lunes, 2 de abril de 2018

Malvinas en viñetas (breve bibliografía).

Desde hace ya algún tiempo, antes incluso de abrir este blog, vengo abocado a recolectar toda la producción historietística relativa a la Guerra de Malvinas que encuentro. La cual no es poca y sigue incrementándose. Lo que sigue es apenas el esbozo de una tarea que eventualmente me propongo elaborar con mayor rigor y análisis. Por lo pronto, me pareció acertado elaborar esta lista de obras y ofrecerla aquí para que sirva de guía a quienes se interesen en explorar esta línea particular de la historieta argentina. Sin dudas es un recorrido que vale la pena transitar.
Cada una de estas obras hace gala del rasgo distintivo de nuestra historieta, que es la variedad estilística. Tanto desde el enfoque de los textos como la parte gráfica, donde más salta a la vista esa amplitud. La marca generacional también se percibe al instante. 
L@s invito entonces a  explorar estas historietas. Como forma de  descubrir obras acaso desconocidas, pero también como breve ejercicio de memoria. Esa gimnasia cotidiana que los argentinos a veces descuidamos. Y como homenaje a quienes fueron allá a poner el cuerpo. Por suerte hoy algunos vuelven a tener nombre.

1. No pasó mucho tiempo entre el fin del conflicto bélico y la publicación de las primeras historietas al respecto. En septiembre de 1984, en las páginas del primer número de la revista Fierro, comenzaba a serializarse "La batalla de las Malvinas". Con guiones de Ricardo Barreiro, la serie se prolongó hasta marzo de 1985 y fue ilustrada por Alberto Macagno, Marcelo Pérez, Carlos Pedrazzini y Chiche Medrano.  Para leer estas historietas hoy por hoy, hay que salir a rastrear revistas Fierro de aquél período. Hubo también una recopilación, agotada por supuesto. Con lo cual esta obra pasa a integrar la larga lista de reediciones pendientes de la historieta argentina. Fierro, en su segunda etapa, volvió a narrar Malvinas en dos oportunidades. La primera fue en el #66. Citándose a sí misma desde la portada, dicha edición está integrada por historietas breves de diferentes autores actuales, que abordaron el tema desde ópticas diversas. La segunda oportunidad, fue cuando dedicó por completo el #78 a publicar la historieta "Tortas fritas de polenta", de Rodolfo "Fuchi" Bayúgar.


2. En "Tortas fritas de polenta" Bayúgar logra dar forma a una obra propia a partir del impacto que le generó leer "Maus" de Art Spiegelman, aquél duro testimonio sobre la supervivencia al Holocausto. Con esa premisa, inició una serie de conversaciones con el ex combatiente Ariel Martinelli. Entre el relato de uno y los dibujos del otro, el resultado es una obra de gran fuerza. Que no sólo pudo leerse en las páginas de Fierro. Lleva ya dos ediciones. La primera a cargo del sello La Duendes. Una vez agotada , fue vuelta a poner en valor por Hotel de las Ideas.

3. Armando Fernández, guionista de larga trayectoria en editorial Columba, es además asiduo colaborador de la revista "Soldados" del Ejército Argentino, y autor de una prolífica obra acerca de la guerra del ´82, sobre la cual ha escrito numerosos artículos y unos cuántos libros. Los dos volúmenes de "Malvinas, un grito de soberanía" recopilan una gran cantidad de sus relatos bélicos, en los cuales Fernández es acompañado por varios dibujantes, todos ellos desarrollando un estilo más bien clásico.
Aquí el punto fuerte es la precisión en cuanto a fechas de las batallas narradas, así como la documentación con respecto a armamentos y el conocimiento no sólo de las fuerzas propias, sino también de la flota enemiga. Cuestiones todas sobre las que Fernández da muestras de su vasto conocimiento.


4. Y si hablamos de documentación, Néstor Barrón y Walther Taborda se lucen con "Malvinas, el cielo es de los halcones". Obra en tres tomos publicada primero en Francia, en el año 2010. Más allá de la derrota y de tantos otros aspectos nefastos de aquella guerra imposible, son mundialmente reconocidas la audacia y la bravura con la que combatieron los pilotos de la Fuerza Aérea Argentina. Allí se paran los autores, con gran solidez narrativa. No hace falta decir mucho sobre el talento de Taborda, quien falleció de forma prematura hace poco. Acaso será ésta la obra por la que será más recordado. Las proezas de esos aviones dibujados al detalle se aprecian fabulosamente en el gran tamaño que los tomos tienen. Aunque es cierto que hubiera sido más acertado para la edición local, del año 2015,  un formato menos lujoso.


5. La Universidad Nacional de Villa María, a través de su editorial Eduvim, impulsó dos grandes historietas sobre la guerra de Malvinas. La primera de ellas en colaboración con la Universidad Nacional de Río Negro. Se trata de una antología publicada en 2016 (de edición preciosa) titulada "Malvinas: el sur, el mar, el frío". Las historietas que la componen se complementan virtuosamente entre sí, a pesar de ser bien diferentes. El seleccionado de autores está compuesto por artistas de la talla de Edu Molina, Oscar Capristo, Fernando Calvi, Mariano Antonelli, Chelo Candia, Alejandro Aguado, Rodrigo Luján, Diego Aballay, Sofía Cunha y Kristian Rossi. Luego de leer cada historia, a los tres elementos que titulan el libro se le pueden agregar otros como la infamia, los fantasmas, el humanismo, y tantos más.


6. Y finalmente, entre el heroísmo, la tragedia y todo lo que enumeraba más arriba, hay un elemento que no suele mencionarse. Acaso por correción política, exceso de dramatismo o quizás por prudencia y tacto para con los que lo vivieron en carne propia, para con las familias desgarradas que luego fueron sometidas al silencio que sobrevino a la derrota. Un aspecto incómodo como el absurdo. En "Cómo yo gané la guerra" (el segundo libro sobre el tema a cargo de Eduvim, en 2017) el humorista gráfico cordobés José "Pepe" Agonoa cuenta su propia experiencia como soldado combatiente en las islas. Su narración, acompañada por los dibujos de Javier Solar, señala con una sonrisa lo patético de aquélla guerra. Lo improvisado de aquella aventura militar, la inexperiencia sumada al pésimo equipamiento, el hábito de someter a los propios cadetes por parte de los mandos. Como marca el título (referencia a la película protagonizada por John Lennon), Agonoa muestra que el humor no sólo le fue de ayuda para sobrevivir a la guerra misma, sino también para todo lo que vino después.

Bueno, como dije al comienzo, esta nota no pretendía ser exhaustiva. Simplemente dar cuenta de que todas estas obras están ahí para leerse. Aunque diferentes entre sí, son todas piezas del mismo rompecabezas. Y sin duda el tema da para hacer muchísmas historietas más. Seguramente las habrá y ojalá lleguen a la mayor cantidad de lectores posible. Queda nuevamente demostrada la importancia de la historieta en la construcción y ejercicio de nuestra memoria colectiva. Esta nota es el granito de arena que siempre intento poner desde Al Rescate Cómics. Buena lectura para tod@s.

sábado, 3 de marzo de 2018

Asterix: batalla en Argentina

1. Hace tiempo que venía con ganas de indagar un poco acerca de la oferta de historieta extranjera que se edita en nuestro país, en sus diversas vertientes. Lo que probablemente nos venga primero a la cabeza sea la pata superheroica yanki, impulsada por el viento de cola que viene soplando desde Hollywood y que alcanzó ya cierta estabilidad, recambio generacional de lectores mediante.
El manga, por su parte, hace rato que ha echado raíces tanto en kioscos como en comiquerías. Sus principales promotores han sabido interpretar las exigencias de calidad y diversidad temática de un público más que consolidado. Pero me decidí a arrancar por la corriente franco-belga, representada por las reediciones argentinas de Asterix, la entrañable obra de René Goscinny y Albert Uderzo. Por varios motivos. El enterarme de que dicha reedición fue concebida especialmente para los lectores argentinos, con una traducción íntegramente nueva, fue el principal.
Entonces me comuniqué con Leopoldo Kulesz, editor de Libros del Zorzal, responsable de la colección en conjunto con Editorial Planeta. Y hete aquí que justo al momento de contactarme con Leopoldo para charlar con él y elaborar esta nota, la editorial Salvat ha lanzado una colección paralela (con el aval de Hachette, dueña de los derechos del personaje) como parte de su desembarco en los kioscos con coleccionables de todo tipo, desde los clásicos “juguetes con fascículo” hasta  libros de psicología. Con lo cual, no sólo conversamos de lo que hubo detrás de la puesta en valor de esos álbumes, de su amor por la obra de Goscinny. Inevitablemente hubo que hablar de esta desafortunada situación, que nos sirve para pensar el lugar de nuestra industria en el mundo (no sólo la cultural) y nos interpela como lectores.

2. Los que siguen Al Rescate Cómics desde el comienzo recordarán la charla que tuvimos con la gente del Movimiento Banda Dibujada, así como el reportaje con Javier Rovella que publicamos hace justo un año atrás. En ambos casos se destacaba estas historietas como puerta de ingreso no sólo al cómic, sino a la lectura toda. Pero también, la importancia del formato libro para la historieta, que suele originarse por entregas en medios de comunicación (diarios, revistas, y ahora también soportes digitales) para luego “desaparecer” junto a las noticias viejas.
Yo tuve acceso a leer Asterix por primera vez a mediados de los años noventa, en las páginas de la mítica y fugaz revista escolar AZdiez. Años después, llegaron a mí un par de álbumes sueltos, que algún amigo ya no leía y que me regalaban sabiéndome comiquero. Pero digamos que para aquél que quisiera coleccionar la serie, no era cosa sencilla. Kulesz coincide con esa descripción de época: 
En el caso de Asterix, desde los años 90, la historieta iba apareciendo en los kioscos a través de iniciativas esporádicas de Salvat. La edición, en mi opinión era muy mala, muchos globitos aparecían vacíos, la tipografía Times New Roman con la tinta despareja y los colores saturadísimos. Un horror por donde se mire. Lucky Luke, casi imposible de encontrar, el Pequeño Nicolás llegaba en muy pequeñas cantidades y de Iznogud no me consta que haya sido distribuido alguna vez aquí.    
Fue a mediados de la década siguiente que un editor argentino vio la posibilidad de remediar la situación y decidió emprender el desafío. Y hacerlo bien.
Lancé la editorial en 2000. En 2006 fui a la feria de Frankfurt y pasó por el stand de Argentina una chica pidiendo por Daniel Divinsky (entonces director de Ediciones de la Flor) porque buscaban a un editor argentino de Asterix. Mantuve compostura y le comenté esto a Daniel que me contestó: “No, Leo, ya no quiero quilombos, hacélo vos”. Y así comenzó una negociación de derechos que duró 8 años, ya que recién pudimos comprarlos en diciembre de 2014, en conjunto con editorial Planeta.
Fue así que ambas editoriales publicaron (manteniendo el orden original) los veinticuatro álbumes de Asterix escritos por Goscinny y dibujados por Uderzo, manteniendo la calidad en todos los aspectos. Gráficos y de contenido.
El criterio fue uno solo: ser lo más fieles posible a Goscinny y a Uderzo. Rehicimos la traducción de cero, sin considerar PARA NADA la traducción española. La tipografía es la de Uderzo y rehicimos todos los dibujos de onomatopeyas y carteles. Un trabajo intenso de 12 personas durante casi un año. Nuestro trabajo fue auditado por una consultora independiente y el veredicto final del auditor fue que esta traducción tiene al menos el nivel del original francés.

3. René Goscinny nació en París en 1926, y al cumplir los dos años de edad su familia emigra a Buenos Aires. Aquí pasará su niñez y adolescencia hasta que en 1945, dos años después de fallecer su padre, se traslada a los Estados Unidos. Allí colabora con quienes más tarde fundarían la revista Mad. En sus comienzos, Goscinny también dibujaba además de escribir historietas. Le fascinaba Disney y en la Argentina tuvo un breve paso por la editorial de Dante Quinterno (el mito dice que leer a Patoruzú y compañía le sirvió de referencia a la hora de crear su obra cumbre). Ya nuevamente en Europa, en 1957 comienza a colaborar con Albert Uderzo. Dos años más tarde, en las páginas de la revista Pilote, hace su debut Asterix. El personaje no tarda en ganarse al público, y en 1961 se recopila su primera aventura, “Asterix el galo”. El éxito se prolonga por veinticuatro tomos y es acompañado por merchandising y películas en dibujos animados. Al fallecer Goscinny en 1977 se cierra un ciclo, pero a Asterix y su infaltable compañero Obelix les aguardan más aventuras a partir de 1980, cuando Uderzo decide continuar dándoles vida (o sacándoles jugo, algo que editoriales y herederos continuarán haciendo también una vez fallecido Uderzo).

4. Esa trayectoria, cuyos mayores frutos se dieron en Europa, tuvo su eco de este lado del mundo, en la ciudad que había visto a Goscinny crecer y andar por sus calles. A los siete años, Leopoldo Kulesz recibe un regalo de su padre. Era el séptimo álbum de Asterix, “El combate de los jefes”. Desde ese momento se vuelve incondicional a las historietas de Goscinny. Sólo a esas, las demás no le interesan realmente.
Acá voy a tener que desilusionar a mis amigos de Banda Dibujada (NOTA ARCla edición local de Asterix recibió una mención especial en los premios BD 2016). No conozco de historietas, solo conozco de Goscinny. Y me esforcé en armar un equipo para que el resultado de la edición fuera el mejor posible desde todo punto de vista, desde el texto hasta los aspectos gráficos. Lo hice para compartir algo que quiero y me gusta. No va más allá. No me fascina Goscinny, amo su obra.

Eso se nota también en su edición en 2009 del libro “Del Panteón a Buenos Aires”, una serie de crónicas ilustradas por un seleccionado de dibujantes franco-belgas en el cual pueden apreciarse de primera mano la lucidez para retratar a la sociedad y el afiladísimo sentido del humor que Goscinny poseía, acompañado por riquísima información biográfica y documental de sus años en la Argentina.

ARC: ¿La idea siempre fue seguir con Lucky Luke o fue el paso lógico una vez finalizado el proyecto Asterix?
Cuando salió Asterix, me crucé con un amigo en la calle que me felicitó por la edición. Le contesté que estaba muy feliz pero a la vez con la sensación de vacío de haber cumplido mi sueño de editor y la pregunta inevitable “¿Y ahora qué hago?”. “Lucky Luke”, me contestó como algo obvio. Viajé a Francia, compré los derechos de Lucky Luke y llevamos publicados 6 álbumes.
Resulta inevitable dudar sobre la continuidad del proyecto, a partir del incidente Salvat. Lo que sigue es parte del comunicado que Kulesz hizo circular al conocerse el lanzamiento que llegaba a los kioscos: En nombre de un negocio puntual, Salvat se aprovecha de la  inversión y el esfuerzo de 4 años de Planeta/Zorzal y le da un golpe letal tanto a la nueva traducción como a los proyectos ya avanzados de Iznogud, Lucky Luke y el pequeño Nicolás.
Días tristes para René Goscinny, para las nuevas generaciones de lectores y para los que vemos nuestro trabajo fagocitado por el cortoplacismo berreta.


5. Es difícil competir contra el dumping cuando encima te ponen publicidad en televisión. Es algo que lamentablemente suele convertir a los lectores en meros consumidores. Menor precio a costa de resignar calidad.
De un lado hay una obra tal cual fue concebida por sus autores, cuya edición local implicó el trabajo de varias personas, desde la traducción hasta la imprenta.
Del otro, unos libros engordados burdamente con textos que no dicen nada y dos o tres bocetitos reproducidos. Un orden de publicación arbitrario y caprichoso (arranca por el tomo treinta y uno, del año 2001).
En fin, vale la pena reflexionar, siempre. ¿Soy lector o sólo un consumidor? Poniendo todo en contexto, mundial y nacional, ¿qué historietas podré leer mañana si se me muere la incipiente industria (toda, no sólo la editorial)? ¿Con qué guita voy a comprarme los cómics si se va perdiendo el trabajo, cada día un poco más? Hasta acá mis apreciaciones personales.
El cierre se lo dejo a Kulesz:
Desde 2014 que venimos trabajando en reinstalar Asterix con la nueva traducción y resulta que los mismos que nos vendieron los derechos se los ceden para kioscos a Salvat, que comercializa la vieja traducción, la que todos saben mala. Cuesta entender.






sábado, 25 de noviembre de 2017

Extrañamente normal.

Hace tiempo que este sitio no se actualiza, es cierto. Las razones son varias. Una de ellas es que para el 2018, que ya está próximo, Al Rescate Cómics se renovará en cuanto a sus temáticas habituales y seguramente también en su formato. Ampliaremos.
Mientras tanto, para ir cerrando el 2017 que se va, les traigo un repaso por la obra del amigo Fran Fantino, quien este año no paró de producir. Nos sentamos a charlar con él (ustedes y yo) para que nos cuente un poco cómo encontrarse con la historieta lo ayudó a conocerse a sí mismo y sobrellevar situaciones complicadas.
Basta de preámbulos entonces, bienvenid@s a Al Rescate Cómics

1. Haciendo cosas raras.              

Al comienzo de “Extraño”, el libro que Fran Fantino publicó este año (a través del sello Atmósfera), hay una cita que nos sirve como punto de partida ideal no sólo para apreciar dicha historieta. También es una buena brújula para aproximarnos a su obra, que es bastante frondosa y muestra una evolución lineal sin pausa a pesar de haberse desarrollado en un lapso de tiempo bastante corto (más de cinco publicaciones diferentes en apenas dos años). La cita pertenece al Libro Tibetano de la vida y la muerte y plantea lo siguiente: “En la ausencia de los elementos de apoyo que nos resultan familiares, quedamos cara a cara tan sólo con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño desconcertante con quien hemos vivido siempre, pero al que, en el fondo, nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividades, por aburridas y triviales que sean, y evitemos quedarnos a solas y en silencio con ese desconocido?”
Fantino transformó ese escape en búsqueda desde joven, interesándose por diferentes áreas de estudio, apropiándose de algo de cada una de ellas pero sin que ninguna le satisfaga completamente. Hasta que vislumbró un sendero posible a través del dibujo.
Mientras tanto, otros problemas lo aquejaban. Ataques de ansiedad y depresión combinados con un complicado trance de hostigamiento laboral. Decidido a salir del laberinto, comenzó a plasmar su proceso. Primero a través de dibujos sueltos, algo así como postales oníricas acompañadas cada una por breves líneas de texto. Luego jugando con los elementos del humor gráfico para transformarlo en melancolía y existencialismo gráfico (sin victimizarse ni bajonear al lector). También se animó a publicar todo eso bajo su propio sello independiente (Ediciones La Quinta) y ofrecerlo en cada evento de historieta que pudiera.
Así vieron la luz “Fanzine Extraño”, “Dibujos de un tipo normal” y “Reflexiones dibujadas” (el último compilando las viñetas publicadas en el blog de La Duendes - Historieta Patagónica durante 2016). Así lo cuenta el autor: cuando yo empecé a hacer “Dibujos de un Tipo Normal”, venía de estar en un momento re complicado. A nivel vida, laboral, me había separado… ¡me estaba yendo para el orto! (risas) La estaba pasando mal, venía arrastrando problemas familiares de hace años. ¿Y qué pasa con el humor gráfico, con la página? Vos podés plasmar lo que te pasa en algún lado y de forma más inmediata. Eso, en primer lugar. Por otro lado, los dibujantes somos muy autocríticos. Yo me daba con un caño. Entonces ese formato, de hacer cosas cortas, me servía para avanzar, sacarlas y aguantarme ese perfeccionismo de repetir “esto no me gusta” y lo que hacía, terminarlo. Mal no lo fue: sus historietas tuvieron aceptación entre lectores y colegas.



2. Extraño ser.

En el camino, Fantino fue puliendo su estilo gráfico y los demás asuntos se fueron solucionando. Porque cuando el carro anda, los melones se acomodan. Y como bien marca el I Ching, los momentos y las cosas no son permanentes, cambian a otros estados. Fran lo sintió un poco así y de esa forma surgió “Extraño”, historieta en la que se propuso hacer algo diferente, alejarse de lo autorreferencial creando personajes y situaciones ficticias. Aunque el protagonista se le parece bastante.
Básicamente, yo empecé a dibujar historieta cuando empecé a leer otras cosas. Un autor que me marcó, y siempre lo digo, es Jason. Cuando leí “Un paso en falso” se me activó algo en la cabeza y empecé a leerlo más y más, pensando “yo quiero hacer algo como esto”. Pero saliendo ya de lo autobiográfico, quería hacer otra cosa. Porque sentí que ya estaba, que estaba bien con lo que me había pasado y que dejé de padecer cosas y ya no necesitaba expresarlas de esa manera, medio literales.
Juan, el protagonista de “Extraño”, transita algo similar a lo de su autor, parece que anda buscándose a sí mismo en esa vida que lo tiene a mal traer. Y empieza un proceso que lo lleva a tener que entenderse no sólo con el presente que lo rodea, también con el pasado que arrastra y el futuro que vislumbra.
Ambos tocan la misma temática, que es la aceptación de uno mismo. Es más careta “DTN”. En realidad en “Extraño”, no siendo autobiográfico, termino hablando de cosas que quiero contar sobre mí. No sé si me explico, si se entiende. Es como que en “DTN” yo quería hablar de cosas como la ansiedad, la depresión…
La portada de “DTN” ofrece una pista: un astronauta flota alrededor de una píldora bicolor mientras anuncia “Houston, tenemos un problema”, haciendo referencia a la relación entre los malestares emocionales y los medicamentos.
Claro… Y eso tiene que ver con la depresión y con un montón de cosas que me pasaban a mí. Ahora, yo lo tomo con humor y no termino de contar lo que a mí realmente me pasó. Porque tenía miedo de exponerme demasiado. Yo trabajaba en relación de dependencia, podía ser leído por un compañero de trabajo o alguien y tener alguna repercusión negativa. Y en “Extraño” hablo directamente de esa depresión y ansiedad, del no poder expresar algo. Pero de forma más literal. Igual en “DTN” soy yo cien por ciento, y en “Extraño” no. Bah, no soy yo, aunque aparezca alguna cosa de mi vida personal. Quizás el que me conoce lo conecte un poco más…
¿Y cómo se lleva Fantino, como lector, con el género autobiográfico? Que en Argentina tuvo su momento de auge no hace tanto tiempo. Es medio una obviedad, pero “Maus” de Spiegelman para mí fue importante. Cuando lo leí por primera vez me pareció que estaba buenísimo lo que contaba, pero para mi estaba “mal dibujado”. A ver, que no se mal entienda, mal dibujado para lo que en ese momento para mí era dibujar “bien” es decir, Marvel y DC, que era un prejuicio que tenia de chico, ¿me entendés lo que te digo? Y me re abrió la cabeza. Al muy poco tiempo también me encontré con el libro de Ezequiel García “Llegar a los 30”, y empecé a apreciar eso de que el dibujo no sea anatómicamente correcto, me pareció buenísimo. Esos dos libros me gustaron mucho. Creo que “Un paso en falso” tiene que tener algo de autobiográfico, tengo ese presentimiento. Hay ahí un conocimiento de la realidad que va más allá de la documentación. Me gusta lo que hace Alan Di Maro en “Cabrón”. De lo autobiográfico me gusta en realidad lo reflexivo. Me flasheó mucho Pedro Mancini en un momento. Venia re influenciado y no podía sacarme de la cabeza algunas cosas, pero no quise quedar re copión, jaja.
¿Cerrado el ciclo autorreferencial? (Con “Extraño”) me salió un término medio. Es una ficción que habla sobre cosas que me pasaron. Ahora ya no tengo la necesidad de hacer algo autobiográfico. Creo que si yo hubiese hablado más directamente de algunas cosas en “DTN”, habría estado mejor. Por ejemplo, en eventos se vendió muy bien el libro, lo compran mucho los adolescentes porque se ve que se ven identificados de alguna manera. Debe ser que piensan “si el chabón habla de esto, ¿por qué no hablo yo?” La primera intención fue sentirme mejor yo. Ahora le sacaría una cosa medio sensible… qué sé yo. Hoy hablaría más de la depresión como cuadro.
Para despegarse del protagonista de “Extraño”, Fantino le dio un diseño particular: por cabeza le puso un gran cuadrado negro con un redondísimo ojo blanco en el centro, sin boca y sin dejar claro si habla o no. En línea con sus exploraciones gráficas. La idea era utilizar un montón de recursos surrealistas, de hecho en “DTN” utilizo mucho la modificación de los cuerpos y objetos. Con respecto a esa cabeza negra, a ese silencio, quiero que quien lo lea interprete a su manera lo que le está pasando al personaje. No quería contar tanto el cómo conoció a una mujer. Yo quería contar que a veces uno está muy metido en todas las cosas malas que le suceden y de repente aparece algo instantáneo que vos no esperabas… A veces buscás algo y no lo encontrás, y sin darte cuenta ¡pum!, aparece. Eso me pasó con mi mujer, eso sí es autorreferencial. En un momento estaba muy sólo y re mal, había tenido problemas con las chicas y dije “ya fue, me quedo sólo”, realmente lo sentí, dije basta, me hinché las pelotas. Y al toque llegó María Laura, pero literal, eh. Y quería representar eso, si bien el personaje no es ella, algo que le debe pasar a un montón de gente. El tema era mostrar que el tipo tenía toda esa mierda adentro, que nada que ver, y sin embargo también le pasan cosas buenas. No me parecía tan relevante el proceso de cómo conoce a la chica, sino mostrar que a veces necesitás algo que aparece una vez que estás preparado internamente. Igual nadie entendió el final, eh (risas).
En realidad lo autobiográfico ahí es la parte laboral. Me estaba haciendo mierda el laburo, me estaban tratando mal. Y tenía la necesidad de ponerlo en algún lado. Me estaban acosando, presionando, me querían trasladar a la loma del orto, un laburo psicológico terrible me estaban haciendo. Pero no quería hacerlo literal autobiográfico. ¿Qué hice? Inventé un personaje que no podía hablar. Y yo venía de leer a Jason y a Lucas Varela en “El día más largo del futuro”. Entonces combiné el esquema de cuadritos del primero (que no usa muchos textos tampoco) y lo mudo del segundo, fue cruzar esos recursos.                                                                
El personaje de la jefa de Juan es posta; el lugar de trabajo de Juan era mi lugar de trabajo, así como la depresión y todas esas cosas; y algunas cosas de los flashbacks también. Así como algunos personajes, que son de mi vida personal también. Pero no todo.

3. Mejorando a cada rato.                                                         
El tema laboral, entonces, fue superado. Y a pesar de haberlo utilizado como marco de referencia para su ficción, a Fantino le pareció que daba para más. Y volvió a explorarlo a través de un nuevo fanzine, esta vez completamente autorreferencial, llamado (por supuesto) “Laburo”.
Esa historieta la dibujé luego de quedarme sin trabajo, para un concurso de historieta periodística. Me quedé sin trabajo, precisamente por situaciones de hostigamiento y presión psicológica para que accediera a una modificación de la modalidad de trabajo, lo que derivó en un retiro voluntario. Me di cuenta que me había estudiado la Ley de contrato de trabajo para defenderme y me pareció una buena idea contar lo que me había pasado, quizás le podía servir a alguien.               
“Laburo” no podría ser más que oportuna y actual, publicándose apenas dos meses antes de que comenzara a debatirse en las calles, en los medios y en el parlamento la controvertida reforma laboral que promueve el gobierno nacional. En las páginas de “Laburo”, Fantino no sólo habla de la situación personal que atravesó. Aprovecha para pensar en voz alta cuestiones como los regímenes de licencias especiales, el preaviso de despido o renuncia y las tramoyas y eufemismos habituales a los que recurren las empresas cuando quieren recortar personal. Asuntos que parece ya están siendo negociados por los legisladores y secretarios generales de los sindicatos, adivinen en favor de quién (¿alguien dijo Banelco?).
Hoy leo la reforma laboral que propone este gobierno  y me doy cuenta que hay varias cosas que me hubieran afectado al resultado final en cuanto a los términos de mi relación contractual. Siempre hubo una relación laboral tensa, pero yo me sentía “protegido” por las políticas laborales del anterior gobierno. Cuando asume el macrismo hubo despidos masivos en mi trabajo y se intensificaron algunos malos tratos. Más allá de que no haya ninguna modificación, las empresas ya captaron el mensaje.
Paradójicamente y sin habérselo propuesto ni planteado jamás, Fantino encarna el tan mentado espíritu emprendedor que entusiasma a la actual administración gobernante. Luego del penoso proceso narrado en “Laburo”, no se quedó de brazos cruzados y decidió andar un camino diferente, aunque no menos arduo: el de la independencia. El vehículo para hacerlo no podía ser otro que la historieta. Fantino pisó el acelerador a fondo y con la indemnización resultante de su anterior empleo, abrió su propia comiquería, donde le da un gran impulso a la historieta independiente y que le sirve también de base de operaciones. Cuando no está atendiendo clientes, está dibujando. Su nueva tira, por ejemplo, que se llama “Menos Peor” y se publica todos los viernes en el sitio de web cómics de editorial Loco Rabia.
Es una historieta sobre la salud mental y el amor incondicional. Es la historia de Apolo, un hombre-pájaro que padece varios trastornos psiquiátricos, intentando vivir y tener una relación sana con su mujer y con el mundo. Siempre me interesó este tema, siento que las enfermedades mentales son como el tabú del siglo 21: parece que nadie tiene nada, nadie toma medicación, nadie dice qué le pasa o qué está padeciendo. Nunca hice algo así, tan literal sobre este tema. Siempre tuve cuidado de lo que contaba, tenía miedo de que me relacionen con lo que dibujaba. Me siento más fuerte con respecto a eso. Además, estoy en un momento que me siento feliz en cuanto al estilo que estoy logrando. Y es en su estilo de dibujo, precisamente, donde se ve más claramente esa evolución. Si Fantino y sus personajes aún se parecen un poco y no se terminan de despegar del todo, es porque aún le quedan cosas por decir. Lo genial es ver cómo lo dice con cada viñeta.

Descubrir estas historietas es algo sumamente recomendable. Mientras las repaso para escribir esta nota, me doy cuenta de lo certero que es su autor para ponerles título. Aunque si me apuran, puedo decir que después de haberlas leído, más que menos peor uno se siente mucho mejor… y ya no tan extraño.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Por la vuelta


1. Que es un soplo la vida…

Sepan disculpar el lugar común, la frase remanida: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Hace apenas un año atrás, la sospecha de que no habría Comicópolis 2016 se convertía en amarga certeza. Y los meses que siguieron fueron de gran incertidumbre, hasta que apareció por redes sociales un anuncio oficial: había fecha para el regreso. Y resulta que ahora mismo, luego de tanta expectativa, estoy sentado esbozando un balance de lo que finalmente fue Comicópolis 2017, desde cuyo cierre han transcurrido ya siete días que también pasaron volando. Como el dato sobresaliente de esta edición es sin duda el cambio de sede (del original y gratuito Tecnópolis al restringido predio de La Rural), vuelvo a remontarme al pasado. En ese mismo lugar, hace ya diecinueve años, asistí a mi primera convención de historieta… Repito: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Y sin duda ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces, basta con repasar algunas de las notas escritas en este blog. Pero este retorno a Palermo sin duda nos invita a acompañar la crónica del evento con alguna reflexión…

2. Comicópolis 2017.

Estuvo todo muy lindo, de eso no hay dudas. Todas las muestras fueron interesantes. Destaco en particular la de las máquinas de Quino sobre todo por original, por rescatar una parte de su obra con la que los asistentes más jóvenes (un alto porcentaje del total) no estarán familiarizados, especialmente desde que el prócer dejara de publicar en medios gráficos nacionales hace ya unos años. Y además desde un costado creativo, corporizando las máquinas, sacándolas afuera de la viñeta, y dialogando reflexivamente (y con humor, por supuesto) con la tecnología omnipresente y de bolsillo que hoy es parte de nuestra cotidianeidad.
Sólo cuatro invitados internacionales recibimos esta vez, ninguno latinoamericano. Para los comiqueros superheroicos, Trina Robbins y Simon Bisley. La estadounidense firmó autógrafos, dictó un taller y brindó una concurrida charla sobre su experiencia haciendo historietas de Wonder Woman. El inglés, por su parte, tiene sus propios fans que no le perdieron rastro y se llevaron sus dibujos de Lobo autografiados. Del mismo modo que el francés Jean Yves Ferri, quien hoy por hoy es el encargado de dar vida con sus guiones nada menos que a Ásterix el galo.
El que sin duda jugó de local fue Yoichi Takahashi, el mangaka japonés creador de Capitán Tsubasa (Oliver Atom, para los que vimos el animé en los noventa), quien colmó la sala en cada jornada y generó largas filas para obtener su autógrafo.
¿Qué más? Hay una actividad que se ha constituido como infaltable dentro del evento, y que se fue consolidando como otro momento de gran comunión entre el público y los artistas argentinos. Hablo, por supuesto, del combate de dibujantes. Certamen que en cualquier momento se desprende por sí sólo en el Luna Park, dada la pasión que despierta. Esta vez el ganador absoluto fue Salvador Sanz, quien disputó la final contra Pablo Lobato.
Además estuvo el cosplay, claro. Que a mí personalmente no me copa ni un poco pero es indudablemente otra de las actividades populares entre el público y que siempre pone la nota pintoresca para los medios. Un movilero de TV siempre optará por hacerle una nota a algún grandulón disfrazado o mina semidesnuda antes que a un autor cuya obra haya que tomarse el trabajo de conocer mínimamente. Total “el mundo del cómic” es eso, gente jugando a ser un Stormtrooper.
¿Y las historietas? ¿Y los fanzines? Bien, gracias. En el galpón principal, una gran cantidad de stands de editoriales y comiquerías ofrecieron muchísimo material y bien variado, más allá de las toneladas de merchandising. Yo mismo conseguí un par de libros interesantes y a buen precio que quizás no hubiera encontrado en los lugares donde compro historietas regularmente. Y muchas editoriales aprovecharon para entregar a sus lectores ejemplares pre-vendidos de sus nuevos lanzamientos, los cuales eran presentados aquí a un sector más amplio que el público cautivo que los sigue atento el resto del año. 
Mientras recorría los pasillos llenos de gente que iba y venía, no pude evitar preguntarme por Santiago Maldonado.Y casi instantáneamente sus ojos me miraron desde un afiche pegado en un stand. Entonces pensé también en Oesterheld.
Un rumor que había circulado entre la patria fanzinera era que lo de “Tierra de fanzines” sería literal: al aire libre y sobre tierra. Ante el pronóstico meteorológico adverso (que el domingo se cumplió), fue grande el alivio cuando se dispusieron para ellos unas largas mesas bajo techo cerca del sector de los cosplayers, junto al auditorio de charlas. Con lo cual esta vuelta estuvieron menos aislados del resto del evento y no quedaron a merced de las ráfagas de viento.

3. Ecos y rimas.

En conclusión, salió todo bárbaro. Ahora bien, hay una idea que ronda mi cabeza y que intentaré articular y bajar a tierra lo mejor posible. Bienvenida la ayuda para el análisis en la sección de los comentarios. Es algo que puede parecer baladí, pero que para mí es central e implica bocha de cosas.
El festival cambió de lugar, pero mantuvo el nombre. Obvio que entiendo el por qué, y no vengo a tirar para atrás, porque yo mismo celebro que se haya podido hacer. Pero es algo que no deja (ni va a dejar) de hacer ruido. Cuando empecé esta nota, más arriba, mencioné mi primera convención de historieta, que se llevó a cabo en La Rural hace casi veinte años (yo entonces tenía trece). Hablo de Fantabaires ´98, la tercera de cuatro o cinco ediciones, no recuerdo cuántas exactamente. Tampoco guardo recuerdos nítidos de aquella primera excursión. Sé que yo estaba a full con los cómic books argentos y que me compré una hermosa remera negra con un Joker pintado a mano.
Siempre habrá quien invoque esa idea de que la Argentina es “cíclica”, y que el hecho de que este evento haya recalado en el predio de Palermo no es más que otro ejemplo de la misma. Yo digo que no. Que el hermoso festival al que asistimos el fin de semana pasado ya no es Comicópolis, pero tampoco es Fantabaires. Y que el futuro, como siempre, está en disputa.
Comicópolis está desde el principio fuertemente ligado a su festival hermano, el Viñetas Sueltas, evento impulsado por la asociación civil que lleva el mismo nombre y que desde 2008 se dedica a emprender diversas iniciativas que fomenten la historieta culturalmente. Cuando al Estado se interesa por fomentar la cultura y hacerla inclusiva, abre los espacios y, por consiguiente, los caminos. En el caso de Comicópolis se juntaron las voluntades. El festival de historieta nació en Tecnópolis, era abierto a todo público, y seguramente tenía algún pormenor que mejorar y lo fuera haciendo con cada edición. Pero sin duda permitió un encuentro verdadero entre la comunidad historietera y un público más vasto, diferente. El acento estaba puesto precisamente en una promoción cultural inclusiva, no tanto en el consumo (si bien obviamente también funcionaba como vidriera promotora de un incipiente mercado). En acercar la historieta a todas las personas que fuera posible. Imaginate que sos pibe y un sábado a la tarde vas con tus viejos o tus amigos a pasear al parque y cuando entrás se te llenan los ojos con los originales del Batman de Breyfogle, o los laburos de Spiegelman. Quizás nunca antes viste cómo se hace una historieta y de golpe pasás por una mesa y ves a Alcatena, a Capristo, a Olivetti o Gustavo Sala haciendo magia sobre una hoja en blanco con apenas un fibrón negro. O pudiste escuchar una charla interesante o ser hinchada de un combate de dibujantes. Quizás antes de entrar a Comicópolis no sabías que te encantaban las historietas, y por suerte esa tarde pudiste ver todas esas cosas y descubrirlo, a pesar de no haberte podido comprar ninguna. Pero no tuviste que pagar una entrada para acceder a eso. Esa era el alma de Comicópolis. La misión para los que vivimos esa experiencia, es seguir bancando y disfrutando el festival, más allá de dónde se haga o del nombre que lleve. Sin olvidar ese alma y a los que por esta vez (esperemos) se tuvieron que quedar afuera. ¿Cómo? Leyendo y recomendando, regalando historieta. Difundiendo, agitando. Cuidando que la lógica comercial no desplace la lectura  por la juguetería de Hollywood y Netflix (porque disfrazarse es divertido, pero en el comienzo el cómic era algo que se leía).


4. De aquí en más (¿de aquí a cien años?).

La agenda comiquera continúa ahora con la 8va edición de Crack Bang Boom, la convención de historieta de la ciudad de Rosario, que se llevará a cabo del 12 al 15 del mes próximo, con Frank Miller y Quino encabezando la lista de invitados. Yo no tuve la suerte de asistir a ninguna de sus ediciones y aún no sé si esta vuelta podrá ser. Pero todo indica que nuevamente será una fiesta.
El propósito de esta nota fue pensar un poco el sentido de estos eventos y cómo nos relacionamos con ellos como público. Desde luego, lo importante es que los haya. Queda más que claro el esfuerzo que los organizadores de Comicópolis han hecho después del frustrado 2016 para que estas nuevas jornadas hayan tenido lugar, y sin duda tenemos suerte de que ese grupo de personas pusieran todo de sí para que saliera tan bien. Pero los festivales y las comic-con no son todos iguales. ¿Cómo reaccionamos o nos adaptamos a las lógicas que cada uno tiene? ¿Qué discursos o ideas sobre la historieta se dibujan (valga el término) si el evento tiene un sesgo más cultural o más comercial? ¿Pasamos a ser la mercancía a veces sin darnos cuenta? Y lo más importante, ¿por qué permitimos que un día simplemente nos quiten nuestro derecho a la cultura? ¿Habrá que esperar la cancelación de la deuda externa de aquí a cien años para que un Estado nacional vuelva a interesarse en la historieta y la difunda de manera inclusiva?

domingo, 13 de agosto de 2017

El petiso barbudo.

1. Dos vacíos contribuye a llenar la publicación de Urgh y la corona de huesos, libro escrito y dibujado por Telémaco (quien habrá figurado hoy en el padrón electoral como Allocco Andrés Nicolás). Por un lado, como segundo título de Loquillos, la flamante colección de historietas infantiles y juveniles de la editorial Loco Rabia. La antología Fábulas en viñetas, integrada por un extenso seleccionado de autores, fue la que la inauguró. Al sello comandado por Alejandro Farías y Marcos Vergara le venía faltando una línea dedicada a este segmento de lectores y evidentemente han tomado el toro por las astas. Por otro lado, este cómic de Telémaco opera como experimento de un formato casi inexplorado hasta ahora en la historieta argentina: el de la saga de novelas gráficas por entregas. Es decir que Urgh y la corona de huesos, con sus más de 250 páginas es apenas el comienzo de una historia de largo aliento que se irá desplegando en varios tomos. Desde las solapas interiores de este primer libro ya se anuncia que el segundo está en proceso, dato deslizado seguramente para calmar la ansiedad de los jóvenes lectores al llegar a la última página, que te deja con ganas de más, pero sabiendo que conviene parar y mirar un poco hacia atrás antes de seguir avanzando. Porque si bien el arco argumental de este tomo cierra perfectamente (llevado hasta ese punto a buen ritmo y con gran fluidez narrativa), no necesita el típico  cartel de “continuará” coronando la última viñeta. El lector atento habrá ido tomando nota de cada pregunta sin contestar, de todos los senderos laterales por recorrer que el autor distribuyó a lo largo del camino, prácticamente desde las primeras páginas, y que seguro traerán cola. Algunos más sutilmente y otros de forma bien manifiesta, dejando en claro que estamos frente a una historia compleja y frondosa, que está pensada y planeada, y que invita inmediatamente a la relectura, a revisitar ciertas secuencias y apreciar los detalles. Pero... ¿de qué se trata el libro?


2. Urgh es un enano barbudo capaz de pelear contra varios oponentes a la vez sin más armas que sus propias manos, y que no habla a menos que sea absolutamente necesario, a diferencia de su hermano Dragón, que tiene dos cabezas y por ende dos bocas que no paran de pelear entre sí. Juntos habitan una vieja torre en las afueras de la aldea del bosque. Dicha torre les sirve de base de operaciones, el lugar en el que descansan de cada uno de sus viajes por diferentes geografías y tiempos. Sí, viajan en el tiempo a voluntad, por arte de magia. Lo cual no impide que el tiempo los corra a ellos: deben encontrar una serie de objetos mágicos dispersos antes de que sea demasiado tarde. La corona de huesos, claro está, es uno de ellos, el que habrán de hallar en esta aventura. Pero no sin sobresaltos.  En el proceso tropezarán con el malicioso Ulfrus y con los temibles leones devoradores de hombres. Por suerte también cruzarán su camino con personajes que los ayudarán y se sumarán a su búsqueda.
Puede que la trama suene simple, que por momentos parezca bastante lineal, sin embargo está llena de incógnitas por resolver, la cosa se les va complicando y a su vez cada personaje encierra una historia mucho más profunda tras de sí, que promete ir develándose y dar lugar a más aventuras. De todos ellos, el menos desarrollado hasta el momento es, paradójicamente, el propio Urgh. La portada misma del libro no parece darle gran protagonismo. Su tendencia al ostracismo no hace más que opacarlo, sobre todo junto a Dragón, que no deja de discutir consigo mismo. Probablemente Urgh se destape y nos sorprenda en el futuro. Habrá que seguirle el paso.


3. Con un estilo gráfico súper animado y una trama llena de aventura, humor e intrigas, Urgh y la corona de huesos no esconde influencias y referencias. Sin dejar de ser una historia originalísima, al leerlo es posible asociarlo con obras como Bone, Gravity Falls, El Rey León o Volver al Futuro. En cuanto saga, el único y reciente antecedente que se me ocurre es Amuleto, la historieta de Kazu Kibuishi que desde el año pasado publica en nuestro país la Editorial Común, y que lleva editados tres tomos hasta el momento. Sin duda es auspicioso que este tipo de historietas comiencen a ser más comunes en nuestro país, que en los últimos años, con Harry Potter a la cabeza, vio desarrollarse fuertemente el mercado de sagas de novelas juveniles, independientemente de su correlato en las carteleras de cine. Hay muchas buenas historias por ser contadas y lectores ávidos de descubrirlas. Sin duda Telémaco tiene una gran historia entre manos.

Con el Día del Niño a la vista, Al Rescate Cómics te tira esta recomendación para quedar bien con cualquier pibe o piba de 8 años en adelante. Y por supuesto esperamos el próximo libro: yo también quiero saber si Urgh encontrará el próximo objeto mágico…

miércoles, 5 de julio de 2017

Cuestión de carácter.

1. Lo que me encanta de llevar adelante este blog, son las cosas inesperadas con las que me voy encontrando. Uno lleva encima un mapa trazado de antemano a grandes rasgos en el cual figuran los diversos temas, títulos de libros y nombres de autores sobre los que investigar y escribir. Pero a lo largo del camino van surgiendo cosas en las que vale la pena detenerse. O mejor aún, adentrarse.
Si se sabe mirar, hay algo semioculto en la portada del libro “Subcomandante Marcos”, escrito y dibujado por Ian Debiase, pero que ahí está. Bajo la gorra estrellada y los ojos del Sub, tras los sellos editoriales responsables del bello volumen (Historieteca en coedición con Nunca Editora), hay insinuado un camino colorado que se pierde en el verde del monte. Yo dije “acá hay algo” y agarré el sendero de una. Lo bien que hice.
Las referencias anteriores que tenía de Ian Debiase no se asemejaban para nada con la propuesta de “Subcomandante Marcos”, ambas eran más bien humorísticas aunque también diferentes entre sí. La primera es la historieta “Canilla Libre”, que creó y dibujó para la revista Sudestada. Allí (con guiones de Ramiro Montero) daba vida a un canillita dueño de extraños poderes y a su perro Garufa, una dupla hilarante que nunca llegaba bien parada al final de cada episodio. “Nuncaenlavida”, en cambio, es una tira de humor sobre temas diversos de la vida cotidiana, sin personajes fijos o principales. Si uno además hojea los dos libros anteriores de Debiase (“La vida se parece tan poco a nuestros sueños que festejamos cada vez que llega el fin de semana” y “Corazón Sputnik”), ambos cargados de lírica ricotera  e ilustraciones con fuerte crítica al sistema, vuelve a sorprenderse de que se trate de la misma persona. ¿O no tanto? Es que en todos estos trabajos, para ponerlo en palabras del autor, hay un mismo carácter. Pero mejor dejo que se los explique él mismo, que me recibió en su estudio para charlar sobre “Subcomandante Marcos” y de paso poner en duda ciertas concepciones sobre el arte en general…

2. Al Rescate Comics: Hablemos primero de “Subcomandante Marcos”. ¿Cómo se te ocurrió hacer esta historieta? No es una biografía, no es una crónica ni una mera enumeración cronológica de hechos...

Ian Debiase: La idea del libro nace con la admiración previa que yo tengo por el personaje de Marcos y por la gesta y el laburo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En un primer momento la idea era hacer una biografía del personaje, o quizás contar en historieta la historia del EZLN. Y me pasó que para empezar a  pensar el guión, me puse a investigar más sobre el tema y profundicé en los textos, en los propios discursos de Marcos. Las cartas, los comunicados, los textos escritos. Y entendí que lograr los climas que logra el Subcomandante Marcos en sus textos iba a ser un trabajo inútil por fuera de ellos. Entonces ahí la idea, que todavía no era un libro, dejó de ser la de una biografía, sino la de trabajar con los textos, convertirlos a historieta. Es decir, no incluirlos en una estructura argumental propuesta por mí, insertándolos apenas en los cuadritos, porque así iban a terminar siendo protagonistas. Entonces la idea fue convertirlos. Eso le dio pie a un tipo de trabajo y de narrativa totalmente distinto de lo que yo suponía que iba a ser. Porque obligadamente tenía que buscar la forma narrativa desde lo visual para algo que no está pensado como un guión.
Yo creo que esa condición abrió la posibilidad  para que el dibujo pudiera soltarse de los ABC acostumbrados de una historieta. Porque me di cuenta que para no anclar los textos en una forma narrativa un poco más tradicional, que es la de un argumento o guión de historieta, lo mejor que podía pasar era que el dibujo acompañara un poco el vuelo que tenían los textos, que fuera en lo posible, parejito hacia donde los textos iban. El libro fue dibujado un poco de esa manera, tomándose las libertades que planteaban los textos.

ARC: No hace falta ni abrir el libro para remitirse inevitablemente a la biografía del Che que hicieron Héctor Oesterheld, Alberto y Enrique Breccia. Y hay otra correspondencia, me parece, entre la obra de HGO y el zapatismo: el tema del héroe colectivo. Se ha dejado en claro siempre que Marcos en realidad no existe, que es el personaje que los zapatistas crearon como cara visible (más allá del pasamontañas, claro) para oficiar de vocero de todo el movimiento. Vos fundiste a Marcos con el Eternauta, dibujando en un cuadro al Sub como el mítico Eternauta de Solano López, ese que camina de frente…

ID: Con respecto al Che de los dos Breccia y Oesterheld, es una referencia ultra presente para mí a la hora de hacer este libro. Pero en general es una de las historietas más admiradas por mí, de todas las que leí. Parte de decidir esquivar la forma de biografía fue también porque yo sentí que mi libro se iba a parecer demasiado. Pero sí, “Subcomandante Marcos”, el libro, está como un nenito mirando a su papá, en ese sentido. “Vida del Che” está presente acá.
Con respecto a lo que decís del Eternauta y tu lectura sobre el héroe colectivo y la analogía con Marcos, me sorprende y me gusta. Yo puse una viñeta, concretamente, donde Marcos deja al Viejo Antonio y se va caminando igual que el Eternauta. Es un guiño, no estaba seguro de si alguien se iba a dar cuenta (por lo visto vos sí). Está Marcos dibujado en la típica postura del Eternauta caminando bajo los copos de nieve, y yo dibujé algunos alrededor de Marcos también. Pero es un guiño, como un intercambio de miradas irónicas entre dos amigos en una reunión donde tienen que ocultar la complicidad. Es eso. Yo supongo que alguien que no está empapado lo suficiente del Eternauta esa viñeta la pasa de largo y funciona como una más dentro del libro. Y habrá también quien lo note.

ARC: Por todo esto que mencionás, a HGO no hacía falta ni nombrarlo para que estuviera presente en el libro, sin embargo en determinado momento aparece “a cara descubierta”, junto a su familia. Hablame de esa decisión tuya.

ID: A Oesterheld aproveché a incluirlo y dibujarlo en el capítulo de la carta que Marcos escribe a los organismos de DDHH (Madres y Abuelas) y a la Argentina toda, en realidad. En un capítulo que habla de la memoria, del genocidio y las desapariciones. Me pareció que era el lugar para dibujarlo a Oesterheld sin mayores demagogias, porque la figura del desparecido en ese capítulo está representada prácticamente sólo por la familia Oesterheld. El resto de los dibujos muestran generalidades. Y aparecen Oesterheld, la mujer y las hijas en una foto famosa en la que está la pareja dentro de una cuna y las hijas fuera. Es una foto que copié obviamente y está deformada. Y además aparecen las cuatro hijas también, ya militantes. Y ese cuadro está dibujado con tramas muy de la época Che de Alberto Breccia. Todo eso son en realidad pequeños gustos que me dí haciendo el libro. Relacionándolo un poco con lo que te decía antes, la cancha que yo tenía para desarrollar el dibujo, tenía los límites muy lejos. Entonces es un libro que me permitió hacer ese tipo de cosas sin que desentonara con el total.

ARC: Charlando hace poco con Lucas Nine, surgió el concepto de tejido conectivo, con respecto a ciertos elementos en el dibujo que a veces son objetos o segmentos de negros plenos, y que al repetirse a lo largo de una historieta la unifican. Lucas daba como ejemplo las “gotitas de Olivera” o las “texturas Del Castillo”. Aparecen en tu libro marcas como de capuchones o barritas…

ID: Es un recurso que tomé de Alberto Breccia, que convertía a sellos cualquier tipo de objeto. Es un recurso que tomé de ahí y me parecía que , más allá de que no es algo que se me ocurra a mí, de que lo saqué del Viejo, lo que da finalmente en la página ese tipo de cosas es que siempre hay algo del orden de lo inesperado. En pequeña escala, controlado. Porque en el caso del capuchón, sabés dónde aplicarlo. A veces tapás una parte para que no sea el objeto total, por ejemplo. Pero en una mancha siempre hay algo del orden de lo espontáneo. Y da resultados visuales muy frescos eso. Se nota cuando sumás la mancha. La línea es la mancha pensada, la mancha es la mancha

ARC: Más allá de la influencia de Breccia, sé que estudiaste con Juan Zanotto. ¿Cómo fue tu formación con él y qué otros referentes tenés?

ID: A Juan lo conocí en el año 2000 en la Escuela Argentina de Historietas. Cursé ese primer año de dibujo con él y ahí surgió la posibilidad de estudiar de manera particular y empecé a ir varias veces por semana a su casa y fue así hasta 2005, que murió. El viejo tuvo conmigo una generosidad infinita. Fue el único estudio de dibujo que tuve, y ni siquiera era del todo formal porque me trataba como si fuese de la familia. Poco después empecé a trabajar en el estudio de Alberto Saichann y Omar Aranda, donde estuve varios años también y aprendí bocha de cosas, pero ya era una situación de trabajo.
De todas formas, me reconozco más influenciado por otras disciplinas antes que por la historieta, de hecho mi cultura historietística no es muy rica que digamos. Pasé más tiempo con la literatura y la música y termino teniendo más presente aquellas cosas que a referentes de la historieta. Desde Camus, Onetti a Groucho Marx, Radiohead o el tango, es una bolsa de cosas. El arte político de los 60 y 70s. La llamada Contracultura. Por más cool y de moda que estén hoy. De historieta, Alberto Breccia, Pratt, José Muñoz, Zanotto, Quino, HGO también están presentes todo el tiempo, son los que me parecen admirables, porque te esculpen el adoquín que tenemos en la cabeza, y eso no pasa mucho. Y después hay otra dimensión de lo constitutivo de la que no se suele hablar tanto porque quizás es más vivencial, pero es increíble lo que pesan las experiencias a la hora de dibujar o de contar algo, y eso se nota. No digo para hacer piecitas autobiográficas del tipo “Cosas que me pasaron esta mañana”, sino esas experiencias que se parecen a las lecturas porque te van construyendo los puntos de vista y se terminan filtrando en lo que hagas. En el momento pensás que no tiene nada que ver, pero después ves que se dibuja muchísimo con eso también.

ARC: El libro se abre con una breve nota tuya en la que definís lo que suele llamarse “estilo” como un equívoco. ¿Te gustaría ampliar un poco esa idea?

ID: Lo que yo creo es que la búsqueda del estilo está muy bien y es necesaria, pero hay un riesgo muy grande que es caer en el estilismo. Y en general (por lo menos en la historieta, que es de lo que hablo en esa nota del comienzo) con ese estilismo se termina defendiendo y fotocopiando rasgos, que no hacen (a mi entender) al estilo de nadie. Yo no estoy muy interesado en que se reconozca un dibujo mío por la forma más cuadrada o redondeada de una nariz, o la forma en que dibujo las manos de un personaje. No estoy persiguiendo eso, si ocurre será fatalmente. Pero no me parece que un dibujante tenga que buscar eso. Porque me da la sensación de que se parece más a cuidar un patrimonio acumulado, que a una búsqueda creativa o de hacer algo que te entusiasme. Y yo supongo que cuando dibujaste narices lo suficiente para que te salgan siempre iguales, en algún momento te tenés que erotizar un cacho con hacer algo de otra forma. Entonces las ideas de estilo me parece que están muy cruzadas por todas estas cosas. Yo prefiero hablar de carácter. Tengo muy en claro el carácter de los tipos que yo admiro. Se ve en lo que hacen, se ve muy claramente el carácter en un dibujo, en una canción o en una novela. No el carácter o temperamento de la persona, sino de la obra. Si hay algo que uno debe buscar es un carácter que unifique todo lo que vos hagas, no tanto un estilo de dibujo.

ARC: ¿Qué sería lo que une a “Subcomandante Marcos” con tus libros anteriores?

ID: (Larga pausa) No lo sé. Yo siento que son parte de un todo. Les veo muchas diferencias, pero… digamos que es otro plantel de un mismo equipo. La camiseta es la misma, el cuadro es el mismo, los hinchas son los mismos, pero son otros jugadores. Hay una unidad íntima, que va más allá de que los haya hecho yo. Lo que sí veo es que en ninguno de los tres hay una preocupación muy grande por dar en la campanita. Por cumplir o tildar ítems. En los tres libros hay una mesa renga. Los primeros dos tienen un formato raro porque no son ilustración, ni textos ilustrados ni textos que expliquen las ilustraciones, conviven las dos cosas. Además son breves, y son un formato que está medio de espaldas a otros libros. Y con la historieta de Marcos puede pasar lo mismo. Terminó siendo un formato que se dio espontáneamente. Eso le da un carácter a los tres de bichos queridos.

ARC: Los primeros dos los publicaste vos mismo desde tu sello Nunca Editora. Para “Subcomandante Marcos” te aliaste con Historieteca. Contanos un poco de tu experiencia individual como editor independiente y cómo surgió  esta coedición.

ID: Yo le había mostrado a Marcelo (Pulido) las primeras páginas que tenía hechas, en 2013, y a partir de ahí cada vez que nos veíamos salía el tema. Creo que los dos estuvimos muy confiados y predispuestos desde el primer momento. En el medio, saqué los otros dos libros, y para Marcos unimos el trabajo. Entonces nos repartimos las tareas y todo anduvo joya. Con respecto a Nunca arrancó con la única finalidad de poder tomar decisiones editoriales con respecto al material. No hay pretensiones ideológicas, ni las hubo ni las hay. Eso es algo con lo que yo jodo desde la página, jugando con todos los yeites de esa llamada revolución caviar… hablaba con alguien el otro día: deberíamos dejar de usar las palabras “independiente” y “autogestión” por dos años, parafraseando a (Luis) Barrionuevo. Entonces fue así, todo aquello que conocí del mundo editorial, fue yendo yo atrás de mis libros. Venimos de un veranito desde hace unos años, donde empezó a editarse muchísimo en Argentina. En líneas generales con muy buena calidad de material y de edición. Y esas son las editoriales que fueron surgiendo, algunas más cercanas en el tiempo, pero otras desde hace una década o más, casi todas medianas o chicas, y que son las que hoy por hoy nos dan las novedades. Pero me parece que ese veranito se acabó. Por decisiones políticas, condicionamientos económicos, se volvió más difícil editar y ha vuelto a ser cada vez más difícil otra vez. Porque es un ciclo que ya ha ocurrido. Yo supongo que eso no va a hacer mella en la producción, porque Argentina tiene esa cosa misteriosa e inexplicable de que nadie deja de hacer. Y en la historieta quizás sea el doble de misterioso. Sí veo que gracias a ese empuje, en los últimos años la historieta empezó a tener un lugar aceptado en círculos y en ámbitos donde antes no entraba o entraba muy ocasionalmente. Cada vez más charlas en universidades, en algunas se ha creado la carrera de ilustración, de historieta, se hacen concursos nacionales o municipales. Creció el número de eventos de historieta, está ocupando más lugar en las librerías y debido a eso, a un público más general le es cada vez menos ajena. Pero no creo que sea algo masivo ni veo que lo vaya a ser, no podemos hablar de industria. Ahora bien, sería bueno que pudiéramos hablar de industria en términos estrictamente laborales, y culturales si querés. No en términos artísticos, porque ésas son cosas que no tiene nada que ver una con la otra. Una industria no te va a garantizar material de excelencia. Sí te va a garantizar que va a haber trabajo, trabajo mejor pago, una circulación, un producto cultural, fomento. Ese tipo de cosas. Pero dado que no la hay, encuentro algo positivo y es que esa factura queda en manos de gente que al final lo hace con mucha entrega, desde los dibujantes, guionistas, editores hasta los lectores, periodistas de historieta, etc. Me refiero a todos. Y los resultados tienden a ser menos conservadores y estandarizados, porque cuando te animás a tomar riesgos es porque tu ambición es otra.

ARC: ¿Estás trabajando ya en alguna nueva historieta? ¿Qué planes tenés para lo inmediato?

ID: Tengo en carpeta dos o tres cosas más en las que estoy trabajando y que seguramente cuando estén maduras vayan a tener formato de libro. En general hago, y después veo a donde va a parar una cosa o la otra. Por lo pronto, el próximo jueves 13 de julio, a las 21:30hs voy a hacer una nueva presentación de “Subcomandante Marcos” en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1250, CABA). Habrá música en vivo, charla y una muestra de dibujos originales. La entrada es gratis así que están todos invitados.


jueves, 25 de mayo de 2017

Más historieta en el horizonte.

1. El trazo continuo.

Explicar y contar el devenir de la Historieta Argentina sobre una línea de tiempo no es difícil. En todo caso, conviene saber de antemano que no es una línea recta. Su trazo (para hablar con propiedad) puede pasar de fino a grueso y además está chunga en varios segmentos. Pero es continua, de eso no hay duda. Yo la ví extenderse sobre el papel hace unos días durante el festival Dibujados, por ejemplo. Iba prolongándose de a tramitos sobre las mesas de los expositores, un poco con lápiz, otro tanto con marcador, con birome, con lo que hubiera a mano. No se detiene, es admirable. Sin embargo mucha gente creyó que se había cortado hacía tiempo, cuando las viñetas desaparecieron de los kioscos y las librerías. Afortunadamente, el periodista Martín Pérez se juntó con Liniers y decidieron plantar un mojón para que los lectores extraviados por el camino pudieran orientarse y seguirle el rastro. El resultado es Dis Tinta, un monumental volumen que reúne el trabajo de 33 autores contemporáneos bajo el rótulo de “Nueva Historieta Argentina”. Más allá del encomiable laburo y el extraordinario resultado, la verdadera hazaña fue lograr que el libro fuera publicado por una editorial grande como Sudamericana.
Consultados por Andrés Valenzuela para el diario Página 12, Liniers y Pérez lo plantean como “un gran complot de todos nosotros, los que estamos en el libro”. Porque parece que no fue fácil convencer al multinacional grupo editor de semejante proyecto. Pérez cuenta que para arrancar le pedían que el libro fuese “grande” en cantidad de páginas. Él aceptó y respondió sumando a Liniers como compilador, algo que obviamente tracciona ventas (si se me permite el vocablo electoralista).   
Huelga decir que el libro está bárbaro, editado en buen papel, a un tamaño ideal; que en virtud de la variedad de estéticas que incluye, tanto los colores como el blanco y negro están impresos como se debe; y que además no es caro. Es una belleza, no hay mucha vuelta que darle.
Ahora bien, vamos al contenido. Como toda antología, cada quién elegirá los trabajos que más le gusten, acaso descubrirá obras y autores que desconocía y se volverá a deleitar o disgustar con pasajes publicados previamente en otras páginas. Yo disfruté en particular los aportes de Frank Vega, Ayar Blasco, Ariel López V., el Polaco Scalerandi y Ezequiel García. Pero está buenísimo en general, hay páginas notables y se nota el esfuerzo en la edición para que el resultado sea equilibrado.
Habrá quien diga que "faltó este o sobra aquél". Pero no nos vamos a meter en esa cuestión, porque 384 páginas no alcanzan para abarcar el recorte temporal que el libro delimita. Ése es claramente el meollo del asunto, el acierto (¿involuntario?) de Liniers y Pérez: sobre la línea de tiempo mancharon con pincel y tinta china dos puntos que marcan el pasado inmediato y el hoy. Dis Tinta, el libro que acerca la “nueva” historieta argentina al gran público, en realidad opera como cierre de ciclo  y como nuevo punto de partida para seguir proyectando esa línea hacia adelante.

2. ¿Es la tinta distinta?

Dis Tinta comienza con un prólogo dibujado, a cargo de Liniers. Nueve cuadritos encadenados que recorren la página como un gusano y que pintan con insuperable poder de síntesis la paradoja de los dibujantes argentinos. ¿Es la falta de una industria bien constituída y estable lo que genera esa impronta distintiva en el resto del mundo? “El resultado de esa orfandad editorial es que todos los pibes que están en el libro tienen una búsqueda absolutamente personal y no dibujan pensando en que se los publique L’Association o Drawn & Quarterly o pirulo. Hay influencias, obviamente, pero son las que se buscó con libertad absoluta a partir del gesto absurdo de querer ser historietista en los 90 o 2000”, explica Liniers en la citada entrevista. Luego sigue una nota introductoria de Martín Pérez en la cual queda demarcado el comienzo del recorrido. Bajo la denominación de Los Suélteme (en la que se incluye a Parés, Podetti, Fayó, Sapia y Cachimba), se marca el límite entre los últimos historietistas que publicaron en revistas de historietas profesionales a mediados del siglo pasado, antes de que la industria bajara sus últimas persianas. Luego se describe a la generación incluída en el volumen, “que a esta altura, al menos desde dentro de esa comunidad de nuevos historietistas, está llena de nombres consagrados. Pero, para quienes miran desde afuera, son apenas dueños de universos aún por descubrir”, marca la cancha Pérez. Y continúa con un repaso de antecedentes, de estaciones  a lo largo de la línea, si se quiere, que por lo menos a mí como lector me suena a acto de justicia: se menciona a la revista Comiqueando, al fanzine Catzole, al blog Historietas Reales, a La Productora, al festival Viñetas Sueltas, la editorial Llanto de Mudo, la segunda versión de Fierro y hasta el libro Informe, antecedente directo de esta nueva antología. Todas experiencias en las que uno puede reconocerse a lo largo de ese trayecto que va, entonces, de los Suélteme para acá. Es por eso que planteo que es un libro bisagra. Claramente ni Gustavo Sala, ni Calvi, ni Lucas Varela, ni los Triperos son la “nueva” Historieta Argentina. Forman parte, en todo caso, de la generación de la resistencia, que llega a este punto del camino con gran madurez y mucho por ofrecer aún.

3. El horizonte y la calle blanca.

Pero, al final una vez que publican un libro como este ¿le buscás el pelo al huevo, chabón?, estará pensando quien leyó todo lo anterior. Nada de eso. Lo que quiero señalar es que el supuesto equívoco del subtítulo se ubica en esa diferenciación entre lectores “del palo” y  “de afuera” que hace el propio Pérez en su introducción. Una vez leídas esas líneas, comienza a gestarse el prodigio: según Liniers, para los dibujantes argentinos “el horizonte es el final de la mesa”. Con la sola aparición de Dis Tinta, han corrido el horizonte  hacia delante de un patadón. ¿Hasta dónde o hasta cuándo? Yo creo que depende apenas de dos cosas. La primera, más libros como este. “Es un pie en la puerta para todos: sirve para que otras editoriales también lo vean, que se dinamice, porque viéndolo hecho lo van a entender”, aventura Pérez.
La segunda cuestión, tiene que ver con qué tipo de historieta sepamos conseguir. ¿Crecerá el género o prevalecerán la introspección y la autorreferencia? ¿Por qué no aprovechar para llevar el término “novela gráfica” un poco más allá de las adaptaciones literarias o la fórmula “dibuperiodista viaja a zona de conflicto bélico”? ¿Qué onda con los superhéroes y la nueva patria nerd? Tiro esas puntas para seguir abriendo el juego como han hecho Martín PérezLiniers, los 33 dibujantes del libro y la editorial Sudamericana. Por ahora estamos en la calle blanca, entre una viñeta y la que le sigue.
Y permítanme cerrar diciendo que me resulta súper significativo que este libro se haya publicado justo en medio del paréntesis de Fierro, que ya está agitando por la red su inminente retorno. ¿Irá marcando camino hacia la nueva - Nueva Historieta Argentina o se mantendrá igual apenas cambiada? Le ponemos una ficha, obvio. Al Rescate siempre...