de ellas pero sin que ninguna le satisfaga completamente. Hasta que vislumbró un sendero posible a través del dibujo.
Mientras tanto, otros problemas lo aquejaban. Ataques de ansiedad y depresión combinados con un complicado trance de hostigamiento laboral. Decidido a salir del laberinto, comenzó a plasmar su proceso. Primero a través de dibujos sueltos, algo así como postales oníricas acompañadas cada una por breves líneas de texto. Luego jugando con los elementos del humor gráfico para transformarlo en melancolía y existencialismo gráfico (sin victimizarse ni bajonear al lector). También se animó a publicar todo eso bajo su propio sello independiente (Ediciones La Quinta) y ofrecerlo en cada evento de historieta que pudiera.
Así vieron la luz “Fanzine Extraño”, “Dibujos de un tipo normal” y “Reflexiones dibujadas” (el último compilando las viñetas publicadas en el blog de La Duendes - Historieta Patagónica durante 2016). Así lo cuenta el autor: cuando yo empecé a hacer “Dibujos de un Tipo Normal”, venía de estar en un momento re complicado. A nivel vida, laboral, me había separado… ¡me estaba yendo para el orto! (risas) La estaba pasando mal, venía arrastrando problemas familiares de hace años. ¿Y qué pasa con el humor gráfico, con la página? Vos podés plasmar lo que te pasa en algún lado y de forma más inmediata. Eso, en primer lugar. Por otro lado, los dibujantes somos muy autocríticos. Yo me daba con un caño. Entonces ese formato, de hacer cosas cortas, me servía para avanzar, sacarlas y aguantarme ese perfeccionismo de repetir “esto no me gusta” y lo que hacía, terminarlo. Mal no lo fue: sus historietas tuvieron aceptación entre lectores y colegas.



2. Extraño ser.

En el camino, Fantino fue puliendo su estilo gráfico y los demás asuntos se fueron solucionando. Porque cuando el carro anda, los melones se acomodan. Y como bien marca el I Ching, los momentos y las cosas no son permanentes, cambian a otros estados. Fran lo sintió un poco así y de esa forma surgió “Extraño”, historieta en la que se propuso hacer algo diferente, alejarse de lo autorreferencial creando personajes y situaciones ficticias. Aunque el protagonista se le parece bastante.
Básicamente, yo empecé a dibujar historieta cuando empecé a leer otras cosas. Un autor que me marcó, y siempre lo digo, es Jason. Cuando leí “Un paso en falso” se me activó algo en la cabeza y empecé a leerlo más y más, pensando “yo quiero hacer algo como esto”. Pero saliendo ya de lo autobiográfico, quería hacer otra cosa. Porque sentí que ya estaba, que estaba bien con lo que me había pasado y que dejé de padecer cosas y ya no necesitaba expresarlas de esa manera, medio literales.
Juan, el protagonista de “Extraño”, transita algo similar a lo de su autor, parece que anda buscándose a sí mismo en esa vida que lo tiene a mal traer. Y empieza un proceso que lo lleva a tener que entenderse no sólo con el presente que lo rodea, también con el pasado que arrastra y el futuro que vislumbra.
Ambos tocan la misma temática, que es la aceptación de uno mismo. Es más careta “DTN”. En realidad en “Extraño”, no siendo autobiográfico, termino hablando de cosas que quiero contar sobre mí. No sé si me explico, si se entiende. Es como que en “DTN” yo quería hablar de cosas como la ansiedad, la depresión…
La portada de “DTN” ofrece una pista: un astronauta flota alrededor de una píldora bicolor mientras anuncia “Houston, tenemos un problema”, haciendo referencia a la relación entre los malestares emocionales y los medicamentos.
Claro… Y eso tiene que ver con la depresión y con un montón de cosas que me pasaban a mí. Ahora, yo lo tomo con humor y no termino de contar lo que a mí realmente me pasó. Porque tenía miedo de exponerme demasiado. Yo trabajaba en relación de dependencia, podía ser leído por un compañero de trabajo o alguien y tener alguna repercusión negativa. Y en “Extraño” hablo directamente de esa depresión y ansiedad, del no poder expresar algo. Pero de forma más literal. Igual en “DTN” soy yo cien por ciento, y en “Extraño” no. Bah, no soy yo, aunque aparezca alguna cosa de mi vida personal. Quizás el que me conoce lo conecte un poco más…
¿Y cómo se lleva Fantino, como lector, con el género autobiográfico? Que en Argentina tuvo su momento de auge no hace tanto tiempo. Es medio una obviedad, pero “Maus” de Spiegelman para mí fue importante. Cuando lo leí por primera vez me pareció que estaba buenísimo lo que contaba, pero para mi estaba “mal dibujado”. A ver, que no se mal entienda, mal dibujado para lo que en ese momento para mí era dibujar “bien” es decir, Marvel y DC, que era un prejuicio que tenia de chico, ¿me entendés lo que te digo? Y me re abrió la cabeza. Al muy poco tiempo también me encontré con el libro de Ezequiel García “Llegar a los 30”, y empecé a apreciar eso de que el dibujo no sea anatómicamente correcto, me pareció buenísimo. Esos dos libros me gustaron mucho. Creo que “Un paso en falso” tiene que tener algo de autobiográfico, tengo ese presentimiento. Hay ahí un conocimiento de la realidad que va más allá de la documentación. Me gusta lo que hace Alan Di Maro en “Cabrón”. De lo autobiográfico me gusta en realidad lo reflexivo. Me flasheó mucho Pedro Mancini en un momento. Venia re influenciado y no podía sacarme de la cabeza algunas cosas, pero no quise quedar re copión, jaja.
¿Cerrado el ciclo autorreferencial? (Con “Extraño”) me salió un término medio. Es una ficción que habla sobre cosas que me pasaron. Ahora ya no tengo la necesidad de hacer algo autobiográfico. Creo que si yo hubiese hablado más directamente de algunas cosas en “DTN”, habría estado mejor. Por ejemplo, en eventos se vendió muy bien el libro, lo compran mucho los adolescentes porque se ve que se ven identificados de alguna manera. Debe ser que piensan “si el chabón habla de esto, ¿por qué no hablo yo?” La primera intención fue sentirme mejor yo. Ahora le sacaría una cosa medio sensible… qué sé yo. Hoy hablaría más de la depresión como cuadro.
Para despegarse del protagonista de “Extraño”, Fantino le dio un diseño particular: por cabeza le puso un gran cuadrado negro con un redondísimo ojo blanco en el centro, sin boca y sin dejar claro si habla o no. En línea con sus exploraciones gráficas. La idea era utilizar un montón de recursos surrealistas, de hecho en “DTN” utilizo mucho la modificación de los cuerpos y objetos. Con respecto a esa cabeza negra, a ese silencio, quiero que quien lo lea interprete a su manera lo que le está pasando al personaje. No quería contar tanto el cómo conoció a una mujer. Yo quería contar que a veces uno está muy metido en todas las cosas malas que le suceden y de repente aparece algo instantáneo que vos no esperabas… A veces buscás algo y no lo encontrás, y sin darte cuenta ¡pum!, aparece. Eso me pasó con mi mujer, eso sí es autorreferencial. En un momento estaba muy sólo y re mal, había tenido problemas con las chicas y dije “ya fue, me quedo sólo”, realmente lo sentí, dije basta, me hinché las pelotas. Y al toque llegó María Laura, pero literal, eh. Y quería representar eso, si bien el personaje no es ella, algo que le debe pasar a un montón de gente. El tema era mostrar que el tipo tenía toda esa mierda adentro, que nada que ver, y sin embargo también le pasan cosas buenas. No me parecía tan relevante el proceso de cómo conoce a la chica, sino mostrar que a veces necesitás algo que aparece una vez que estás preparado internamente. Igual nadie entendió el final, eh (risas).
En realidad lo autobiográfico ahí es la parte laboral. Me estaba haciendo mierda el laburo, me estaban tratando mal. Y tenía la necesidad de ponerlo en algún lado. Me estaban acosando, presionando, me querían trasladar a la loma del orto, un laburo psicológico terrible me estaban haciendo. Pero no quería hacerlo literal autobiográfico. ¿Qué hice? Inventé un personaje que no podía hablar. Y yo venía de leer a Jason y a Lucas Varela en “El día más largo del futuro”. Entonces combiné el esquema de cuadritos del primero (que no usa muchos textos tampoco) y lo mudo del segundo, fue cruzar esos recursos.                                                                
El personaje de la jefa de Juan es posta; el lugar de trabajo de Juan era mi lugar de trabajo, así como la depresión y todas esas cosas; y algunas cosas de los flashbacks también. Así como algunos personajes, que son de mi vida personal también. Pero no todo.

3. Mejorando a cada rato.                                                         
El tema laboral, entonces, fue superado. Y a pesar de haberlo utilizado como marco de referencia para su ficción, a Fantino le pareció que daba para más. Y volvió a explorarlo a través de un nuevo fanzine, esta vez completamente autorreferencial, llamado (por supuesto) “Laburo”.
Esa historieta la dibujé luego de quedarme sin trabajo, para un concurso de historieta periodística. Me quedé sin trabajo, precisamente por situaciones de hostigamiento y presión psicológica para que accediera a una modificación de la modalidad de trabajo, lo que derivó en un retiro voluntario. Me di cuenta que me había estudiado la Ley de contrato de trabajo para defenderme y me pareció una buena idea contar lo que me había pasado, quizás le podía servir a alguien.               
“Laburo” no podría ser más que oportuna y actual, publicándose apenas dos meses antes de que comenzara a debatirse en las calles, en los medios y en el parlamento la controvertida reforma laboral que promueve el gobierno nacional. En las páginas de “Laburo”, Fantino no sólo habla de la situación personal que atravesó. Aprovecha para pensar en voz alta cuestiones como los regímenes de licencias especiales, el preaviso de despido o renuncia y las tramoyas y eufemismos habituales a los que recurren las empresas cuando quieren recortar personal. Asuntos que parece ya están siendo negociados por los legisladores y secretarios generales de los sindicatos, adivinen en favor de quién (¿alguien dijo Banelco?).
Hoy leo la reforma laboral que propone este gobierno  y me doy cuenta que hay varias cosas que me hubieran afectado al resultado final en cuanto a los términos de mi relación contractual. Siempre hubo una relación laboral tensa, pero yo me sentía “protegido” por las políticas laborales del anterior gobierno. Cuando asume el macrismo hubo despidos masivos en mi trabajo y se intensificaron algunos malos tratos. Más allá de que no haya ninguna modificación, las empresas ya captaron el mensaje.
Paradójicamente y sin habérselo propuesto ni planteado jamás, Fantino encarna el tan mentado espíritu emprendedor que entusiasma a la actual administración gobernante. Luego del penoso proceso narrado en “Laburo”, no se quedó de brazos cruzados y decidió andar un camino diferente, aunque no menos arduo: el de la independencia. El vehículo para hacerlo no podía ser otro que la historieta. Fantino pisó el acelerador a fondo y con la indemnización resultante de su anterior empleo, abrió su propia comiquería, donde le da un gran impulso a la historieta independiente y que le sirve también de base de operaciones. Cuando no está atendiendo clientes, está dibujando. Su nueva tira, por ejemplo, que se llama “Menos Peor” y se publica todos los viernes en el sitio de web cómics de editorial Loco Rabia.
Es una historieta sobre la salud mental y el amor incondicional. Es la historia de Apolo, un hombre-pájaro que padece varios trastornos psiquiátricos, intentando vivir y tener una relación sana con su mujer y con el mundo. Siempre me interesó este tema, siento que las enfermedades mentales son como el tabú del siglo 21: parece que nadie tiene nada, nadie toma medicación, nadie dice qué le pasa o qué está padeciendo. Nunca hice algo así, tan literal sobre este tema. Siempre tuve cuidado de lo que contaba, tenía miedo de que me relacionen con lo que dibujaba. Me siento más fuerte con respecto a eso. Además, estoy en un momento que me siento feliz en cuanto al estilo que estoy logrando. Y es en su estilo de dibujo, precisamente, donde se ve más claramente esa evolución. Si Fantino y sus personajes aún se parecen un poco y no se terminan de despegar del todo, es porque aún le quedan cosas por decir. Lo genial es ver cómo lo dice con cada viñeta.

Descubrir estas historietas es algo sumamente recomendable. Mientras las repaso para escribir esta nota, me doy cuenta de lo certero que es su autor para ponerles título. Aunque si me apuran, puedo decir que después de haberlas leído, más que menos peor uno se siente mucho mejor… y ya no tan extraño.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Por la vuelta


1. Que es un soplo la vida…

Sepan disculpar el lugar común, la frase remanida: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Hace apenas un año atrás, la sospecha de que no habría Comicópolis 2016 se convertía en amarga certeza. Y los meses que siguieron fueron de gran incertidumbre, hasta que apareció por redes sociales un anuncio oficial: había fecha para el regreso. Y resulta que ahora mismo, luego de tanta expectativa, estoy sentado esbozando un balance de lo que finalmente fue Comicópolis 2017, desde cuyo cierre han transcurrido ya siete días que también pasaron volando. Como el dato sobresaliente de esta edición es sin duda el cambio de sede (del original y gratuito Tecnópolis al restringido predio de La Rural), vuelvo a remontarme al pasado. En ese mismo lugar, hace ya diecinueve años, asistí a mi primera convención de historieta… Repito: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Y sin duda ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces, basta con repasar algunas de las notas escritas en este blog. Pero este retorno a Palermo sin duda nos invita a acompañar la crónica del evento con alguna reflexión…

2. Comicópolis 2017.

Estuvo todo muy lindo, de eso no hay dudas. Todas las muestras fueron interesantes. Destaco en particular la de las máquinas de Quino sobre todo por original, por rescatar una parte de su obra con la que los asistentes más jóvenes (un alto porcentaje del total) no estarán familiarizados, especialmente desde que el prócer dejara de publicar en medios gráficos nacionales hace ya unos años. Y además desde un costado creativo, corporizando las máquinas, sacándolas afuera de la viñeta, y dialogando reflexivamente (y con humor, por supuesto) con la tecnología omnipresente y de bolsillo que hoy es parte de nuestra cotidianeidad.
Sólo cuatro invitados internacionales recibimos esta vez, ninguno latinoamericano. Para los comiqueros superheroicos, Trina Robbins y Simon Bisley. La estadounidense firmó autógrafos, dictó un taller y brindó una concurrida charla sobre su experiencia haciendo historietas de Wonder Woman. El inglés, por su parte, tiene sus propios fans que no le perdieron rastro y se llevaron sus dibujos de Lobo autografiados. Del mismo modo que el francés Jean Yves Ferri, quien hoy por hoy es el encargado de dar vida con sus guiones nada menos que a Ásterix el galo.
El que sin duda jugó de local fue Yoichi Takahashi, el mangaka japonés creador de Capitán Tsubasa (Oliver Atom, para los que vimos el animé en los noventa), quien colmó la sala en cada jornada y generó largas filas para obtener su autógrafo.
¿Qué más? Hay una actividad que se ha constituido como infaltable dentro del evento, y que se fue consolidando como otro momento de gran comunión entre el público y los artistas argentinos. Hablo, por supuesto, del combate de dibujantes. Certamen que en cualquier momento se desprende por sí sólo en el Luna Park, dada la pasión que despierta. Esta vez el ganador absoluto fue Salvador Sanz, quien disputó la final contra Pablo Lobato.
Además estuvo el cosplay, claro. Que a mí personalmente no me copa ni un poco pero es indudablemente otra de las actividades populares entre el público y que siempre pone la nota pintoresca para los medios. Un movilero de TV siempre optará por hacerle una nota a algún grandulón disfrazado o mina semidesnuda antes que a un autor cuya obra haya que tomarse el trabajo de conocer mínimamente. Total “el mundo del cómic” es eso, gente jugando a ser un Stormtrooper.
¿Y las historietas? ¿Y los fanzines? Bien, gracias. En el galpón principal, una gran cantidad de stands de editoriales y comiquerías ofrecieron muchísimo material y bien variado, más allá de las toneladas de merchandising. Yo mismo conseguí un par de libros interesantes y a buen precio que quizás no hubiera encontrado en los lugares donde compro historietas regularmente. Y muchas editoriales aprovecharon para entregar a sus lectores ejemplares pre-vendidos de sus nuevos lanzamientos, los cuales eran presentados aquí a un sector más amplio que el público cautivo que los sigue atento el resto del año. 
Mientras recorría los pasillos llenos de gente que iba y venía, no pude evitar preguntarme por Santiago Maldonado.Y casi instantáneamente sus ojos me miraron desde un afiche pegado en un stand. Entonces pensé también en Oesterheld.
Un rumor que había circulado entre la patria fanzinera era que lo de “Tierra de fanzines” sería literal: al aire libre y sobre tierra. Ante el pronóstico meteorológico adverso (que el domingo se cumplió), fue grande el alivio cuando se dispusieron para ellos unas largas mesas bajo techo cerca del sector de los cosplayers, junto al auditorio de charlas. Con lo cual esta vuelta estuvieron menos aislados del resto del evento y no quedaron a merced de las ráfagas de viento.

3. Ecos y rimas.

En conclusión, salió todo bárbaro. Ahora bien, hay una idea que ronda mi cabeza y que intentaré articular y bajar a tierra lo mejor posible. Bienvenida la ayuda para el análisis en la sección de los comentarios. Es algo que puede parecer baladí, pero que para mí es central e implica bocha de cosas.
El festival cambió de lugar, pero mantuvo el nombre. Obvio que entiendo el por qué, y no vengo a tirar para atrás, porque yo mismo celebro que se haya podido hacer. Pero es algo que no deja (ni va a dejar) de hacer ruido. Cuando empecé esta nota, más arriba, mencioné mi primera convención de historieta, que se llevó a cabo en La Rural hace casi veinte años (yo entonces tenía trece). Hablo de Fantabaires ´98, la tercera de cuatro o cinco ediciones, no recuerdo cuántas exactamente. Tampoco guardo recuerdos nítidos de aquella primera excursión. Sé que yo estaba a full con los cómic books argentos y que me compré una hermosa remera negra con un Joker pintado a mano.
Siempre habrá quien invoque esa idea de que la Argentina es “cíclica”, y que el hecho de que este evento haya recalado en el predio de Palermo no es más que otro ejemplo de la misma. Yo digo que no. Que el hermoso festival al que asistimos el fin de semana pasado ya no es Comicópolis, pero tampoco es Fantabaires. Y que el futuro, como siempre, está en disputa.
Comicópolis está desde el principio fuertemente ligado a su festival hermano, el Viñetas Sueltas, evento impulsado por la asociación civil que lleva el mismo nombre y que desde 2008 se dedica a emprender diversas iniciativas que fomenten la historieta culturalmente. Cuando al Estado se interesa por fomentar la cultura y hacerla inclusiva, abre los espacios y, por consiguiente, los caminos. En el caso de Comicópolis se juntaron las voluntades. El festival de historieta nació en Tecnópolis, era abierto a todo público, y seguramente tenía algún pormenor que mejorar y lo fuera haciendo con cada edición. Pero sin duda permitió un encuentro verdadero entre la comunidad historietera y un público más vasto, diferente. El acento estaba puesto precisamente en una promoción cultural inclusiva, no tanto en el consumo (si bien obviamente también funcionaba como vidriera promotora de un incipiente mercado). En acercar la historieta a todas las personas que fuera posible. Imaginate que sos pibe y un sábado a la tarde vas con tus viejos o tus amigos a pasear al parque y cuando entrás se te llenan los ojos con los originales del Batman de Breyfogle, o los laburos de Spiegelman. Quizás nunca antes viste cómo se hace una historieta y de golpe pasás por una mesa y ves a Alcatena, a Capristo, a Olivetti o Gustavo Sala haciendo magia sobre una hoja en blanco con apenas un fibrón negro. O pudiste escuchar una charla interesante o ser hinchada de un combate de dibujantes. Quizás antes de entrar a Comicópolis no sabías que te encantaban las historietas, y por suerte esa tarde pudiste ver todas esas cosas y descubrirlo, a pesar de no haberte podido comprar ninguna. Pero no tuviste que pagar una entrada para acceder a eso. Esa era el alma de Comicópolis. La misión para los que vivimos esa experiencia, es seguir bancando y disfrutando el festival, más allá de dónde se haga o del nombre que lleve. Sin olvidar ese alma y a los que por esta vez (esperemos) se tuvieron que quedar afuera. ¿Cómo? Leyendo y recomendando, regalando historieta. Difundiendo, agitando. Cuidando que la lógica comercial no desplace la lectura  por la juguetería de Hollywood y Netflix (porque disfrazarse es divertido, pero en el comienzo el cómic era algo que se leía).


4. De aquí en más (¿de aquí a cien años?).

La agenda comiquera continúa ahora con la 8va edición de Crack Bang Boom, la convención de historieta de la ciudad de Rosario, que se llevará a cabo del 12 al 15 del mes próximo, con Frank Miller y Quino encabezando la lista de invitados. Yo no tuve la suerte de asistir a ninguna de sus ediciones y aún no sé si esta vuelta podrá ser. Pero todo indica que nuevamente será una fiesta.
El propósito de esta nota fue pensar un poco el sentido de estos eventos y cómo nos relacionamos con ellos como público. Desde luego, lo importante es que los haya. Queda más que claro el esfuerzo que los organizadores de Comicópolis han hecho después del frustrado 2016 para que estas nuevas jornadas hayan tenido lugar, y sin duda tenemos suerte de que ese grupo de personas pusieran todo de sí para que saliera tan bien. Pero los festivales y las comic-con no son todos iguales. ¿Cómo reaccionamos o nos adaptamos a las lógicas que cada uno tiene? ¿Qué discursos o ideas sobre la historieta se dibujan (valga el término) si el evento tiene un sesgo más cultural o más comercial? ¿Pasamos a ser la mercancía a veces sin darnos cuenta? Y lo más importante, ¿por qué permitimos que un día simplemente nos quiten nuestro derecho a la cultura? ¿Habrá que esperar la cancelación de la deuda externa de aquí a cien años para que un Estado nacional vuelva a interesarse en la historieta y la difunda de manera inclusiva?

domingo, 13 de agosto de 2017

El petiso barbudo.

1. Dos vacíos contribuye a llenar la publicación de Urgh y la corona de huesos, libro escrito y dibujado por Telémaco (quien habrá figurado hoy en el padrón electoral como Allocco Andrés Nicolás). Por un lado, como segundo título de Loquillos, la flamante colección de historietas infantiles y juveniles de la editorial Loco Rabia. La antología Fábulas en viñetas, integrada por un extenso seleccionado de autores, fue la que la inauguró. Al sello comandado por Alejandro Farías y Marcos Vergara le venía faltando una línea dedicada a este segmento de lectores y evidentemente han tomado el toro por las astas. Por otro lado, este cómic de Telémaco opera como experimento de un formato casi inexplorado hasta ahora en la historieta argentina: el de la saga de novelas gráficas por entregas. Es decir que Urgh y la corona de huesos, con sus más de 250 páginas es apenas el comienzo de una historia de largo aliento que se irá desplegando en varios tomos. Desde las solapas interiores de este primer libro ya se anuncia que el segundo está en proceso, dato deslizado seguramente para calmar la ansiedad de los jóvenes lectores al llegar a la última página, que te deja con ganas de más, pero sabiendo que conviene parar y mirar un poco hacia atrás antes de seguir avanzando. Porque si bien el arco argumental de este tomo cierra perfectamente (llevado hasta ese punto a buen ritmo y con gran fluidez narrativa), no necesita el típico  cartel de “continuará” coronando la última viñeta. El lector atento habrá ido tomando nota de cada pregunta sin contestar, de todos los senderos laterales por recorrer que el autor distribuyó a lo largo del camino, prácticamente desde las primeras páginas, y que seguro traerán cola. Algunos más sutilmente y otros de forma bien manifiesta, dejando en claro que estamos frente a una historia compleja y frondosa, que está pensada y planeada, y que invita inmediatamente a la relectura, a revisitar ciertas secuencias y apreciar los detalles. Pero... ¿de qué se trata el libro?


2. Urgh es un enano barbudo capaz de pelear contra varios oponentes a la vez sin más armas que sus propias manos, y que no habla a menos que sea absolutamente necesario, a diferencia de su hermano Dragón, que tiene dos cabezas y por ende dos bocas que no paran de pelear entre sí. Juntos habitan una vieja torre en las afueras de la aldea del bosque. Dicha torre les sirve de base de operaciones, el lugar en el que descansan de cada uno de sus viajes por diferentes geografías y tiempos. Sí, viajan en el tiempo a voluntad, por arte de magia. Lo cual no impide que el tiempo los corra a ellos: deben encontrar una serie de objetos mágicos dispersos antes de que sea demasiado tarde. La corona de huesos, claro está, es uno de ellos, el que habrán de hallar en esta aventura. Pero no sin sobresaltos.  En el proceso tropezarán con el malicioso Ulfrus y con los temibles leones devoradores de hombres. Por suerte también cruzarán su camino con personajes que los ayudarán y se sumarán a su búsqueda.
Puede que la trama suene simple, que por momentos parezca bastante lineal, sin embargo está llena de incógnitas por resolver, la cosa se les va complicando y a su vez cada personaje encierra una historia mucho más profunda tras de sí, que promete ir develándose y dar lugar a más aventuras. De todos ellos, el menos desarrollado hasta el momento es, paradójicamente, el propio Urgh. La portada misma del libro no parece darle gran protagonismo. Su tendencia al ostracismo no hace más que opacarlo, sobre todo junto a Dragón, que no deja de discutir consigo mismo. Probablemente Urgh se destape y nos sorprenda en el futuro. Habrá que seguirle el paso.


3. Con un estilo gráfico súper animado y una trama llena de aventura, humor e intrigas, Urgh y la corona de huesos no esconde influencias y referencias. Sin dejar de ser una historia originalísima, al leerlo es posible asociarlo con obras como Bone, Gravity Falls, El Rey León o Volver al Futuro. En cuanto saga, el único y reciente antecedente que se me ocurre es Amuleto, la historieta de Kazu Kibuishi que desde el año pasado publica en nuestro país la Editorial Común, y que lleva editados tres tomos hasta el momento. Sin duda es auspicioso que este tipo de historietas comiencen a ser más comunes en nuestro país, que en los últimos años, con Harry Potter a la cabeza, vio desarrollarse fuertemente el mercado de sagas de novelas juveniles, independientemente de su correlato en las carteleras de cine. Hay muchas buenas historias por ser contadas y lectores ávidos de descubrirlas. Sin duda Telémaco tiene una gran historia entre manos.

Con el Día del Niño a la vista, Al Rescate Cómics te tira esta recomendación para quedar bien con cualquier pibe o piba de 8 años en adelante. Y por supuesto esperamos el próximo libro: yo también quiero saber si Urgh encontrará el próximo objeto mágico…