jueves, 19 de diciembre de 2019

Volver para ser mejor.

Portada de Juan Manuel Frigeri
1. Durante este 2019 que va llegando a su final, se publicó Volver, el primer libro con material nuevo del Caballero Rojo en doce años, a través del sello Capitán Ediciones, integrándose a la camada actual de superhéroes argentinos que encabeza Capitán Barato, entre otros. Y la confusión que surge con ese título en infinitivo (¿quién vuelve?; ¿empieza de nuevo o sigue?; ¿se puede leer sólo este libro y entender lo anterior?) hace imposible reseñarlo y hacerle justicia al mismo tiempo. La trampa radica sencillamente en la intermitencia editorial de la serie, que tuvo varias etapas. Aunque Toni Torres (guión), Mariano Navarro (dibujo) y Hernán Cabrera (color y  letras) nunca dejaron de contarnos su historia. Por eso, más que de una vuelta se trata de una persistencia. Proyectándose en el tiempo y uniendo generaciones, el Caballero Rojo es un eslabón clave en la extensa cadena de la historieta argentina. Hacer una mera reseña de Volver, como decía, carece de sentido. Recomendarlo, es una obviedad. Mejor irse directamente al Club del Cómic de la calle Montevideo, donde Toni atiende, para hablar sobre lo que pasó y pasará con sus personajes en el próximo tomo, que ya está en camino.
Antes, un poco de contexto.

2. Para quienes no lo conocían, el Caballero Rojo es un cómic clave de fines de los años noventa. Toma su nombre del mítico luchador de Titanes en el Ring, programa de catch icónico de la televisión argentina, y personaje a partir del cual Toni imagina la frondosa historia de un linaje de justicieros que comienza en la época de las cruzadas, hasta llegar a la Buenos Aires de fines del siglo XX. Es Rafael Reynoso, hijo de Humberto el luchador, quien lleva en nuestro tiempo la máscara carmesí.
La historieta debuta en las páginas de Comiqueando en noviembre de 1996 y pasa rápidamente a obtener su propia revista, que se extendería en esa editorial durante quince entregas, hasta el verano de 2000. En mayo del mismo año, los autores y su personaje emigran a otra editorial con un nuevo número uno pero retomando la historia allí donde la habían dejado, con Rafael cediéndole la máscara a Román, su suplente. Pero la nueva etapa se corta luego de apenas tres entregas, en el mes de noviembre. El estallido de 2001 y el fin de la convertibilidad dilataron los tiempos y para poder seguir leyendo la saga, hubo que esperar hasta 2007, cuando la efímera pero recordada editorial Domus recopiló parte del material viejo en dos volúmenes (faltó un tercero, que hasta fue anunciado pero no llegó a editarse) y a su vez publicó el tomo Orígenes, con material íntegramente nuevo a cargo del equipo creativo habitual, más historietistas invitados. Paralelamente, Toni abría también en Domus su Secundaria de Superhéroes, junto al dibujante Javier Solar. Y con esa historieta echaba a andar definitivamente su concepción de un multiverso superheroico argento, plantando las semillas que nos traen a 2019.
Ahora bien, la cuestión es si se puede leer por primera vez esta historieta desde aquí sin haber leído nada de lo publicado previamente. La respuesta es sí: en apenas tres páginas de texto tomadas del diario de Rafa, los autores nos ponen al corriente del argumento con facilidad.
Y también, sí: vale la pena salir a buscar las viejas revistas del Caballero una vez terminada la lectura de Volver. Porque a pesar de que vivimos en tiempos donde el spoiler no se perdona, y aquí la gran intriga que sostuvo la saga en aquél momento se nos presenta revelada fatalmente de antemano, es genial ir leyendo cómo la trama va avanzando al mismo tiempo que se indaga en el pasado de los personajes, y el desarrollo de todos ellos. El otro gran atractivo son los dibujazos de Mariano Navarro, sus composiciones y sus yeites, el humor (y el amor) a los detalles plantados en cada cuadrito. Contaron, además, con una larga lista de dibujantes invitados: Solano López, Risso, Alcatena, Lalia, Taborda, Capristo, Calvi, Jok… y siguen las firmas. Para quienes nos iniciábamos en la lectura de historieta nacional en aquél momento, fue sin duda un gran catálogo de talentos consagrados y promesas hoy cumplidas. A propósito de cadenas y linajes, esa lista de nombres hoy se prolonga a su vez con los aportes de Leonardo Laino y Kundo Krunch, y cabe también mencionar el concurso de dibujo organizado para acompañar el lanzamiento de Volver. El certamen fue una demostración de federalismo explícito, recibiendo trabajos de todo el país, así como en su momento los lectores enviábamos nuestras cartas desde todas partes. Los ganadores fueron Fernando Morales (de Córdoba) y Álvaro Papagiani (de Santa Fe).
En fin, si contándote todo eso no logré entusiasmarte lo suficiente, a continuación Toni Torres nos anticipa qué es lo que se viene para los lectores de Caballeros.

3. ARC: Luego de la buena recepción que tuvo este primer libro, y de todo lo que se pone en marcha para los personajes en el mismo, ¿qué es lo que se viene?

Toni: Sí, por suerte nos está yendo bien. En el próximo libro aparece un villano nuevo. Aparecen muchos personajes nuevos porque ahora que el Caballero volvió, retoma también su identidad civil y consigue trabajo en una escuela como profesor de arte y empezamos a contar cómo se relaciona con los chicos de esa escuela y los profesores, y vamos a ir creando un casting nuevo. Por ejemplo Antifaz Escarlata, que hasta ahora apareció poco, pasa a ser parte del casting. Su circunstancia se irá contando, así como la de sus amigos de Secundaria de Superhéroes.
A su vez el Caballero intenta recuperar cinco años al volver, pero ahora ya tiene veintiocho, casi treinta. ¿Cómo será su relación de aquí en más con su abuelo? O con su hermana, que además ahora resulta que es heredera en el presente de un personaje poderosísimo como Ormuz el Mago. Siempre me gustó el tema de la magia entre los superhéroes, así que aquí lo ponemos a través de una adolescente, ¡una mujer empoderada!
Porque uno no es ajeno a la actualidad. Y entonces qué mejor que incluirlo desde una adolescente, que toma el cambio social que se ha generado con el tema de la mujer de forma más natural, de mejor manera  acaso que una mujer más grande, que se tuvo que bancar todos los chabones en la vida. Lo toman con otra cabeza los jóvenes, desde otra vivencia. Espero poder encontrar esa voz, que es difícil para mí porque soy un chabón grande. Son retos. Escribir personajes adolescentes cuando vos ya les triplicás la edad... Por suerte están mis sobrinos y chicos amigos ayudándome. Escucho mucho a mi hija que aún no es adolescente, pero uno está atento a cómo toman como normal cosas que para nosotros representaron un cambio de paradigma, y ella tiene el de ahora, que hay que defenderlo, además.

ARC: En ese sentido algo similar le ocurre al Caballero Rojo en relación con la camada más joven de personajes superheroicos de autores y editoriales argentinas. Acaso recién ahora su saga encuentre un lugar de referencia.

Toni: Claro, un montón de personajes: Manta, Sereno, Capitán Barato y los personajes del Proyecto Tifón. Hay un montón de superhéroes nuevos dando vuelta, y no sólo de acá de Capital. Mañana me llega lo nuevo del Hombre Cangrejo y la Mujer Delfín, desde Bahía Blanca. Están Lobizón, Tótem en Internet, cada vez más. Hay de todo.

ARC: Evidentemente hay un público que busca ese concepto de universos múltiples que se cruzan y que remite a las sagas cósmicas de DC y Marvel, los crossovers y demás yerbas…

Toni: Yo siempre fui partidario de los crossovers. Para mí la Argentina es un sólo universo, a diferencia de Marvel y DC. En mi cabeza lo entiendo así, y dentro del permiso que me den alguna vez los creadores de los distintos personajes, yo los considero parte de un mismo universo. En su momento hice el crossover de varios héroes argentinos, que editó Universo Retro, y que incluía  a Animal Urbano, Camulus, Carlitos, Bruno Helmet…

ARC: ¿Tuviste siempre buena predisposición por parte de los demás autores?

Toni: Sí, obvio. En algún momento veremos de hacer un cruce con todos…

ARC: El mítico Crisis en tierras argentinas…

Toni: Bueno, eso es un sueño. Hubo un guión planteado. Lo que pasa es que cada vez hay más personajes, más superhéroes argentinos. Pero viste que acá publicar y editar es difícil. Por ejemplo, en el libro que se viene de Caballeros comienza una nueva aventura, un villano nuevo, mostramos cómo evoluciona la relación del Caballero con su amigo Andrés, el Corredor X. Algo que también viene del principio y que va cambiando, ya no son amigos por ejemplo. Pero la idea es que también sucederá en el mismo tomo un backup del Caballero de los setenta, donde se cruza con Sónoman (para lo cual pedí permiso a la familia de Oswal para poder incluirlo). Ya en un número de la vieja época se habían cruzado ambos personajes (ARC: episodio dibujado por Walther Taborda). Porque ya desde entonces tenía pensado contar lo que sucede en este backup. La idea es dar una coherencia de totalidad. Y a su vez en este tomo se va a ir avanzando con nuevos hilos argumentales, pero que no te dejan colgado, como cuando hacíamos la revista. Porque nos dolió mucho estar tantos años sin poder cerrar los hilos argumentales. O sea, como guionista voy plantando semillas, cosa que al estar leyendo el tercer libro te sorprendas y digas “ah, pero esto viene del primer tomo, ese personaje que estaba en un cuadrito del fondo…”

ARC: Durante la primera época, uno de los ganchos principales era la intriga por la identidad del Caballero. Los lectores íbamos descifrando cuál de los tres amigos era: si Rafa, Mariano o Andrés. Eso ahora lo tenemos develado de antemano, pero por lo que veo hay nuevas incógnitas.

Toni: Hay cosas que no se las vieron venir en su momento, que van a ir cambiando, vamos dando los pasos hacia esas cosas, como esto de Sónoman que hablábamos, ya está pensado hace mil años.

ARC: Se fueron dilatando los tiempos con las intermitencias editoriales.

Toni: Sí, ja ja. “Pasaron cosas.”

ARC: Entre ellas, el definitivo cambio de nombre de la historieta: de Caballero Rojo a Caballeros, dándole mayor protagonismo al linaje de justicieros. Algo que venía de la época de Domus.

Portada de Ariel Olivetti
Toni: Sí. Por ejemplo lo de Román, que anda por Latinoamérica, formando diferentes Caballeros Rojos en la región, eligiéndolos y entrenándolos. Eso siempre lo tuvimos en claro, que queríamos darle chapa cuando dejara de ser Caballero Rojo oficial. Digo queríamos porque si bien yo guiono, lo charlamos siempre todo con Navarrito y con Hernán. Nuestro ideal era sacar revistas mensuales y después una segunda revista llamada Leyendas del Caballero Rojo, donde se contarían historias del pasado con autores invitados, como la de Román que se incluye en Volver.
Ahora estamos pudiendo salir en un formato libro autoconclusivo, de setenta y pico de páginas. Una historia principal, y una cortita atrás para mostrar algo más sobre el pasado o un futuro cercano, o algo de otro personaje. Una historia de la hermana del Caballero como maga,  quizás. En lo posible con artistas invitados. A Luciano Vecchio ya lo tenemos guardado para un capítulo, ya nos dijo que sí. Él cuando era chico mandaba dibujos a la revista que fueron publicados. Germán Erramouspe tiene ganas de dibujar un episodio, también. Darío Bravo, Germán Peralta. Muchos, por suerte. La verdad que está bueno darse cuenta de que apareció una generación nueva de dibujantes. 

ARC: ¿Y en los eventos este año cómo es la interacción con esos jóvenes?

Toni: Con Volver  nos recibieron muy bien. Ahí hay que levantarle la mano a Daniel Muller, el editor. Que la verdad se movió como una máquina para llevar adelante el libro, entrar en los eventos. Tiene una pila, una garra, los contactos, nos ayudó mucho a levantar el perfil del personaje. Es la cuarta pata de la silla, un editor que le pone huevo. Nosotros sólo hacemos la historieta.

ARC: Que el artista pueda dedicarse a hacer obra. Algo clave para un proyecto tan ambicioso como Caballeros en tiempos de autoedición y preventas como norma, casi.

Toni: Es que el autor no es editor. Yo no podría ir a todas las convenciones como hace Dani, que además tenía aceitada toda la máquina que implica sacar hoy un libro, y hacerlo en color, algo que antes no podíamos. Lo ideal siempre es poder trabajar para una editorial y estar tranquilo, cobrando mientras craneás y le dedicás a la obra el tiempo que se merece. Pero bueno, ya se viene un segundo libro que está en marcha, sería el año que viene. Posiblemente Mariano Navarro dibuje únicamente el episodio principal, y con otro dibujante haremos el back-up con Sónoman.

ARC: ¿Y para quienes quieran ponerse al corriente y leer lo anterior?

Toni: Acá en el Club del Cómic siempre se consiguen casi todos los números. De todas formas, Volver te explica todo el pasado. No hay nada que necesites saber que no esté en Volver. Aunque quizás parezca que se pierde algo sin leer lo anterior, está planteado para que no ocurra y se pueda comenzar desde aquí. Para que nadie se quede afuera.





sábado, 27 de abril de 2019

Cómics en la mochila.

Para dar comienzo a la temporada 2019 de Al Rescate, me pareció piola echar un ojo sobre la relación actual entre historieta y textos escolares (informe que quise presentarles durante el pasado mes de marzo, pero me resultó imposible). Desde siempre, los libros del cole fueron espacio de trabajo para dibujantes, generalmente aportando ilustraciones que acompañaran algún párrafo. El cómic, por su parte, suele aparecer en los libros de prácticas del lenguaje, pero como objeto de estudio. También se utiliza mucho humor gráfico en textos de materias como ciudadanía o economía política, por su gran poder de síntesis. Pero no es para nada frecuente estudiar biología mediante una novela gráfica. Sin embargo hay quienes han entendido que las historietas son un óptimo recurso pedagógico y que, al mismo tiempo, gozan de la ventaja de ser un lenguaje aceptado por los jóvenes.
Florencia Acher Lanzillotta se desempeña como directora editorial de textos escolares para Edelvives Argentina. Se ha servido deliberadamente del cómic a la hora de innovar y conectar mejor con sus lectores, en tiempos de voto joven y de déficit de comprensión lectora.
Con ella hablamos de todo eso y de la colección Fuera de Serie (que introduce a la historieta declaradamente) y de la flamante Convergente, en la que desfilan los trazos de dibujantes notables de nuestro cómic actual, como Salvador Sanz, Ian Debiase y Fernando Baldó entre otros. Aquí, la charla.

Detrás de esta tapa, hay un cómic de Ginevra.
1. La clave es pensar como si fuéramos niños o adolescentes hoy: ¿qué libro querríamos? O si fuéramos docentes hoy, ¿qué libro querríamos para los chicos?  Es necesario partir de entender a quién le estás “hablando” y cuáles son sus consumos por fuera de la escuela. Ese otro contexto es el que hace posible poder pensar en qué disfrutan los chicos y cómo traccionarlo en la escuela.
El primer experimento fueron dos novelas gráficas publicadas entre las páginas de la colección Fuera de Serie. Partieron de una primera sinopsis creada por un equipo de especialistas en didáctica de ciencias naturales. Luego, cobraron vida sus guiones y sus páginas con historietistas con trayectoria en novelas gráficas para adolescentes. “Nada del otro mundo” estuvo a cargo  de Gerardo Baró (Fuera de Serie. Ciencias Naturales) y “Alguien metió la pata”, de Pablo Tambuscio (Fuera de Serie. Biología I). Un año después, se creó “Sentidos alterados”, que estuvo a cargo de Dante Ginevra (Fuera de Serie. Biología II). Las tres se organizan en episodios de una página que se presentan al comienzo del capítulo de cada libro. Introducen una serie de intrigas que invitan a los lectores a crear hipótesis iniciales y establecer propósitos de lectura para abordar el capítulo. Al finalizar el capítulo, se revisan las hipótesis, se ajustan y se ingresa al siguiente episodio. Responde a un enfoque de enseñanza por problemas. La colección Fuera de Serie tuvo buena recepción.
Años más tarde, la directora editorial y su equipo se propusieron avanzar más allá: empezar a incorporar la educación por proyectos. En las entrevistas con docentes se imponía la necesidad de contar con una solución para los espacios de integración entre todas las áreas en educación secundaria, en respuesta a las últimas reformas de los diseños curriculares.
Portadísima a cargo de Caveman.
Esa respuesta fue Convergente y sus Protocolos de Integración. Los libros de las diferentes materias dialogan y se referencian entre sí, pero a su vez están conectados al juego de rol que proponen los protocolos. Estos son cuadernillos independientes (se compran por separado) que funcionan como bitácora de gobierno. Los chicos son puestos en el lugar de organizadores de la sociedad en una ficción distópica que se les plantea. Cada decisión a tomar puede pensarse en base a lo estudiado en los libros. Pero no sólo los de la propia editorial, porque se responde al mismo programa del que se sirve cada sello para elaborar sus propias publicaciones. ¿Cómo elaborás un material integrador para aulas en las que conviven libros de diferentes editoriales o donde no se usan libros? Lo que hicimos fue crear una integración que no exigiera de forma obligatoria utilizar todos los libros de área de la serie Convergente.  Tratamos de potenciar los cruces entre los libros de área de la serie Convergente entre ellos y con los Protocolos de integración, pero no es un sistema cerrado”. Lo que hicimos fue evidenciar esas relaciones entre los temas. Los chicos están acostumbrados a linkear, a la inteligencia colectiva y colaborativa.
A la hora de enseñar ciencias sociales e historia, por ejemplo, hay una intención manifiesta de  dejar atrás la mera enumeración de fechas y batallas de memoria. La historia está atravesada por la acción, la violencia, la épica. Si tanto alumnos como los docentes consumen series, películas, novelas gráficas y literatura con contenido histórico, ¿por qué no usar esos mismos códigos en un libro de texto? Como editorial somos reconocidos por nuestra propuesta en literatura  y estética. Entonces dijimos "hagámonos cargo" e hicimos libros de autor y con sentido estético, pero integrados a un contenido. Contratamos a estos artistas que no vienen del palo de la educación y se hizo cada uno de los libros. Buscamos que la ilustración sirva de gancho y disparador. Pero que narre. Algo que se nota ya desde las portadas, ahí se aprecia a primera vista el salto evolutivo entre una colección y la otra.
Boceto y final de Debiase para Historia de 3er año.
Así comenzaron la búsqueda de artistas que se hubieran especializado en representar escenas de acción y épica. Salvador Sanz, Sebastián Cabrol y Ian Debiase fueron los elegidos para los libros de Ciencias Sociales e Historia. No se detuvieron ahí. En los tres libros del área de Lengua y Literatura hicieron una fuerte apuesta por visibilizar la autoría de las obras plásticas que acompañan a las lecturas literarias y poder alfabetizar artísticamente y en otros géneros a los chicos. Convocaron autores reconocidos del ámbito de la historieta por su facilidad para expresar y comunicar. Algunos de ellos fueron Gabriel Ippoliti, Dante Ginevra, Fernando Baldó, Quique Alcatena, Rodolfo Fucile, Diego Parés, Mario Scalerandi, Gastón Souto, El Sike y Daniela Arias.
2. Pero desde ya que no se trata simplemente de tener espíritu innovador, buenas ideas y energía para llevarlas adelante (y este es el caso, por supuesto). El sector editorial ha sido (la cultura toda, bah) una de las industrias que más ha sufrido los embates del ajuste. Como se ha dicho en la apertura de la feria internacional del libro de Buenos Aires, que se está desarrollando actualmente, la caída no se detiene.
Los desafíos que tenemos son muchos: uno es el contexto socioeconómico y educativo, el otro el contexto político. No es lo mismo publicar hoy que hace siete años atrás, cuando quizás las compras del Ministerio de Educación permitían otros desarrollos y otras apuestas.
Esas ventas al Estado no sólo disminuyeron, sino que se cortaron. Pero los escollos no son sólo económicos (aunque ese tipo de cuestiones suele estar relacionado). También hay resistencias en lo que respecta a la elaboración e inclusión de contenidos.
El cambio de rumbo en las compras del Estado hizo que se desatendieron ciertas cuestiones curriculares, de directivas que daba el Ministerio, por atender un poco más la lógica del mercado privado. Si bien las escuelas privadas tienen que respetar el diseño curricular, y lo hacen a su forma, tienen más libertades en sus programas. En cambio las escuelas públicas tienen una fuerte presencia de los inspectores, entonces hay un montón de decisiones editoriales en cuanto a los contenidos que, si querés vender para el Estado, tenés que acatar. Y si es para el privado podés tener ciertas transgresiones, y de hecho tenés que tenerlas, porque si no tal cual como es el libro, no lo vendés. Lo mismo sucede a la inversa. La exigencia de abordar determinados temas y determinadas estrategias didácticas por parte del Estado permitía avanzar en cambios en los productos editoriales habituales.
El tema de la Educación Sexual Integral, me imagino.
Sí, que es complicado en los dos casos. De hecho era más plausible tener contenidos de ESI con el apoyo del Ministerio que ahora. Hasta inclusive, en el espíritu de época de los últimos años, te objetan que se incluyan contenidos de ESI. Prefieren que no estén, y te lo dicen. Antes, cuando vos hacías una entrevista o un focus group, había siempre una excusa de maquillaje y cuando ahondabas te dabas cuenta que lo que incomodaba eran los contenidos explícitamente relacionados con la  ESI. Ahora, sin reparos, te lo dicen. Entonces uno como editor sabe que hay establecidas ciertas reglas de juego. (Y es importante que se entienda que la ESI no es el fantasma de la educación de prácticas sexuales genitales). Tenemos en claro que pensamos en el usuario, en los chicos. Entonces, ¿cómo sorteás los prejuicios de los adultos para poder darles herramientas a los chicos para que puedan acceder a lo que necesitan o crean que necesitan sin ser intrusivos? El libro no da la clase, es un instrumento que termina administrando el docente. Entonces hay un montón de cuestiones con las cuales buscamos captar la atención de los chicos más allá de que el docente lo aproveche o no. Y ahí es donde empezamos con la historieta en la colección Fuera de Serie.

Distopía interactiva a cargo de Nakamura.
3. Convergente viene a reemplazar a Fuera de Serie, que ya cumplió un ciclo de vida de cuatro años. Cada capítulo de los Protocolos de integración abre con una ilustración a página completa dibujada por Agustín Graham Nakamura, otro dibujante que ya tiene fieles seguidores de sus novelas gráficas (Zero Point; Terra Australis). Este cronista hizo el lúdico recorrido a través de los tres tomos integradores y concluye, luego del entusiasmo que le generó la propuesta, que cuando uno era pibe los libros de la escuela no estaban tan buenos.
Este año se agregó la presión de tener que integrar todas las áreas. Era tener que hacer una segunda integración por fuera del libro.  El mayor orgullo fue la conformación del equipo: Guillermo Crespi, un guionista de narrativa interactiva y videojuegos, dos escritores para que escriban la historia que da marco al juego (Fito Santullo y Leandro Ávalos Blacha),  Nakamura para que la ilustre, Roberto Zurutuza, como asesor en antropología, y Cecilia Espósito para que orqueste la edición de los textos. Detrás hay todo un desarrollo.
Y además, se puede "trampear" y leer por arriba pudiendo entender todo incluso sin ahondar en cada tema.
Claro, si los chicos quieren leerlo por su cuenta y adelantarse, genial. Lo pueden hacer sin arruinar nada. Además hay una intención en cada episodio de poner la ciencia en la vida cotidiana. Todo tiene que ver con sumarle una experiencia extra a la educación. Para que estudiar Historia no sea sólo memorizar una sucesión de coronaciones, sino entender qué se jugó en la Revolución Francesa.
Las historias del protocolo se ambientan en distopías. Que incluso pueden salir mal. Tiene algunos finales trágicos. Hay decisiones, por ejemplo, de sacar exploradores del refugio y que la consecuencia inmediata es que se mueran. No está edulcorado. El acento está en las decisiones de corto, mediano y largo plazo. Decidir si mandás a esos exploradores a buscar agua y recursos, y que esté contenta la opinión pública. Pero que dos episodios más tarde, resulte en que esos exploradores trajeron un virus. O sea, resolviste un problema inmediato pero trajo una consecuencia. ¿Y ahora? De hecho trabajamos con un antropólogo para elaborar diferentes modelos de sociedad en la cual desemboca. Hay una tabla con los diferentes tipos de sociedad a los que se llega según las decisiones que se tomen.
Todo eso hay detrás de los libros que viajan en las mochilas de pibas y pibes, esas mismas mochilas que hoy se ven adornadas con pañuelos de diferentes colores, por ejemplo. Y aunque no todo ese trabajo tras los libros se vea y aprecie, hay líneas plantadas especialmente para los estudiantes  que se interesen en tirar del hilito y saber un poco más, una huella por donde seguir indagando.
Por eso pensamos algo que sea atractivo para los chicos y que genere esa "satisfacción inmediata". Es un poco esa la apuesta. Con el aspecto implícito de que los chicos tengan la posibilidad de conocer artistas a los cuales poder seguir. Que si les copan las ilustraciones de Sanz con las que estudiaron historia, después se vayan a leer El Esqueleto, ponele. Lo mismo con Tambuscio, Baró o Ginevra.
Fomento a la lectura que resulta clave en momentos en los que se precarizan o malogran los espacios de difusión de la historieta, con los lamentables casos de Billiken y Fierro como últimos antecedentes. Y por eso esta nota, para descubrir por medio de Convergente ese espacio acaso impensado para las viñetas, pero de gran proyección. Tenemos futuro mientras ya desde el aula los chicos y las chicas aprendan quién es Alcatena o cualquiera de los genios del dibujo mencionados más arriba.

En fin, lo repito: cuando yo era pibe los libros del cole no eran así de copados. Por eso debajo del banco tenía siempre a mano algún cómic para leer a hurtadillas. No me sorprende que uno de mis personajes favoritos de aquella época esté pronto a volver con nuevas aventuras. Es que todo tiene que ver con todo, y esta nota también converge con los temas que se vienen en Al Rescate. Espero que lo de hoy les haya resultado tan interesante como a mí (¡gracias de nuevo a Florencia Acher Lanzillotta!). Se vienen más notas copadas, estén alerta.



martes, 1 de enero de 2019

Lo que ha sido y lo que será

Hola a tod@s, ¡felíz año nuevo! Es cierto, estuve flojo en 2018. Publiqué apenas tres entradas, a pesar de haber intentado algunas más que no prosperaron por diversos motivos. Pero no he venido a inaugurar el 2019 con excusas viejas (ni ustedes a soportarlas). En todo caso, puedo contarles que aunque no lo reflejara aquí, afortunadamente pude leer mucha historieta en el transcurso del año que se fue. Y bien variada, como es el espíritu de Al Rescate. Muchas de ellas objeto de esas notas que finalmente no pudieron ser. Entonces me parece oportuno contarles un poco sobre eso, sobre los cómics a bordo de los cuales anduve a lo largo de 2018 (no todos editados durante el mismo, aclaro).  Empiezo por la producción local, y sigo con historietas de otras latitudes (pero de edición nacional). Y desde ya lo recomiendo todo, aunque cada obra tiene sus puntos fuertes y también alguno flojo. Recuerden que este recorrido no será exhaustivo, tenemos todo un año por delante para hacer reseñas más al detalle. En fin, basta de cháchara.

En 2018 se publicó en libro la obra ganadora de la primera edición del concurso NHA (del colectivo Nueva Historieta Argentina). Hablo de El Desierto de Nemo. Los autores son Fernando Maiarú  y Estanislao Marugo, ambos jóvenes oriundos de Tandil, y que alternaron entre sí guión y dibujos. La historia que nos cuentan es la de un pibe de 14 años que sale en busca de su madre, teniendo que atravesar un mundo devastado por una guerra. Lo acompaña una anciana en silla de ruedas que vivía con él en un refugio antibombas y se topa con una extraña comunidad de hombres – pájaro con los que llega a entenderse a pesar de hablar otro lenguaje. La obra se sostiene desde lo gráfico, porque el argumento deja muchísimas preguntas sin respuesta (algunas planteadas desde la propia contratapa, otras tantas surgen con la lectura). Habrá que ver si los autores retoman la historia y tienen más para contar. En todo caso, es un buen debut y yo al menos estaré atento a futuras historietas suyas.

Sigo con El Arca de Lucas Leppe, de Nicolás Gath (guión) y Juan Pablo Massa (dibujos), editado por Capitán Ediciones. Un comic- book auto conclusivo  y súper ameno, que cuenta la historia de Lucas, joven dedicado al comercio de objetos coleccionables exóticos relacionados con la cultura pop desde su local en Villa Urquiza. La misión de Leppe en esta entrega (¿habrá más, próximamente?) es recuperar una copia VHS extraviada en el pasado, para lo cual debe viajar a 1992. Acá el valor está en cómo Gath arma una trama original a partir de algo remanido como el viaje al pasado y el peligro de alterar la continuidad de los acontecimientos. Y en el equilibrio que logra al evocar la década del noventa, con nostalgia pero también con dosis de crítica. Si fuiste pibe en aquellos años (como yo), este cómic te hará pasar un buen rato. Mérito del dibujante también, por supuesto.

También leí Pipo y Bartolo: ¡Al Rescate! No, no es que los autores (Guido Barsi en guión y Darío Reyes en dibujo) me hayan homenajeado. Es que los protagonistas de esta historieta para chicos también deben viajar en el tiempo, como Lucas Leppe. Sólo que aquí se trata de ir al futuro. Reclutado por Pipo, un perro que puede hablar con él, Bartolo tiene la misión de impedir que la empresa de tecnología Imaginacorp les robe a las personas la capacidad de pensar e imaginar. Una aventura circular  llena de acción y gags, con un planteo interesante para los chicos. Muy buenos dibujos y bella edición. Me faltó leer el libro “hermanito” de Pi Ediciones, que tengo aquí a mano y será de los primeros para este año. Hablo de Detective Ramos, a cargo de los mismos autores.

Ahora bien, para hablar de ¿Quién mató a Rexton? voy a obligarme a ser lo más sintético posible, porque esta historieta merece una reseña aparte. Y a recordar que esta es una lista de lecturas personal, no el clásico “los mejores del año” que acostumbran los suplementos culturales de los diarios. Pero sí, este es otro de esos imprescindibles, por varias razones. Diego Agrimbau escribió un gran policial y para contarlo se armó de una tropa de dibujantes de alto nivel como Patricio Delpeche, Gabriel Ippóliti, Fernando Baldó, Dante Ginevra, Leonardo Pietro y Gato Fernández (varios de ellos, asiduos colaboradores suyos). Pero la propuesta no es simplemente resolver la intriga que titula el libro. Acá el juego es entre realidad y ficción. Rexton es guionista de historietas y para esclarecer su muerte cada uno de sus colaboradores dará su testimonio dibujado, con lo cual los artistas nombrados más arriba se pondrán el disfraz (en algunos casos mejor logrado que otros) de sus dobles de ficción. Algo distinto, a priori, a lo que ocurre en otras antologías donde confluyen muchos dibujantes. Acá el argumento único exige a la parte gráfica diversidad y homogeneidad al mismo tiempo. Si te gustan los cómics sobre cómics, te recomiendo mucho este libro (bien diferente al anterior experimento de Agrimbau, Diagnósticos).

Y ya que estamos con Agrimbau, incluyo en mi lista el segundo volumen de la revista Distopía, publicada por editorial Pictus. Sobre la cual diré que esperé esta segunda entrega con gran ansiedad, puesto que el tema principal, ese concepto que no sólo titula la publicación sino que es el claro hilo que una las cuatro historietas que la componen, es una de mis obsesiones de un tiempo a esta parte. Cuatro series, entonces: Nomobots (por Agrimbau y Juan Manuel Tumburús); Repuestos (por Rodolfo Santullo y Damián Couceiro); Hormiga Eléctrica (por Luciano Saracino y Nicolás Brondo); y Horizonte Rojo (por Guillermo Höhn y Roberto Viacava).
Sobre los pormenores de cada historia no ahondaré ahora. Me propongo escribir al respecto en este blog próximamente. Son cuatro historietas que vale la pena seguir, y que atrapan cada una a su manera. Geniales equipos creativos. Lástima la periodicidad (anual). Y ése es uno de los dos puntos centrales que Distopía nos da para debatir. ¿Es una revista o es una saga de libros? Ya vieron que yo utilicé el primer término al comienzo, unas líneas más arriba. Acaso la duda surge por el hecho de no distribuirse en kioscos y porque Pictus es una editorial de libros (responsable por ejemplo de ese hitazo que es Escuela de Monstruos). Y además operaría como competencia/complemento de una Fierro que viene atravesando su propio laberinto (trimestral) desde que comenzó la Argentina M, en 2015.
El otro punto de debate que ofrece Distopía es precisamente su nombre, como género en el cual se identifica decididamente (“cuatro futuros no deseados”, propone la contratapa del volumen1). Porque el futuro llegó hace rato, lo sabemos todos. Y listo, no digo más por ahora, ya volveremos al respecto. Mientras tanto recomiendo ambas entregas.

Y hablando de Fierro… también merece nota aparte. En lo que va de su “año dos, tercera etapa”, destaco las portadas de Scalerandi y Souto, grandes relecturas de los clásicos de la pintura argentina. Después están esas extrañas portadillas que abren y cierran las series, algunas saliendo a explicar lo que se acaba de leer. Y con cada vez más espacio cedido a cosas que no son exactamente historieta, o a autores de otras ramas o disciplinas queriendo jugar a la historieta porque les (calculo) dará algún tipo de chapa cool (mientras muchísimos dedicados historietistas de oficio no cuentan con ese espacio de laburo, y transitan la (Ma)crisis a fuerza de autogestión). También se echó definitivamente a la sutileza, para dar mayor lugar al panfletito. Y uno se pregunta a qué público se busca llegar. Cómo se sostiene una idea de periodicidad trimestral en un país que cambia a velocidad cada día más vertiginosa. De nuevo, no sé para quién es esa revista. Para quien se pueda dar el lujo de quemar cien o ciento cincuenta pesos en financiar vanguardistas. Una lástima para los que nos sentimos acompañados por Fierro mes a mes durante los diez años y piquito que duró la segunda etapa. Yo ya escribí al respecto en su momento (ver archivo). Siempre ponderé su diversidad como rasgo característico, mientras fue una revista de historietas, claro. Me toca quedarme afuera en esta etapa, parece.


Por el lado de lo internacional fue que leí mucha historieta en serie. Menos cosas auto conclusivas. Disfruté mucho con Erased, el manga de Kei Sanbe publicado en nuestro país por Ivrea. La manera en que se nos presenta a Satoru Fujinuma en el primero de los nueve tomos dista mucho todo lo que el personaje evoluciona con el correr de las páginas. No es un comienzo muy auspicioso y hasta diría que nuestro protagonista no parece el mismo. Al principio es un malhumorado aspirante a mangaka (historietista) de 29 años, que trabaja como repartidor de pizzas. A Satoru le ocurren extraños “revivals”, pequeños flashes cotidianos en los cuales entra en breves bucles del tiempo hasta que logra encontrar esa cosa “fuera de lugar” sobre la cual intervenir y destrabar el bucle. Suelen ser situaciones en las cuales debe ayudar a alguien. Si por él fuera, ni se metería, pero es precisamente esa condición la que no le permite seguir de largo. Hasta que una noche llega a su casa y encuentra a su madre asesinada. Satoru persigue al asesino (quien ha logrado incriminarlo premeditadamente) y por poco logra atraparlo, pero esta vez lo toma por sorpresa un “revival” mayor de lo habitual, uno que lo lleva hasta su temprana niñez en 1988. ¿Por qué tan lejos en el tiempo? ¿Cuánto tiene que ver lo que le hicieron a su madre con la serie de secuestros y asesinatos de niños que azotó a su pueblo en aquélla época? ¿Cómo hará para aprovechar este viaje en el tiempo y evitar tanto los secuestros como el asesinato de su madre? Más allá de toda la intriga, el suspenso y la adrenalina que tiene Erased, estamos ante una gran historia sobre la importancia de involucrarse con los demás, los vínculos familiares y la amistad, y sobre todo acerca de la voluntad humana. Hay además enormes personajes secundarios y secuencias oníricas muy bien puestas.

A la par de estas lecturas, luego de un largo tiempo me reencontré con Batman, a quien no leía hace varios años ya. Pero cuando supe del lanzamiento de las ediciones locales de DC, naturalmente me volqué hacia los títulos del murciélago. La serie que lleva su nombre me aburrió de forma casi instantánea, luego de tres números. Algo similar me pasó con el especial All Star Batman. Siempre me rompió las pelotas ese sistema yanqui de mechar en una misma publicación diferentes números de series paralelas para que después uno se tenga que andar comprando todos los títulos y así armar el rompecabezas. Pero en el caso de Batman Detective Cómics (al menos hasta ahora) no ocurrió. Aquí el guionista James Tynion IV nos narra cómo el encapotado reúne un equipo de vigilantes que lo ayuden a custodiar Ciudad Gótica de una amenaza en ciernes, en la cual está involucrado el Coronel Kane, militar que además es tío de Bruce Wayne y padre de Batwoman. Ella integra el equipo junto a Clayface, Red Robin, Spoiler y la Huérfana. Las primeras entregas me resultaron adrenalina pura, como no sentía desde que era muy pibe y leía al Batman de Grant y Breyfogle, por ejemplo. Lo que me resultó terrible fue comprobar cómo influyó para siempre en los norteamericanos el 11S, algo que está ahí atravesándolo todo. Y esa cosa de que siempre hay una gran trama oculta tras la gran trama y nunca se termina de pelar la cebolla. Por ahora le seguiré dando chance, si es que la economía se lo permite a la filial argentina de ECC. La última entrega llegó con un delay importante, que comenzó con las corridas cambiarias sufridas en 2018 y obligó a la subsidiaria a modificar su plan editorial.

Algo parecido, estimo, debe haber afectado a la gente de Utopía Editorial. Cuando en 2014 comenzaron a publicar en coedición con Deux Studio la edición argentina de la multipremiada serie Saga, de Brian K. Vaughan (guión) y Fiona Staples (dibujo) y publicada en Estados Unidos por Image Cómics, la periodicidad promedio era de dos tomos por año. En 2016 y 2017, fue sólo de un tomo por vez. El año pasado, cuando yo la empecé, no salió ninguno. Vamos a ponerles fichas, y esperar el tomo siete con paciencia y ansiedad al mismo tiempo. Porque Saga es la gloria, y su edición local muy cuidada por cierto. ¿De qué va? Mientras sus dos planetas insisten en una guerra permanente desde hace añares, Alana y Marko se rebelan y deciden amarse a pesar de todo y de todos. Fugitivos por el espacio huyen con la pequeña Hazel, el fruto de su amor prohibido y narradora de esta historia desde algún futuro que parece improbable. Y mientras escapan de asesinos a sueldo se desencuentran, se vuelven a encontrar, matan criaturas fantásticas, asisten a muertes heroicas y también patéticas, etcétera. Saga es un bólido de acción dibujado como la San Puta por Fiona Staples, al tiempo que Vaughan va hilando todo con hermosas reflexiones sobre la pareja, los hijos, las drogas, el trabajo, lo absurdo de la guerra y lo perverso del sistema, pero sobre todo acerca de cómo elegimos seguir el juego o no y sobre el peso de nuestras decisiones. Lo repito, Saga es la gloria.


En fin. Éstas han sido, a grandes rasgos, mis lecturas de 2018. Para el año que comienza tengo pautadas lindas notas. Algo ya adelanté hoy, el resto se irá develando. Por lo pronto, gracias a quienes me leen y tiran buena onda. Yo les deseo lo mejor para 2019 y sobre todo que podamos leer muchas historietas. ¡Salud!

lunes, 22 de octubre de 2018

Los Súper Premios

Acá estoy, volviendo a publicar después de varios meses. A quienes hayan pasado por aquí alguna vez y no me hayan encontrado, les pido disculpas por la demora y les traigo como resarcimiento una larga lista de lecturas recomendadas. Ya estamos metidos de lleno en primavera, que nos tiene acostumbrados a venir con galardones. Primero fue el turno de los premios Banda Dibujada, a la producción anual de historieta infantil y juvenil. Y con pocos días de diferencia, se entregaron también los premios Carlos Trillo, como siempre en el marco de la Crack Bang Boom, la convención con sede en Rosario que ya va por su novena entrega.
¿Cuáles fueron las obras premiadas? Aquí debajo sendas listas, para que tengan en cuenta a la hora de regalar o regalarse una buena historieta…

1. Premios Banda Dibujada 2018:
Libro de historieta infantil de autoría argentina: Norton Gutiérrez. El collar de Emma Tzampak. Juan Sáenz Valiente. Hotel de las Ideas.

Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Relatos originales: Diagnósticos. Diego Agrimbau y Lucas Varela. Hotel de las Ideas e Historieteca Editorial.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Adaptaciones: El hombre Lobo. Alejandro Farías y Juan Bobillo (sobre texto teatral de Eduardo Rovner) .Loco Rabia.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Humor gráfico: -Alegría. Varios autores. La Maroma.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría argentina. Antologías: El Volcán. Un presente de la historieta latinoamericana. Varios autores. Editorial Municipal de Rosario y Musaraña Editora.
Libro de historieta infantil de autoría extranjera: Lucky Luke. La curación de los Dalton. René Goscinny y Morris. Libros del Zorzal y Editorial Planeta.
Libro de historieta de ficción para jóvenes de autoría extranjera: Daredevil: Elektra vive de nuevo + Daredevil: amor y guerra. Frank Miller. Ovni Press.
Libro teórico y/o de difusión y/o información sobre historieta y humor gráfico: Roberto “el Negro” Fontanarrosa. Archivos clasificados. Judith Gociol / Archivo de Historieta y Humor Gráfico de la Biblioteca Nacional.  Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Mención especial: Quinterno, Dante. Colección Patoruzú 1: tiras diarias 1935 – 1937. Ediciones Assisi. Edición y restauración digital: Pablo Sapia.
Mención especial: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Bakuman. Editado en Argentina por IVREA
Además, el galardón elegido por el público que asistió a la ceremonia también se lo llevó Patoruzú.

2. Premios Carlos Trillo 2018:
Mejor Obra Público Adulto: Diagnósticos, de Diego Agrimbau y Lucas Varela (Hotel de las Ideas/ Historieteca).
Mejor Obra Público Infantil: Max Hell Vol.2, de Guillermo Höhn y Pablo Tambuscio (Pictus).
Mejor Antología: Liga del Mal, la Cuenta Final (Loco Rabia).
Mejor Rescate de Historieta Clásica: Panteras, de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena (Purple).
Mejor Libro de Humor Gráfico: ¡Corré, Wachín!, de Nahuel Sagárnaga (Noviembre).
Mejor Portada: Tekton (por Lisandro Estherren, Términus)
Mejor Dibujante: Lucas Varela (Diagnósticos).
Mejor Guionista: Rodolfo Santullo (El Escapista).
Mejor Autor Integral: Juan Sáenz Valiente (Norton Gutiérrez y el collar de Emma Tzampak).
Premio a la trayectoria: Martha Barnes.

Desde ya, no sólo se recomiendan las obras ganadoras. Todos los libros nominados merecen atención. Ya veremos cuáles serán los afortunados el año próximo. Este 2018 aún nos está regalando grandes lanzamientos. A pesar de lo cuesta arriba que sigue siendo (y cada día más) llevar adelante una empresa cultural.
Haber dejado este blog inactivo durante tantos meses implicó perdernos de muchísima buena historieta producida a lo largo de este año. Pero les prometo para lo sucesivo (porque Al Rescate Comics está de regreso) informes copados, grandes reportajes y oportunas recomendaciones. ¡Hasta la próxima!


lunes, 2 de abril de 2018

Malvinas en viñetas (breve bibliografía).

Desde hace ya algún tiempo, antes incluso de abrir este blog, vengo abocado a recolectar toda la producción historietística relativa a la Guerra de Malvinas que encuentro. La cual no es poca y sigue incrementándose. Lo que sigue es apenas el esbozo de una tarea que eventualmente me propongo elaborar con mayor rigor y análisis. Por lo pronto, me pareció acertado elaborar esta lista de obras y ofrecerla aquí para que sirva de guía a quienes se interesen en explorar esta línea particular de la historieta argentina. Sin dudas es un recorrido que vale la pena transitar.
Cada una de estas obras hace gala del rasgo distintivo de nuestra historieta, que es la variedad estilística. Tanto desde el enfoque de los textos como la parte gráfica, donde más salta a la vista esa amplitud. La marca generacional también se percibe al instante. 
L@s invito entonces a  explorar estas historietas. Como forma de  descubrir obras acaso desconocidas, pero también como breve ejercicio de memoria. Esa gimnasia cotidiana que los argentinos a veces descuidamos. Y como homenaje a quienes fueron allá a poner el cuerpo. Por suerte hoy algunos vuelven a tener nombre.

1. No pasó mucho tiempo entre el fin del conflicto bélico y la publicación de las primeras historietas al respecto. En septiembre de 1984, en las páginas del primer número de la revista Fierro, comenzaba a serializarse "La batalla de las Malvinas". Con guiones de Ricardo Barreiro, la serie se prolongó hasta marzo de 1985 y fue ilustrada por Alberto Macagno, Marcelo Pérez, Carlos Pedrazzini y Chiche Medrano.  Para leer estas historietas hoy por hoy, hay que salir a rastrear revistas Fierro de aquél período. Hubo también una recopilación, agotada por supuesto. Con lo cual esta obra pasa a integrar la larga lista de reediciones pendientes de la historieta argentina. Fierro, en su segunda etapa, volvió a narrar Malvinas en dos oportunidades. La primera fue en el #66. Citándose a sí misma desde la portada, dicha edición está integrada por historietas breves de diferentes autores actuales, que abordaron el tema desde ópticas diversas. La segunda oportunidad, fue cuando dedicó por completo el #78 a publicar la historieta "Tortas fritas de polenta", de Rodolfo "Fuchi" Bayúgar.


2. En "Tortas fritas de polenta" Bayúgar logra dar forma a una obra propia a partir del impacto que le generó leer "Maus" de Art Spiegelman, aquél duro testimonio sobre la supervivencia al Holocausto. Con esa premisa, inició una serie de conversaciones con el ex combatiente Ariel Martinelli. Entre el relato de uno y los dibujos del otro, el resultado es una obra de gran fuerza. Que no sólo pudo leerse en las páginas de Fierro. Lleva ya dos ediciones. La primera a cargo del sello La Duendes. Una vez agotada , fue vuelta a poner en valor por Hotel de las Ideas.

3. Armando Fernández, guionista de larga trayectoria en editorial Columba, es además asiduo colaborador de la revista "Soldados" del Ejército Argentino, y autor de una prolífica obra acerca de la guerra del ´82, sobre la cual ha escrito numerosos artículos y unos cuántos libros. Los dos volúmenes de "Malvinas, un grito de soberanía" recopilan una gran cantidad de sus relatos bélicos, en los cuales Fernández es acompañado por varios dibujantes, todos ellos desarrollando un estilo más bien clásico.
Aquí el punto fuerte es la precisión en cuanto a fechas de las batallas narradas, así como la documentación con respecto a armamentos y el conocimiento no sólo de las fuerzas propias, sino también de la flota enemiga. Cuestiones todas sobre las que Fernández da muestras de su vasto conocimiento.


4. Y si hablamos de documentación, Néstor Barrón y Walther Taborda se lucen con "Malvinas, el cielo es de los halcones". Obra en tres tomos publicada primero en Francia, en el año 2010. Más allá de la derrota y de tantos otros aspectos nefastos de aquella guerra imposible, son mundialmente reconocidas la audacia y la bravura con la que combatieron los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina. Allí se paran los autores, con gran solidez narrativa. No hace falta decir mucho sobre el talento de Taborda, quien falleció de forma prematura hace poco. Acaso será ésta la obra por la que será más recordado. Las proezas de esos aviones dibujados al detalle se aprecian fabulosamente en el gran tamaño que los tomos tienen. Aunque es cierto que hubiera sido más acertado para la edición local, del año 2015,  un formato menos lujoso.


5. La Universidad Nacional de Villa María, a través de su editorial Eduvim, impulsó dos grandes historietas sobre la guerra de Malvinas. La primera de ellas en colaboración con la Universidad Nacional de Río Negro. Se trata de una antología publicada en 2016 (de edición preciosa) titulada "Malvinas: el sur, el mar, el frío". Las historietas que la componen se complementan virtuosamente entre sí, a pesar de ser bien diferentes. El seleccionado de autores está compuesto por artistas de la talla de Edu Molina, Oscar Capristo, Fernando Calvi, Mariano Antonelli, Chelo Candia, Alejandro Aguado, Rodrigo Luján, Diego Aballay, Sofía Cunha y Kristian Rossi. Luego de leer cada historia, a los tres elementos que titulan el libro se le pueden agregar otros como la infamia, los fantasmas, el humanismo, y tantos más.


6. Y finalmente, entre el heroísmo, la tragedia y todo lo que enumeraba más arriba, hay un elemento que no suele mencionarse. Acaso por correción política, exceso de dramatismo o quizás por prudencia y tacto para con los que lo vivieron en carne propia, para con las familias desgarradas que luego fueron sometidas al silencio que sobrevino a la derrota. Un aspecto incómodo como el absurdo. En "Cómo yo gané la guerra" (el segundo libro sobre el tema a cargo de Eduvim, en 2017) el humorista gráfico cordobés José "Pepe" Agonoa cuenta su propia experiencia como soldado combatiente en las islas. Su narración, acompañada por los dibujos de Javier Solar, señala con una sonrisa lo patético de aquélla guerra. Lo improvisado de aquella aventura militar, la inexperiencia sumada al pésimo equipamiento, el hábito de someter a los propios cadetes por parte de los mandos. Como marca el título (referencia a la película protagonizada por John Lennon), Agonoa muestra que el humor no sólo le fue de ayuda para sobrevivir a la guerra misma, sino también para todo lo que vino después.

Bueno, como dije al comienzo, esta nota no pretendía ser exhaustiva. Simplemente dar cuenta de que todas estas obras están ahí para leerse. Aunque diferentes entre sí, son todas piezas del mismo rompecabezas. Y sin duda el tema da para hacer muchísmas historietas más. Seguramente las habrá y ojalá lleguen a la mayor cantidad de lectores posible. Queda nuevamente demostrada la importancia de la historieta en la construcción y ejercicio de nuestra memoria colectiva. Esta nota es el granito de arena que siempre intento poner desde Al Rescate Cómics. Buena lectura para tod@s.

sábado, 3 de marzo de 2018

Asterix: batalla en Argentina

1. Hace tiempo que venía con ganas de indagar un poco acerca de la oferta de historieta extranjera que se edita en nuestro país, en sus diversas vertientes. Lo que probablemente nos venga primero a la cabeza sea la pata superheroica yanki, impulsada por el viento de cola que viene soplando desde Hollywood y que alcanzó ya cierta estabilidad, recambio generacional de lectores mediante.
El manga, por su parte, hace rato que ha echado raíces tanto en kioscos como en comiquerías. Sus principales promotores han sabido interpretar las exigencias de calidad y diversidad temática de un público más que consolidado. Pero me decidí a arrancar por la corriente franco-belga, representada por las reediciones argentinas de Asterix, la entrañable obra de René Goscinny y Albert Uderzo. Por varios motivos. El enterarme de que dicha reedición fue concebida especialmente para los lectores argentinos, con una traducción íntegramente nueva, fue el principal.
Entonces me comuniqué con Leopoldo Kulesz, editor de Libros del Zorzal, responsable de la colección en conjunto con Editorial Planeta. Y hete aquí que justo al momento de contactarme con Leopoldo para charlar con él y elaborar esta nota, la editorial Salvat ha lanzado una colección paralela (con el aval de Hachette, dueña de los derechos del personaje) como parte de su desembarco en los kioscos con coleccionables de todo tipo, desde los clásicos “juguetes con fascículo” hasta  libros de psicología. Con lo cual, no sólo conversamos de lo que hubo detrás de la puesta en valor de esos álbumes, de su amor por la obra de Goscinny. Inevitablemente hubo que hablar de esta desafortunada situación, que nos sirve para pensar el lugar de nuestra industria en el mundo (no sólo la cultural) y nos interpela como lectores.

2. Los que siguen Al Rescate Cómics desde el comienzo recordarán la charla que tuvimos con la gente del Movimiento Banda Dibujada, así como el reportaje con Javier Rovella que publicamos hace justo un año atrás. En ambos casos se destacaba estas historietas como puerta de ingreso no sólo al cómic, sino a la lectura toda. Pero también, la importancia del formato libro para la historieta, que suele originarse por entregas en medios de comunicación (diarios, revistas, y ahora también soportes digitales) para luego “desaparecer” junto a las noticias viejas.
Yo tuve acceso a leer Asterix por primera vez a mediados de los años noventa, en las páginas de la mítica y fugaz revista escolar AZdiez. Años después, llegaron a mí un par de álbumes sueltos, que algún amigo ya no leía y que me regalaban sabiéndome comiquero. Pero digamos que para aquél que quisiera coleccionar la serie, no era cosa sencilla. Kulesz coincide con esa descripción de época: 
En el caso de Asterix, desde los años 90, la historieta iba apareciendo en los kioscos a través de iniciativas esporádicas de Salvat. La edición, en mi opinión era muy mala, muchos globitos aparecían vacíos, la tipografía Times New Roman con la tinta despareja y los colores saturadísimos. Un horror por donde se mire. Lucky Luke, casi imposible de encontrar, el Pequeño Nicolás llegaba en muy pequeñas cantidades y de Iznogud no me consta que haya sido distribuido alguna vez aquí.    
Fue a mediados de la década siguiente que un editor argentino vio la posibilidad de remediar la situación y decidió emprender el desafío. Y hacerlo bien.
Lancé la editorial en 2000. En 2006 fui a la feria de Frankfurt y pasó por el stand de Argentina una chica pidiendo por Daniel Divinsky (entonces director de Ediciones de la Flor) porque buscaban a un editor argentino de Asterix. Mantuve compostura y le comenté esto a Daniel que me contestó: “No, Leo, ya no quiero quilombos, hacélo vos”. Y así comenzó una negociación de derechos que duró 8 años, ya que recién pudimos comprarlos en diciembre de 2014, en conjunto con editorial Planeta.
Fue así que ambas editoriales publicaron (manteniendo el orden original) los veinticuatro álbumes de Asterix escritos por Goscinny y dibujados por Uderzo, manteniendo la calidad en todos los aspectos. Gráficos y de contenido.
El criterio fue uno solo: ser lo más fieles posible a Goscinny y a Uderzo. Rehicimos la traducción de cero, sin considerar PARA NADA la traducción española. La tipografía es la de Uderzo y rehicimos todos los dibujos de onomatopeyas y carteles. Un trabajo intenso de 12 personas durante casi un año. Nuestro trabajo fue auditado por una consultora independiente y el veredicto final del auditor fue que esta traducción tiene al menos el nivel del original francés.

3. René Goscinny nació en París en 1926, y al cumplir los dos años de edad su familia emigra a Buenos Aires. Aquí pasará su niñez y adolescencia hasta que en 1945, dos años después de fallecer su padre, se traslada a los Estados Unidos. Allí colabora con quienes más tarde fundarían la revista Mad. En sus comienzos, Goscinny también dibujaba además de escribir historietas. Le fascinaba Disney y en la Argentina tuvo un breve paso por la editorial de Dante Quinterno (el mito dice que leer a Patoruzú y compañía le sirvió de referencia a la hora de crear su obra cumbre). Ya nuevamente en Europa, en 1957 comienza a colaborar con Albert Uderzo. Dos años más tarde, en las páginas de la revista Pilote, hace su debut Asterix. El personaje no tarda en ganarse al público, y en 1961 se recopila su primera aventura, “Asterix el galo”. El éxito se prolonga por veinticuatro tomos y es acompañado por merchandising y películas en dibujos animados. Al fallecer Goscinny en 1977 se cierra un ciclo, pero a Asterix y su infaltable compañero Obelix les aguardan más aventuras a partir de 1980, cuando Uderzo decide continuar dándoles vida (o sacándoles jugo, algo que editoriales y herederos continuarán haciendo también una vez fallecido Uderzo).

4. Esa trayectoria, cuyos mayores frutos se dieron en Europa, tuvo su eco de este lado del mundo, en la ciudad que había visto a Goscinny crecer y andar por sus calles. A los siete años, Leopoldo Kulesz recibe un regalo de su padre. Era el séptimo álbum de Asterix, “El combate de los jefes”. Desde ese momento se vuelve incondicional a las historietas de Goscinny. Sólo a esas, las demás no le interesan realmente.
Acá voy a tener que desilusionar a mis amigos de Banda Dibujada (NOTA ARCla edición local de Asterix recibió una mención especial en los premios BD 2016). No conozco de historietas, solo conozco de Goscinny. Y me esforcé en armar un equipo para que el resultado de la edición fuera el mejor posible desde todo punto de vista, desde el texto hasta los aspectos gráficos. Lo hice para compartir algo que quiero y me gusta. No va más allá. No me fascina Goscinny, amo su obra.

Eso se nota también en su edición en 2009 del libro “Del Panteón a Buenos Aires”, una serie de crónicas ilustradas por un seleccionado de dibujantes franco-belgas en el cual pueden apreciarse de primera mano la lucidez para retratar a la sociedad y el afiladísimo sentido del humor que Goscinny poseía, acompañado por riquísima información biográfica y documental de sus años en la Argentina.

ARC: ¿La idea siempre fue seguir con Lucky Luke o fue el paso lógico una vez finalizado el proyecto Asterix?
Cuando salió Asterix, me crucé con un amigo en la calle que me felicitó por la edición. Le contesté que estaba muy feliz pero a la vez con la sensación de vacío de haber cumplido mi sueño de editor y la pregunta inevitable “¿Y ahora qué hago?”. “Lucky Luke”, me contestó como algo obvio. Viajé a Francia, compré los derechos de Lucky Luke y llevamos publicados 6 álbumes.
Resulta inevitable dudar sobre la continuidad del proyecto, a partir del incidente Salvat. Lo que sigue es parte del comunicado que Kulesz hizo circular al conocerse el lanzamiento que llegaba a los kioscos: En nombre de un negocio puntual, Salvat se aprovecha de la  inversión y el esfuerzo de 4 años de Planeta/Zorzal y le da un golpe letal tanto a la nueva traducción como a los proyectos ya avanzados de Iznogud, Lucky Luke y el pequeño Nicolás.
Días tristes para René Goscinny, para las nuevas generaciones de lectores y para los que vemos nuestro trabajo fagocitado por el cortoplacismo berreta.


5. Es difícil competir contra el dumping cuando encima te ponen publicidad en televisión. Es algo que lamentablemente suele convertir a los lectores en meros consumidores. Menor precio a costa de resignar calidad.
De un lado hay una obra tal cual fue concebida por sus autores, cuya edición local implicó el trabajo de varias personas, desde la traducción hasta la imprenta.
Del otro, unos libros engordados burdamente con textos que no dicen nada y dos o tres bocetitos reproducidos. Un orden de publicación arbitrario y caprichoso (arranca por el tomo treinta y uno, del año 2001).
En fin, vale la pena reflexionar, siempre. ¿Soy lector o sólo un consumidor? Poniendo todo en contexto, mundial y nacional, ¿qué historietas podré leer mañana si se me muere la incipiente industria (toda, no sólo la editorial)? ¿Con qué guita voy a comprarme los cómics si se va perdiendo el trabajo, cada día un poco más? Hasta acá mis apreciaciones personales.
El cierre se lo dejo a Kulesz:
Desde 2014 que venimos trabajando en reinstalar Asterix con la nueva traducción y resulta que los mismos que nos vendieron los derechos se los ceden para kioscos a Salvat, que comercializa la vieja traducción, la que todos saben mala. Cuesta entender.