sábado, 25 de noviembre de 2017

Extrañamente normal.

Hace tiempo que este sitio no se actualiza, es cierto. Las razones son varias. Una de ellas es que para el 2018, que ya está próximo, Al Rescate Cómics se renovará en cuanto a sus temáticas habituales y seguramente también en su formato. Ampliaremos.
Mientras tanto, para ir cerrando el 2017 que se va, les traigo un repaso por la obra del amigo Fran Fantino, quien este año no paró de producir. Nos sentamos a charlar con él (ustedes y yo) para que nos cuente un poco cómo encontrarse con la historieta lo ayudó a conocerse a sí mismo y sobrellevar situaciones complicadas.
Basta de preámbulos entonces, bienvenid@s a Al Rescate Cómics

1. Haciendo cosas raras.              

Al comienzo de “Extraño”, el libro que Fran Fantino publicó este año (a través del sello Atmósfera), hay una cita que nos sirve como punto de partida ideal no sólo para apreciar dicha historieta. También es una buena brújula para aproximarnos a su obra, que es bastante frondosa y muestra una evolución lineal sin pausa a pesar de haberse desarrollado en un lapso de tiempo bastante corto (más de cinco publicaciones diferentes en apenas dos años). La cita pertenece al Libro Tibetano de la vida y la muerte y plantea lo siguiente: “En la ausencia de los elementos de apoyo que nos resultan familiares, quedamos cara a cara tan sólo con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño desconcertante con quien hemos vivido siempre, pero al que, en el fondo, nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividades, por aburridas y triviales que sean, y evitemos quedarnos a solas y en silencio con ese desconocido?”
Fantino transformó ese escape en búsqueda desde joven, interesándose por diferentes áreas de estudio, apropiándose de algo de cada una de ellas pero sin que ninguna le satisfaga completamente. Hasta que vislumbró un sendero posible a través del dibujo.
Mientras tanto, otros problemas lo aquejaban. Ataques de ansiedad y depresión combinados con un complicado trance de hostigamiento laboral. Decidido a salir del laberinto, comenzó a plasmar su proceso. Primero a través de dibujos sueltos, algo así como postales oníricas acompañadas cada una por breves líneas de texto. Luego jugando con los elementos del humor gráfico para transformarlo en melancolía y existencialismo gráfico (sin victimizarse ni bajonear al lector). También se animó a publicar todo eso bajo su propio sello independiente (Ediciones La Quinta) y ofrecerlo en cada evento de historieta que pudiera.
Así vieron la luz “Fanzine Extraño”, “Dibujos de un tipo normal” y “Reflexiones dibujadas” (el último compilando las viñetas publicadas en el blog de La Duendes - Historieta Patagónica durante 2016). Así lo cuenta el autor: cuando yo empecé a hacer “Dibujos de un Tipo Normal”, venía de estar en un momento re complicado. A nivel vida, laboral, me había separado… ¡me estaba yendo para el orto! (risas) La estaba pasando mal, venía arrastrando problemas familiares de hace años. ¿Y qué pasa con el humor gráfico, con la página? Vos podés plasmar lo que te pasa en algún lado y de forma más inmediata. Eso, en primer lugar. Por otro lado, los dibujantes somos muy autocríticos. Yo me daba con un caño. Entonces ese formato, de hacer cosas cortas, me servía para avanzar, sacarlas y aguantarme ese perfeccionismo de repetir “esto no me gusta” y lo que hacía, terminarlo. Mal no lo fue: sus historietas tuvieron aceptación entre lectores y colegas.



2. Extraño ser.

En el camino, Fantino fue puliendo su estilo gráfico y los demás asuntos se fueron solucionando. Porque cuando el carro anda, los melones se acomodan. Y como bien marca el I Ching, los momentos y las cosas no son permanentes, cambian a otros estados. Fran lo sintió un poco así y de esa forma surgió “Extraño”, historieta en la que se propuso hacer algo diferente, alejarse de lo autorreferencial creando personajes y situaciones ficticias. Aunque el protagonista se le parece bastante.
Básicamente, yo empecé a dibujar historieta cuando empecé a leer otras cosas. Un autor que me marcó, y siempre lo digo, es Jason. Cuando leí “Un paso en falso” se me activó algo en la cabeza y empecé a leerlo más y más, pensando “yo quiero hacer algo como esto”. Pero saliendo ya de lo autobiográfico, quería hacer otra cosa. Porque sentí que ya estaba, que estaba bien con lo que me había pasado y que dejé de padecer cosas y ya no necesitaba expresarlas de esa manera, medio literales.
Juan, el protagonista de “Extraño”, transita algo similar a lo de su autor, parece que anda buscándose a sí mismo en esa vida que lo tiene a mal traer. Y empieza un proceso que lo lleva a tener que entenderse no sólo con el presente que lo rodea, también con el pasado que arrastra y el futuro que vislumbra.
Ambos tocan la misma temática, que es la aceptación de uno mismo. Es más careta “DTN”. En realidad en “Extraño”, no siendo autobiográfico, termino hablando de cosas que quiero contar sobre mí. No sé si me explico, si se entiende. Es como que en “DTN” yo quería hablar de cosas como la ansiedad, la depresión…
La portada de “DTN” ofrece una pista: un astronauta flota alrededor de una píldora bicolor mientras anuncia “Houston, tenemos un problema”, haciendo referencia a la relación entre los malestares emocionales y los medicamentos.
Claro… Y eso tiene que ver con la depresión y con un montón de cosas que me pasaban a mí. Ahora, yo lo tomo con humor y no termino de contar lo que a mí realmente me pasó. Porque tenía miedo de exponerme demasiado. Yo trabajaba en relación de dependencia, podía ser leído por un compañero de trabajo o alguien y tener alguna repercusión negativa. Y en “Extraño” hablo directamente de esa depresión y ansiedad, del no poder expresar algo. Pero de forma más literal. Igual en “DTN” soy yo cien por ciento, y en “Extraño” no. Bah, no soy yo, aunque aparezca alguna cosa de mi vida personal. Quizás el que me conoce lo conecte un poco más…
¿Y cómo se lleva Fantino, como lector, con el género autobiográfico? Que en Argentina tuvo su momento de auge no hace tanto tiempo. Es medio una obviedad, pero “Maus” de Spiegelman para mí fue importante. Cuando lo leí por primera vez me pareció que estaba buenísimo lo que contaba, pero para mi estaba “mal dibujado”. A ver, que no se mal entienda, mal dibujado para lo que en ese momento para mí era dibujar “bien” es decir, Marvel y DC, que era un prejuicio que tenia de chico, ¿me entendés lo que te digo? Y me re abrió la cabeza. Al muy poco tiempo también me encontré con el libro de Ezequiel García “Llegar a los 30”, y empecé a apreciar eso de que el dibujo no sea anatómicamente correcto, me pareció buenísimo. Esos dos libros me gustaron mucho. Creo que “Un paso en falso” tiene que tener algo de autobiográfico, tengo ese presentimiento. Hay ahí un conocimiento de la realidad que va más allá de la documentación. Me gusta lo que hace Alan Di Maro en “Cabrón”. De lo autobiográfico me gusta en realidad lo reflexivo. Me flasheó mucho Pedro Mancini en un momento. Venia re influenciado y no podía sacarme de la cabeza algunas cosas, pero no quise quedar re copión, jaja.
¿Cerrado el ciclo autorreferencial? (Con “Extraño”) me salió un término medio. Es una ficción que habla sobre cosas que me pasaron. Ahora ya no tengo la necesidad de hacer algo autobiográfico. Creo que si yo hubiese hablado más directamente de algunas cosas en “DTN”, habría estado mejor. Por ejemplo, en eventos se vendió muy bien el libro, lo compran mucho los adolescentes porque se ve que se ven identificados de alguna manera. Debe ser que piensan “si el chabón habla de esto, ¿por qué no hablo yo?” La primera intención fue sentirme mejor yo. Ahora le sacaría una cosa medio sensible… qué sé yo. Hoy hablaría más de la depresión como cuadro.
Para despegarse del protagonista de “Extraño”, Fantino le dio un diseño particular: por cabeza le puso un gran cuadrado negro con un redondísimo ojo blanco en el centro, sin boca y sin dejar claro si habla o no. En línea con sus exploraciones gráficas. La idea era utilizar un montón de recursos surrealistas, de hecho en “DTN” utilizo mucho la modificación de los cuerpos y objetos. Con respecto a esa cabeza negra, a ese silencio, quiero que quien lo lea interprete a su manera lo que le está pasando al personaje. No quería contar tanto el cómo conoció a una mujer. Yo quería contar que a veces uno está muy metido en todas las cosas malas que le suceden y de repente aparece algo instantáneo que vos no esperabas… A veces buscás algo y no lo encontrás, y sin darte cuenta ¡pum!, aparece. Eso me pasó con mi mujer, eso sí es autorreferencial. En un momento estaba muy sólo y re mal, había tenido problemas con las chicas y dije “ya fue, me quedo sólo”, realmente lo sentí, dije basta, me hinché las pelotas. Y al toque llegó María Laura, pero literal, eh. Y quería representar eso, si bien el personaje no es ella, algo que le debe pasar a un montón de gente. El tema era mostrar que el tipo tenía toda esa mierda adentro, que nada que ver, y sin embargo también le pasan cosas buenas. No me parecía tan relevante el proceso de cómo conoce a la chica, sino mostrar que a veces necesitás algo que aparece una vez que estás preparado internamente. Igual nadie entendió el final, eh (risas).
En realidad lo autobiográfico ahí es la parte laboral. Me estaba haciendo mierda el laburo, me estaban tratando mal. Y tenía la necesidad de ponerlo en algún lado. Me estaban acosando, presionando, me querían trasladar a la loma del orto, un laburo psicológico terrible me estaban haciendo. Pero no quería hacerlo literal autobiográfico. ¿Qué hice? Inventé un personaje que no podía hablar. Y yo venía de leer a Jason y a Lucas Varela en “El día más largo del futuro”. Entonces combiné el esquema de cuadritos del primero (que no usa muchos textos tampoco) y lo mudo del segundo, fue cruzar esos recursos.                                                                
El personaje de la jefa de Juan es posta; el lugar de trabajo de Juan era mi lugar de trabajo, así como la depresión y todas esas cosas; y algunas cosas de los flashbacks también. Así como algunos personajes, que son de mi vida personal también. Pero no todo.

3. Mejorando a cada rato.                                                         
El tema laboral, entonces, fue superado. Y a pesar de haberlo utilizado como marco de referencia para su ficción, a Fantino le pareció que daba para más. Y volvió a explorarlo a través de un nuevo fanzine, esta vez completamente autorreferencial, llamado (por supuesto) “Laburo”.
Esa historieta la dibujé luego de quedarme sin trabajo, para un concurso de historieta periodística. Me quedé sin trabajo, precisamente por situaciones de hostigamiento y presión psicológica para que accediera a una modificación de la modalidad de trabajo, lo que derivó en un retiro voluntario. Me di cuenta que me había estudiado la Ley de contrato de trabajo para defenderme y me pareció una buena idea contar lo que me había pasado, quizás le podía servir a alguien.               
“Laburo” no podría ser más que oportuna y actual, publicándose apenas dos meses antes de que comenzara a debatirse en las calles, en los medios y en el parlamento la controvertida reforma laboral que promueve el gobierno nacional. En las páginas de “Laburo”, Fantino no sólo habla de la situación personal que atravesó. Aprovecha para pensar en voz alta cuestiones como los regímenes de licencias especiales, el preaviso de despido o renuncia y las tramoyas y eufemismos habituales a los que recurren las empresas cuando quieren recortar personal. Asuntos que parece ya están siendo negociados por los legisladores y secretarios generales de los sindicatos, adivinen en favor de quién (¿alguien dijo Banelco?).
Hoy leo la reforma laboral que propone este gobierno  y me doy cuenta que hay varias cosas que me hubieran afectado al resultado final en cuanto a los términos de mi relación contractual. Siempre hubo una relación laboral tensa, pero yo me sentía “protegido” por las políticas laborales del anterior gobierno. Cuando asume el macrismo hubo despidos masivos en mi trabajo y se intensificaron algunos malos tratos. Más allá de que no haya ninguna modificación, las empresas ya captaron el mensaje.
Paradójicamente y sin habérselo propuesto ni planteado jamás, Fantino encarna el tan mentado espíritu emprendedor que entusiasma a la actual administración gobernante. Luego del penoso proceso narrado en “Laburo”, no se quedó de brazos cruzados y decidió andar un camino diferente, aunque no menos arduo: el de la independencia. El vehículo para hacerlo no podía ser otro que la historieta. Fantino pisó el acelerador a fondo y con la indemnización resultante de su anterior empleo, abrió su propia comiquería, donde le da un gran impulso a la historieta independiente y que le sirve también de base de operaciones. Cuando no está atendiendo clientes, está dibujando. Su nueva tira, por ejemplo, que se llama “Menos Peor” y se publica todos los viernes en el sitio de web cómics de editorial Loco Rabia.
Es una historieta sobre la salud mental y el amor incondicional. Es la historia de Apolo, un hombre-pájaro que padece varios trastornos psiquiátricos, intentando vivir y tener una relación sana con su mujer y con el mundo. Siempre me interesó este tema, siento que las enfermedades mentales son como el tabú del siglo 21: parece que nadie tiene nada, nadie toma medicación, nadie dice qué le pasa o qué está padeciendo. Nunca hice algo así, tan literal sobre este tema. Siempre tuve cuidado de lo que contaba, tenía miedo de que me relacionen con lo que dibujaba. Me siento más fuerte con respecto a eso. Además, estoy en un momento que me siento feliz en cuanto al estilo que estoy logrando. Y es en su estilo de dibujo, precisamente, donde se ve más claramente esa evolución. Si Fantino y sus personajes aún se parecen un poco y no se terminan de despegar del todo, es porque aún le quedan cosas por decir. Lo genial es ver cómo lo dice con cada viñeta.

Descubrir estas historietas es algo sumamente recomendable. Mientras las repaso para escribir esta nota, me doy cuenta de lo certero que es su autor para ponerles título. Aunque si me apuran, puedo decir que después de haberlas leído, más que menos peor uno se siente mucho mejor… y ya no tan extraño.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Por la vuelta


1. Que es un soplo la vida…

Sepan disculpar el lugar común, la frase remanida: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Hace apenas un año atrás, la sospecha de que no habría Comicópolis 2016 se convertía en amarga certeza. Y los meses que siguieron fueron de gran incertidumbre, hasta que apareció por redes sociales un anuncio oficial: había fecha para el regreso. Y resulta que ahora mismo, luego de tanta expectativa, estoy sentado esbozando un balance de lo que finalmente fue Comicópolis 2017, desde cuyo cierre han transcurrido ya siete días que también pasaron volando. Como el dato sobresaliente de esta edición es sin duda el cambio de sede (del original y gratuito Tecnópolis al restringido predio de La Rural), vuelvo a remontarme al pasado. En ese mismo lugar, hace ya diecinueve años, asistí a mi primera convención de historieta… Repito: ¡qué lo parió, cómo pasa el tiempo! Y sin duda ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces, basta con repasar algunas de las notas escritas en este blog. Pero este retorno a Palermo sin duda nos invita a acompañar la crónica del evento con alguna reflexión…

2. Comicópolis 2017.

Estuvo todo muy lindo, de eso no hay dudas. Todas las muestras fueron interesantes. Destaco en particular la de las máquinas de Quino sobre todo por original, por rescatar una parte de su obra con la que los asistentes más jóvenes (un alto porcentaje del total) no estarán familiarizados, especialmente desde que el prócer dejara de publicar en medios gráficos nacionales hace ya unos años. Y además desde un costado creativo, corporizando las máquinas, sacándolas afuera de la viñeta, y dialogando reflexivamente (y con humor, por supuesto) con la tecnología omnipresente y de bolsillo que hoy es parte de nuestra cotidianeidad.
Sólo cuatro invitados internacionales recibimos esta vez, ninguno latinoamericano. Para los comiqueros superheroicos, Trina Robbins y Simon Bisley. La estadounidense firmó autógrafos, dictó un taller y brindó una concurrida charla sobre su experiencia haciendo historietas de Wonder Woman. El inglés, por su parte, tiene sus propios fans que no le perdieron rastro y se llevaron sus dibujos de Lobo autografiados. Del mismo modo que el francés Jean Yves Ferri, quien hoy por hoy es el encargado de dar vida con sus guiones nada menos que a Ásterix el galo.
El que sin duda jugó de local fue Yoichi Takahashi, el mangaka japonés creador de Capitán Tsubasa (Oliver Atom, para los que vimos el animé en los noventa), quien colmó la sala en cada jornada y generó largas filas para obtener su autógrafo.
¿Qué más? Hay una actividad que se ha constituido como infaltable dentro del evento, y que se fue consolidando como otro momento de gran comunión entre el público y los artistas argentinos. Hablo, por supuesto, del combate de dibujantes. Certamen que en cualquier momento se desprende por sí sólo en el Luna Park, dada la pasión que despierta. Esta vez el ganador absoluto fue Salvador Sanz, quien disputó la final contra Pablo Lobato.
Además estuvo el cosplay, claro. Que a mí personalmente no me copa ni un poco pero es indudablemente otra de las actividades populares entre el público y que siempre pone la nota pintoresca para los medios. Un movilero de TV siempre optará por hacerle una nota a algún grandulón disfrazado o mina semidesnuda antes que a un autor cuya obra haya que tomarse el trabajo de conocer mínimamente. Total “el mundo del cómic” es eso, gente jugando a ser un Stormtrooper.
¿Y las historietas? ¿Y los fanzines? Bien, gracias. En el galpón principal, una gran cantidad de stands de editoriales y comiquerías ofrecieron muchísimo material y bien variado, más allá de las toneladas de merchandising. Yo mismo conseguí un par de libros interesantes y a buen precio que quizás no hubiera encontrado en los lugares donde compro historietas regularmente. Y muchas editoriales aprovecharon para entregar a sus lectores ejemplares pre-vendidos de sus nuevos lanzamientos, los cuales eran presentados aquí a un sector más amplio que el público cautivo que los sigue atento el resto del año. 
Mientras recorría los pasillos llenos de gente que iba y venía, no pude evitar preguntarme por Santiago Maldonado.Y casi instantáneamente sus ojos me miraron desde un afiche pegado en un stand. Entonces pensé también en Oesterheld.
Un rumor que había circulado entre la patria fanzinera era que lo de “Tierra de fanzines” sería literal: al aire libre y sobre tierra. Ante el pronóstico meteorológico adverso (que el domingo se cumplió), fue grande el alivio cuando se dispusieron para ellos unas largas mesas bajo techo cerca del sector de los cosplayers, junto al auditorio de charlas. Con lo cual esta vuelta estuvieron menos aislados del resto del evento y no quedaron a merced de las ráfagas de viento.

3. Ecos y rimas.

En conclusión, salió todo bárbaro. Ahora bien, hay una idea que ronda mi cabeza y que intentaré articular y bajar a tierra lo mejor posible. Bienvenida la ayuda para el análisis en la sección de los comentarios. Es algo que puede parecer baladí, pero que para mí es central e implica bocha de cosas.
El festival cambió de lugar, pero mantuvo el nombre. Obvio que entiendo el por qué, y no vengo a tirar para atrás, porque yo mismo celebro que se haya podido hacer. Pero es algo que no deja (ni va a dejar) de hacer ruido. Cuando empecé esta nota, más arriba, mencioné mi primera convención de historieta, que se llevó a cabo en La Rural hace casi veinte años (yo entonces tenía trece). Hablo de Fantabaires ´98, la tercera de cuatro o cinco ediciones, no recuerdo cuántas exactamente. Tampoco guardo recuerdos nítidos de aquella primera excursión. Sé que yo estaba a full con los cómic books argentos y que me compré una hermosa remera negra con un Joker pintado a mano.
Siempre habrá quien invoque esa idea de que la Argentina es “cíclica”, y que el hecho de que este evento haya recalado en el predio de Palermo no es más que otro ejemplo de la misma. Yo digo que no. Que el hermoso festival al que asistimos el fin de semana pasado ya no es Comicópolis, pero tampoco es Fantabaires. Y que el futuro, como siempre, está en disputa.
Comicópolis está desde el principio fuertemente ligado a su festival hermano, el Viñetas Sueltas, evento impulsado por la asociación civil que lleva el mismo nombre y que desde 2008 se dedica a emprender diversas iniciativas que fomenten la historieta culturalmente. Cuando al Estado se interesa por fomentar la cultura y hacerla inclusiva, abre los espacios y, por consiguiente, los caminos. En el caso de Comicópolis se juntaron las voluntades. El festival de historieta nació en Tecnópolis, era abierto a todo público, y seguramente tenía algún pormenor que mejorar y lo fuera haciendo con cada edición. Pero sin duda permitió un encuentro verdadero entre la comunidad historietera y un público más vasto, diferente. El acento estaba puesto precisamente en una promoción cultural inclusiva, no tanto en el consumo (si bien obviamente también funcionaba como vidriera promotora de un incipiente mercado). En acercar la historieta a todas las personas que fuera posible. Imaginate que sos pibe y un sábado a la tarde vas con tus viejos o tus amigos a pasear al parque y cuando entrás se te llenan los ojos con los originales del Batman de Breyfogle, o los laburos de Spiegelman. Quizás nunca antes viste cómo se hace una historieta y de golpe pasás por una mesa y ves a Alcatena, a Capristo, a Olivetti o Gustavo Sala haciendo magia sobre una hoja en blanco con apenas un fibrón negro. O pudiste escuchar una charla interesante o ser hinchada de un combate de dibujantes. Quizás antes de entrar a Comicópolis no sabías que te encantaban las historietas, y por suerte esa tarde pudiste ver todas esas cosas y descubrirlo, a pesar de no haberte podido comprar ninguna. Pero no tuviste que pagar una entrada para acceder a eso. Esa era el alma de Comicópolis. La misión para los que vivimos esa experiencia, es seguir bancando y disfrutando el festival, más allá de dónde se haga o del nombre que lleve. Sin olvidar ese alma y a los que por esta vez (esperemos) se tuvieron que quedar afuera. ¿Cómo? Leyendo y recomendando, regalando historieta. Difundiendo, agitando. Cuidando que la lógica comercial no desplace la lectura  por la juguetería de Hollywood y Netflix (porque disfrazarse es divertido, pero en el comienzo el cómic era algo que se leía).


4. De aquí en más (¿de aquí a cien años?).

La agenda comiquera continúa ahora con la 8va edición de Crack Bang Boom, la convención de historieta de la ciudad de Rosario, que se llevará a cabo del 12 al 15 del mes próximo, con Frank Miller y Quino encabezando la lista de invitados. Yo no tuve la suerte de asistir a ninguna de sus ediciones y aún no sé si esta vuelta podrá ser. Pero todo indica que nuevamente será una fiesta.
El propósito de esta nota fue pensar un poco el sentido de estos eventos y cómo nos relacionamos con ellos como público. Desde luego, lo importante es que los haya. Queda más que claro el esfuerzo que los organizadores de Comicópolis han hecho después del frustrado 2016 para que estas nuevas jornadas hayan tenido lugar, y sin duda tenemos suerte de que ese grupo de personas pusieran todo de sí para que saliera tan bien. Pero los festivales y las comic-con no son todos iguales. ¿Cómo reaccionamos o nos adaptamos a las lógicas que cada uno tiene? ¿Qué discursos o ideas sobre la historieta se dibujan (valga el término) si el evento tiene un sesgo más cultural o más comercial? ¿Pasamos a ser la mercancía a veces sin darnos cuenta? Y lo más importante, ¿por qué permitimos que un día simplemente nos quiten nuestro derecho a la cultura? ¿Habrá que esperar la cancelación de la deuda externa de aquí a cien años para que un Estado nacional vuelva a interesarse en la historieta y la difunda de manera inclusiva?

domingo, 13 de agosto de 2017

El petiso barbudo.

1. Dos vacíos contribuye a llenar la publicación de Urgh y la corona de huesos, libro escrito y dibujado por Telémaco (quien habrá figurado hoy en el padrón electoral como Allocco Andrés Nicolás). Por un lado, como segundo título de Loquillos, la flamante colección de historietas infantiles y juveniles de la editorial Loco Rabia. La antología Fábulas en viñetas, integrada por un extenso seleccionado de autores, fue la que la inauguró. Al sello comandado por Alejandro Farías y Marcos Vergara le venía faltando una línea dedicada a este segmento de lectores y evidentemente han tomado el toro por las astas. Por otro lado, este cómic de Telémaco opera como experimento de un formato casi inexplorado hasta ahora en la historieta argentina: el de la saga de novelas gráficas por entregas. Es decir que Urgh y la corona de huesos, con sus más de 250 páginas es apenas el comienzo de una historia de largo aliento que se irá desplegando en varios tomos. Desde las solapas interiores de este primer libro ya se anuncia que el segundo está en proceso, dato deslizado seguramente para calmar la ansiedad de los jóvenes lectores al llegar a la última página, que te deja con ganas de más, pero sabiendo que conviene parar y mirar un poco hacia atrás antes de seguir avanzando. Porque si bien el arco argumental de este tomo cierra perfectamente (llevado hasta ese punto a buen ritmo y con gran fluidez narrativa), no necesita el típico  cartel de “continuará” coronando la última viñeta. El lector atento habrá ido tomando nota de cada pregunta sin contestar, de todos los senderos laterales por recorrer que el autor distribuyó a lo largo del camino, prácticamente desde las primeras páginas, y que seguro traerán cola. Algunos más sutilmente y otros de forma bien manifiesta, dejando en claro que estamos frente a una historia compleja y frondosa, que está pensada y planeada, y que invita inmediatamente a la relectura, a revisitar ciertas secuencias y apreciar los detalles. Pero... ¿de qué se trata el libro?


2. Urgh es un enano barbudo capaz de pelear contra varios oponentes a la vez sin más armas que sus propias manos, y que no habla a menos que sea absolutamente necesario, a diferencia de su hermano Dragón, que tiene dos cabezas y por ende dos bocas que no paran de pelear entre sí. Juntos habitan una vieja torre en las afueras de la aldea del bosque. Dicha torre les sirve de base de operaciones, el lugar en el que descansan de cada uno de sus viajes por diferentes geografías y tiempos. Sí, viajan en el tiempo a voluntad, por arte de magia. Lo cual no impide que el tiempo los corra a ellos: deben encontrar una serie de objetos mágicos dispersos antes de que sea demasiado tarde. La corona de huesos, claro está, es uno de ellos, el que habrán de hallar en esta aventura. Pero no sin sobresaltos.  En el proceso tropezarán con el malicioso Ulfrus y con los temibles leones devoradores de hombres. Por suerte también cruzarán su camino con personajes que los ayudarán y se sumarán a su búsqueda.
Puede que la trama suene simple, que por momentos parezca bastante lineal, sin embargo está llena de incógnitas por resolver, la cosa se les va complicando y a su vez cada personaje encierra una historia mucho más profunda tras de sí, que promete ir develándose y dar lugar a más aventuras. De todos ellos, el menos desarrollado hasta el momento es, paradójicamente, el propio Urgh. La portada misma del libro no parece darle gran protagonismo. Su tendencia al ostracismo no hace más que opacarlo, sobre todo junto a Dragón, que no deja de discutir consigo mismo. Probablemente Urgh se destape y nos sorprenda en el futuro. Habrá que seguirle el paso.


3. Con un estilo gráfico súper animado y una trama llena de aventura, humor e intrigas, Urgh y la corona de huesos no esconde influencias y referencias. Sin dejar de ser una historia originalísima, al leerlo es posible asociarlo con obras como Bone, Gravity Falls, El Rey León o Volver al Futuro. En cuanto saga, el único y reciente antecedente que se me ocurre es Amuleto, la historieta de Kazu Kibuishi que desde el año pasado publica en nuestro país la Editorial Común, y que lleva editados tres tomos hasta el momento. Sin duda es auspicioso que este tipo de historietas comiencen a ser más comunes en nuestro país, que en los últimos años, con Harry Potter a la cabeza, vio desarrollarse fuertemente el mercado de sagas de novelas juveniles, independientemente de su correlato en las carteleras de cine. Hay muchas buenas historias por ser contadas y lectores ávidos de descubrirlas. Sin duda Telémaco tiene una gran historia entre manos.

Con el Día del Niño a la vista, Al Rescate Cómics te tira esta recomendación para quedar bien con cualquier pibe o piba de 8 años en adelante. Y por supuesto esperamos el próximo libro: yo también quiero saber si Urgh encontrará el próximo objeto mágico…

miércoles, 5 de julio de 2017

Cuestión de carácter.

1. Lo que me encanta de llevar adelante este blog, son las cosas inesperadas con las que me voy encontrando. Uno lleva encima un mapa trazado de antemano a grandes rasgos en el cual figuran los diversos temas, títulos de libros y nombres de autores sobre los que investigar y escribir. Pero a lo largo del camino van surgiendo cosas en las que vale la pena detenerse. O mejor aún, adentrarse.
Si se sabe mirar, hay algo semioculto en la portada del libro “Subcomandante Marcos”, escrito y dibujado por Ian Debiase, pero que ahí está. Bajo la gorra estrellada y los ojos del Sub, tras los sellos editoriales responsables del bello volumen (Historieteca en coedición con Nunca Editora), hay insinuado un camino colorado que se pierde en el verde del monte. Yo dije “acá hay algo” y agarré el sendero de una. Lo bien que hice.
Las referencias anteriores que tenía de Ian Debiase no se asemejaban para nada con la propuesta de “Subcomandante Marcos”, ambas eran más bien humorísticas aunque también diferentes entre sí. La primera es la historieta “Canilla Libre”, que creó y dibujó para la revista Sudestada. Allí (con guiones de Ramiro Montero) daba vida a un canillita dueño de extraños poderes y a su perro Garufa, una dupla hilarante que nunca llegaba bien parada al final de cada episodio. “Nuncaenlavida”, en cambio, es una tira de humor sobre temas diversos de la vida cotidiana, sin personajes fijos o principales. Si uno además hojea los dos libros anteriores de Debiase (“La vida se parece tan poco a nuestros sueños que festejamos cada vez que llega el fin de semana” y “Corazón Sputnik”), ambos cargados de lírica ricotera  e ilustraciones con fuerte crítica al sistema, vuelve a sorprenderse de que se trate de la misma persona. ¿O no tanto? Es que en todos estos trabajos, para ponerlo en palabras del autor, hay un mismo carácter. Pero mejor dejo que se los explique él mismo, que me recibió en su estudio para charlar sobre “Subcomandante Marcos” y de paso poner en duda ciertas concepciones sobre el arte en general…

2. Al Rescate Comics: Hablemos primero de “Subcomandante Marcos”. ¿Cómo se te ocurrió hacer esta historieta? No es una biografía, no es una crónica ni una mera enumeración cronológica de hechos...

Ian Debiase: La idea del libro nace con la admiración previa que yo tengo por el personaje de Marcos y por la gesta y el laburo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. En un primer momento la idea era hacer una biografía del personaje, o quizás contar en historieta la historia del EZLN. Y me pasó que para empezar a  pensar el guión, me puse a investigar más sobre el tema y profundicé en los textos, en los propios discursos de Marcos. Las cartas, los comunicados, los textos escritos. Y entendí que lograr los climas que logra el Subcomandante Marcos en sus textos iba a ser un trabajo inútil por fuera de ellos. Entonces ahí la idea, que todavía no era un libro, dejó de ser la de una biografía, sino la de trabajar con los textos, convertirlos a historieta. Es decir, no incluirlos en una estructura argumental propuesta por mí, insertándolos apenas en los cuadritos, porque así iban a terminar siendo protagonistas. Entonces la idea fue convertirlos. Eso le dio pie a un tipo de trabajo y de narrativa totalmente distinto de lo que yo suponía que iba a ser. Porque obligadamente tenía que buscar la forma narrativa desde lo visual para algo que no está pensado como un guión.
Yo creo que esa condición abrió la posibilidad  para que el dibujo pudiera soltarse de los ABC acostumbrados de una historieta. Porque me di cuenta que para no anclar los textos en una forma narrativa un poco más tradicional, que es la de un argumento o guión de historieta, lo mejor que podía pasar era que el dibujo acompañara un poco el vuelo que tenían los textos, que fuera en lo posible, parejito hacia donde los textos iban. El libro fue dibujado un poco de esa manera, tomándose las libertades que planteaban los textos.

ARC: No hace falta ni abrir el libro para remitirse inevitablemente a la biografía del Che que hicieron Héctor Oesterheld, Alberto y Enrique Breccia. Y hay otra correspondencia, me parece, entre la obra de HGO y el zapatismo: el tema del héroe colectivo. Se ha dejado en claro siempre que Marcos en realidad no existe, que es el personaje que los zapatistas crearon como cara visible (más allá del pasamontañas, claro) para oficiar de vocero de todo el movimiento. Vos fundiste a Marcos con el Eternauta, dibujando en un cuadro al Sub como el mítico Eternauta de Solano López, ese que camina de frente…

ID: Con respecto al Che de los dos Breccia y Oesterheld, es una referencia ultra presente para mí a la hora de hacer este libro. Pero en general es una de las historietas más admiradas por mí, de todas las que leí. Parte de decidir esquivar la forma de biografía fue también porque yo sentí que mi libro se iba a parecer demasiado. Pero sí, “Subcomandante Marcos”, el libro, está como un nenito mirando a su papá, en ese sentido. “Vida del Che” está presente acá.
Con respecto a lo que decís del Eternauta y tu lectura sobre el héroe colectivo y la analogía con Marcos, me sorprende y me gusta. Yo puse una viñeta, concretamente, donde Marcos deja al Viejo Antonio y se va caminando igual que el Eternauta. Es un guiño, no estaba seguro de si alguien se iba a dar cuenta (por lo visto vos sí). Está Marcos dibujado en la típica postura del Eternauta caminando bajo los copos de nieve, y yo dibujé algunos alrededor de Marcos también. Pero es un guiño, como un intercambio de miradas irónicas entre dos amigos en una reunión donde tienen que ocultar la complicidad. Es eso. Yo supongo que alguien que no está empapado lo suficiente del Eternauta esa viñeta la pasa de largo y funciona como una más dentro del libro. Y habrá también quien lo note.

ARC: Por todo esto que mencionás, a HGO no hacía falta ni nombrarlo para que estuviera presente en el libro, sin embargo en determinado momento aparece “a cara descubierta”, junto a su familia. Hablame de esa decisión tuya.

ID: A Oesterheld aproveché a incluirlo y dibujarlo en el capítulo de la carta que Marcos escribe a los organismos de DDHH (Madres y Abuelas) y a la Argentina toda, en realidad. En un capítulo que habla de la memoria, del genocidio y las desapariciones. Me pareció que era el lugar para dibujarlo a Oesterheld sin mayores demagogias, porque la figura del desparecido en ese capítulo está representada prácticamente sólo por la familia Oesterheld. El resto de los dibujos muestran generalidades. Y aparecen Oesterheld, la mujer y las hijas en una foto famosa en la que está la pareja dentro de una cuna y las hijas fuera. Es una foto que copié obviamente y está deformada. Y además aparecen las cuatro hijas también, ya militantes. Y ese cuadro está dibujado con tramas muy de la época Che de Alberto Breccia. Todo eso son en realidad pequeños gustos que me dí haciendo el libro. Relacionándolo un poco con lo que te decía antes, la cancha que yo tenía para desarrollar el dibujo, tenía los límites muy lejos. Entonces es un libro que me permitió hacer ese tipo de cosas sin que desentonara con el total.

ARC: Charlando hace poco con Lucas Nine, surgió el concepto de tejido conectivo, con respecto a ciertos elementos en el dibujo que a veces son objetos o segmentos de negros plenos, y que al repetirse a lo largo de una historieta la unifican. Lucas daba como ejemplo las “gotitas de Olivera” o las “texturas Del Castillo”. Aparecen en tu libro marcas como de capuchones o barritas…

ID: Es un recurso que tomé de Alberto Breccia, que convertía a sellos cualquier tipo de objeto. Es un recurso que tomé de ahí y me parecía que , más allá de que no es algo que se me ocurra a mí, de que lo saqué del Viejo, lo que da finalmente en la página ese tipo de cosas es que siempre hay algo del orden de lo inesperado. En pequeña escala, controlado. Porque en el caso del capuchón, sabés dónde aplicarlo. A veces tapás una parte para que no sea el objeto total, por ejemplo. Pero en una mancha siempre hay algo del orden de lo espontáneo. Y da resultados visuales muy frescos eso. Se nota cuando sumás la mancha. La línea es la mancha pensada, la mancha es la mancha

ARC: Más allá de la influencia de Breccia, sé que estudiaste con Juan Zanotto. ¿Cómo fue tu formación con él y qué otros referentes tenés?

ID: A Juan lo conocí en el año 2000 en la Escuela Argentina de Historietas. Cursé ese primer año de dibujo con él y ahí surgió la posibilidad de estudiar de manera particular y empecé a ir varias veces por semana a su casa y fue así hasta 2005, que murió. El viejo tuvo conmigo una generosidad infinita. Fue el único estudio de dibujo que tuve, y ni siquiera era del todo formal porque me trataba como si fuese de la familia. Poco después empecé a trabajar en el estudio de Alberto Saichann y Omar Aranda, donde estuve varios años también y aprendí bocha de cosas, pero ya era una situación de trabajo.
De todas formas, me reconozco más influenciado por otras disciplinas antes que por la historieta, de hecho mi cultura historietística no es muy rica que digamos. Pasé más tiempo con la literatura y la música y termino teniendo más presente aquellas cosas que a referentes de la historieta. Desde Camus, Onetti a Groucho Marx, Radiohead o el tango, es una bolsa de cosas. El arte político de los 60 y 70s. La llamada Contracultura. Por más cool y de moda que estén hoy. De historieta, Alberto Breccia, Pratt, José Muñoz, Zanotto, Quino, HGO también están presentes todo el tiempo, son los que me parecen admirables, porque te esculpen el adoquín que tenemos en la cabeza, y eso no pasa mucho. Y después hay otra dimensión de lo constitutivo de la que no se suele hablar tanto porque quizás es más vivencial, pero es increíble lo que pesan las experiencias a la hora de dibujar o de contar algo, y eso se nota. No digo para hacer piecitas autobiográficas del tipo “Cosas que me pasaron esta mañana”, sino esas experiencias que se parecen a las lecturas porque te van construyendo los puntos de vista y se terminan filtrando en lo que hagas. En el momento pensás que no tiene nada que ver, pero después ves que se dibuja muchísimo con eso también.

ARC: El libro se abre con una breve nota tuya en la que definís lo que suele llamarse “estilo” como un equívoco. ¿Te gustaría ampliar un poco esa idea?

ID: Lo que yo creo es que la búsqueda del estilo está muy bien y es necesaria, pero hay un riesgo muy grande que es caer en el estilismo. Y en general (por lo menos en la historieta, que es de lo que hablo en esa nota del comienzo) con ese estilismo se termina defendiendo y fotocopiando rasgos, que no hacen (a mi entender) al estilo de nadie. Yo no estoy muy interesado en que se reconozca un dibujo mío por la forma más cuadrada o redondeada de una nariz, o la forma en que dibujo las manos de un personaje. No estoy persiguiendo eso, si ocurre será fatalmente. Pero no me parece que un dibujante tenga que buscar eso. Porque me da la sensación de que se parece más a cuidar un patrimonio acumulado, que a una búsqueda creativa o de hacer algo que te entusiasme. Y yo supongo que cuando dibujaste narices lo suficiente para que te salgan siempre iguales, en algún momento te tenés que erotizar un cacho con hacer algo de otra forma. Entonces las ideas de estilo me parece que están muy cruzadas por todas estas cosas. Yo prefiero hablar de carácter. Tengo muy en claro el carácter de los tipos que yo admiro. Se ve en lo que hacen, se ve muy claramente el carácter en un dibujo, en una canción o en una novela. No el carácter o temperamento de la persona, sino de la obra. Si hay algo que uno debe buscar es un carácter que unifique todo lo que vos hagas, no tanto un estilo de dibujo.

ARC: ¿Qué sería lo que une a “Subcomandante Marcos” con tus libros anteriores?

ID: (Larga pausa) No lo sé. Yo siento que son parte de un todo. Les veo muchas diferencias, pero… digamos que es otro plantel de un mismo equipo. La camiseta es la misma, el cuadro es el mismo, los hinchas son los mismos, pero son otros jugadores. Hay una unidad íntima, que va más allá de que los haya hecho yo. Lo que sí veo es que en ninguno de los tres hay una preocupación muy grande por dar en la campanita. Por cumplir o tildar ítems. En los tres libros hay una mesa renga. Los primeros dos tienen un formato raro porque no son ilustración, ni textos ilustrados ni textos que expliquen las ilustraciones, conviven las dos cosas. Además son breves, y son un formato que está medio de espaldas a otros libros. Y con la historieta de Marcos puede pasar lo mismo. Terminó siendo un formato que se dio espontáneamente. Eso le da un carácter a los tres de bichos queridos.

ARC: Los primeros dos los publicaste vos mismo desde tu sello Nunca Editora. Para “Subcomandante Marcos” te aliaste con Historieteca. Contanos un poco de tu experiencia individual como editor independiente y cómo surgió  esta coedición.

ID: Yo le había mostrado a Marcelo (Pulido) las primeras páginas que tenía hechas, en 2013, y a partir de ahí cada vez que nos veíamos salía el tema. Creo que los dos estuvimos muy confiados y predispuestos desde el primer momento. En el medio, saqué los otros dos libros, y para Marcos unimos el trabajo. Entonces nos repartimos las tareas y todo anduvo joya. Con respecto a Nunca arrancó con la única finalidad de poder tomar decisiones editoriales con respecto al material. No hay pretensiones ideológicas, ni las hubo ni las hay. Eso es algo con lo que yo jodo desde la página, jugando con todos los yeites de esa llamada revolución caviar… hablaba con alguien el otro día: deberíamos dejar de usar las palabras “independiente” y “autogestión” por dos años, parafraseando a (Luis) Barrionuevo. Entonces fue así, todo aquello que conocí del mundo editorial, fue yendo yo atrás de mis libros. Venimos de un veranito desde hace unos años, donde empezó a editarse muchísimo en Argentina. En líneas generales con muy buena calidad de material y de edición. Y esas son las editoriales que fueron surgiendo, algunas más cercanas en el tiempo, pero otras desde hace una década o más, casi todas medianas o chicas, y que son las que hoy por hoy nos dan las novedades. Pero me parece que ese veranito se acabó. Por decisiones políticas, condicionamientos económicos, se volvió más difícil editar y ha vuelto a ser cada vez más difícil otra vez. Porque es un ciclo que ya ha ocurrido. Yo supongo que eso no va a hacer mella en la producción, porque Argentina tiene esa cosa misteriosa e inexplicable de que nadie deja de hacer. Y en la historieta quizás sea el doble de misterioso. Sí veo que gracias a ese empuje, en los últimos años la historieta empezó a tener un lugar aceptado en círculos y en ámbitos donde antes no entraba o entraba muy ocasionalmente. Cada vez más charlas en universidades, en algunas se ha creado la carrera de ilustración, de historieta, se hacen concursos nacionales o municipales. Creció el número de eventos de historieta, está ocupando más lugar en las librerías y debido a eso, a un público más general le es cada vez menos ajena. Pero no creo que sea algo masivo ni veo que lo vaya a ser, no podemos hablar de industria. Ahora bien, sería bueno que pudiéramos hablar de industria en términos estrictamente laborales, y culturales si querés. No en términos artísticos, porque ésas son cosas que no tiene nada que ver una con la otra. Una industria no te va a garantizar material de excelencia. Sí te va a garantizar que va a haber trabajo, trabajo mejor pago, una circulación, un producto cultural, fomento. Ese tipo de cosas. Pero dado que no la hay, encuentro algo positivo y es que esa factura queda en manos de gente que al final lo hace con mucha entrega, desde los dibujantes, guionistas, editores hasta los lectores, periodistas de historieta, etc. Me refiero a todos. Y los resultados tienden a ser menos conservadores y estandarizados, porque cuando te animás a tomar riesgos es porque tu ambición es otra.

ARC: ¿Estás trabajando ya en alguna nueva historieta? ¿Qué planes tenés para lo inmediato?

ID: Tengo en carpeta dos o tres cosas más en las que estoy trabajando y que seguramente cuando estén maduras vayan a tener formato de libro. En general hago, y después veo a donde va a parar una cosa o la otra. Por lo pronto, el próximo jueves 13 de julio, a las 21:30hs voy a hacer una nueva presentación de “Subcomandante Marcos” en el Centro Cultural Matienzo (Pringles 1250, CABA). Habrá música en vivo, charla y una muestra de dibujos originales. La entrada es gratis así que están todos invitados.


jueves, 25 de mayo de 2017

Más historieta en el horizonte.

1. El trazo continuo.

Explicar y contar el devenir de la Historieta Argentina sobre una línea de tiempo no es difícil. En todo caso, conviene saber de antemano que no es una línea recta. Su trazo (para hablar con propiedad) puede pasar de fino a grueso y además está chunga en varios segmentos. Pero es continua, de eso no hay duda. Yo la ví extenderse sobre el papel hace unos días durante el festival Dibujados, por ejemplo. Iba prolongándose de a tramitos sobre las mesas de los expositores, un poco con lápiz, otro tanto con marcador, con birome, con lo que hubiera a mano. No se detiene, es admirable. Sin embargo mucha gente creyó que se había cortado hacía tiempo, cuando las viñetas desaparecieron de los kioscos y las librerías. Afortunadamente, el periodista Martín Pérez se juntó con Liniers y decidieron plantar un mojón para que los lectores extraviados por el camino pudieran orientarse y seguirle el rastro. El resultado es Dis Tinta, un monumental volumen que reúne el trabajo de 33 autores contemporáneos bajo el rótulo de “Nueva Historieta Argentina”. Más allá del encomiable laburo y el extraordinario resultado, la verdadera hazaña fue lograr que el libro fuera publicado por una editorial grande como Sudamericana.
Consultados por Andrés Valenzuela para el diario Página 12, Liniers y Pérez lo plantean como “un gran complot de todos nosotros, los que estamos en el libro”. Porque parece que no fue fácil convencer al multinacional grupo editor de semejante proyecto. Pérez cuenta que para arrancar le pedían que el libro fuese “grande” en cantidad de páginas. Él aceptó y respondió sumando a Liniers como compilador, algo que obviamente tracciona ventas (si se me permite el vocablo electoralista).   
Huelga decir que el libro está bárbaro, editado en buen papel, a un tamaño ideal; que en virtud de la variedad de estéticas que incluye, tanto los colores como el blanco y negro están impresos como se debe; y que además no es caro. Es una belleza, no hay mucha vuelta que darle.
Ahora bien, vamos al contenido. Como toda antología, cada quién elegirá los trabajos que más le gusten, acaso descubrirá obras y autores que desconocía y se volverá a deleitar o disgustar con pasajes publicados previamente en otras páginas. Yo disfruté en particular los aportes de Frank Vega, Ayar Blasco, Ariel López V., el Polaco Scalerandi y Ezequiel García. Pero está buenísimo en general, hay páginas notables y se nota el esfuerzo en la edición para que el resultado sea equilibrado.
Habrá quien diga que "faltó este o sobra aquél". Pero no nos vamos a meter en esa cuestión, porque 384 páginas no alcanzan para abarcar el recorte temporal que el libro delimita. Ése es claramente el meollo del asunto, el acierto (¿involuntario?) de Liniers y Pérez: sobre la línea de tiempo mancharon con pincel y tinta china dos puntos que marcan el pasado inmediato y el hoy. Dis Tinta, el libro que acerca la “nueva” historieta argentina al gran público, en realidad opera como cierre de ciclo  y como nuevo punto de partida para seguir proyectando esa línea hacia adelante.

2. ¿Es la tinta distinta?

Dis Tinta comienza con un prólogo dibujado, a cargo de Liniers. Nueve cuadritos encadenados que recorren la página como un gusano y que pintan con insuperable poder de síntesis la paradoja de los dibujantes argentinos. ¿Es la falta de una industria bien constituída y estable lo que genera esa impronta distintiva en el resto del mundo? “El resultado de esa orfandad editorial es que todos los pibes que están en el libro tienen una búsqueda absolutamente personal y no dibujan pensando en que se los publique L’Association o Drawn & Quarterly o pirulo. Hay influencias, obviamente, pero son las que se buscó con libertad absoluta a partir del gesto absurdo de querer ser historietista en los 90 o 2000”, explica Liniers en la citada entrevista. Luego sigue una nota introductoria de Martín Pérez en la cual queda demarcado el comienzo del recorrido. Bajo la denominación de Los Suélteme (en la que se incluye a Parés, Podetti, Fayó, Sapia y Cachimba), se marca el límite entre los últimos historietistas que publicaron en revistas de historietas profesionales a mediados del siglo pasado, antes de que la industria bajara sus últimas persianas. Luego se describe a la generación incluída en el volumen, “que a esta altura, al menos desde dentro de esa comunidad de nuevos historietistas, está llena de nombres consagrados. Pero, para quienes miran desde afuera, son apenas dueños de universos aún por descubrir”, marca la cancha Pérez. Y continúa con un repaso de antecedentes, de estaciones  a lo largo de la línea, si se quiere, que por lo menos a mí como lector me suena a acto de justicia: se menciona a la revista Comiqueando, al fanzine Catzole, al blog Historietas Reales, a La Productora, al festival Viñetas Sueltas, la editorial Llanto de Mudo, la segunda versión de Fierro y hasta el libro Informe, antecedente directo de esta nueva antología. Todas experiencias en las que uno puede reconocerse a lo largo de ese trayecto que va, entonces, de los Suélteme para acá. Es por eso que planteo que es un libro bisagra. Claramente ni Gustavo Sala, ni Calvi, ni Lucas Varela, ni los Triperos son la “nueva” Historieta Argentina. Forman parte, en todo caso, de la generación de la resistencia, que llega a este punto del camino con gran madurez y mucho por ofrecer aún.

3. El horizonte y la calle blanca.

Pero, al final una vez que publican un libro como este ¿le buscás el pelo al huevo, chabón?, estará pensando quien leyó todo lo anterior. Nada de eso. Lo que quiero señalar es que el supuesto equívoco del subtítulo se ubica en esa diferenciación entre lectores “del palo” y  “de afuera” que hace el propio Pérez en su introducción. Una vez leídas esas líneas, comienza a gestarse el prodigio: según Liniers, para los dibujantes argentinos “el horizonte es el final de la mesa”. Con la sola aparición de Dis Tinta, han corrido el horizonte  hacia delante de un patadón. ¿Hasta dónde o hasta cuándo? Yo creo que depende apenas de dos cosas. La primera, más libros como este. “Es un pie en la puerta para todos: sirve para que otras editoriales también lo vean, que se dinamice, porque viéndolo hecho lo van a entender”, aventura Pérez.
La segunda cuestión, tiene que ver con qué tipo de historieta sepamos conseguir. ¿Crecerá el género o prevalecerán la introspección y la autorreferencia? ¿Por qué no aprovechar para llevar el término “novela gráfica” un poco más allá de las adaptaciones literarias o la fórmula “dibuperiodista viaja a zona de conflicto bélico”? ¿Qué onda con los superhéroes y la nueva patria nerd? Tiro esas puntas para seguir abriendo el juego como han hecho Martín PérezLiniers, los 33 dibujantes del libro y la editorial Sudamericana. Por ahora estamos en la calle blanca, entre una viñeta y la que le sigue.
Y permítanme cerrar diciendo que me resulta súper significativo que este libro se haya publicado justo en medio del paréntesis de Fierro, que ya está agitando por la red su inminente retorno. ¿Irá marcando camino hacia la nueva - Nueva Historieta Argentina o se mantendrá igual apenas cambiada? Le ponemos una ficha, obvio. Al Rescate siempre...


domingo, 23 de abril de 2017

Reportaje a Lucas Nine (o acerca del arte de saquear tumbas).

1. Jorge Luis Borges no pasó a la inmortalidad (como se estila decir) en el momento de su deceso físico, que fue allá en Ginebra, en el ´86. El tipo ya había decidido ser inmortal mucho antes, imaginándose en múltiples confines de la tierra, en épocas tan distantes como simultáneas. Y escribiéndolo todo. Borges logró esas existencias fatigando los corredores de una inmensa biblioteca interior que llevaba siempre consigo, cuyos libros versan a su vez acerca de otras vidas en otros mundos, en los cuales otras tantas bibliotecas secretas aseguran la prolongación de un laberinto profundo e infinito. Hechicero, gaucho, preso, espía. Esas son algunas de las mil vidas que vivió a través de sus personajes. En la década del cuarenta, además, fue nombrado Inspector Municipal de Aves y Conejos, cargo que jamás pensó que ocuparía. ¿Se habrá imaginado a sí mismo alguna vez como personaje de historieta? Imposible saberlo. Por suerte, el talentoso Lucas Nine supo aprovechar la anécdota y logró conjurarlo: “Borges, Inspector de aves” acaba de ser editado por Hotel de las Ideas. La excusa perfecta para charlar con él. Acerca de (su) Borges, por supuesto. Pero también sobre las formas de hacer y leer historietas a lo largo del tiempo y sobre la continuidad de la revista Fierro (tema de nuestro anterior post). Un reportaje sin desperdicio, una verdadera clase maestra en la cual vuelve a quedar demostrado que leer y escribir (y dibujar, claro) suelen ser un mismo acto creativo. ¡No se levante de su inodoro! Hoy en Al Rescate Comics, habla el señor Lucas Nine…

2. En 2011, en el #54 de la revista Fierro hizo su primera aparición “Borges, Inspector de Aves”. A ese y otro breve episodio (en el cual debía interrogar nada menos que a su amiguete Bioy por la desaparición de un loro), les siguió “Operación Espantapájaros”, una singular saga que se prolongó en las páginas de la mencionada revista a lo largo de cuatro años. Ahora que fue recopilada en un mismo volumen, yo estoy convencido de que el propio Borges estará encontrando dicho tomo en alguno de sus anaqueles infinitos, riendo de su yo-Inspector e inquietándose ante el maléfico plan de un villanesco Oliverio Girondo. Pero ¿de dónde sacó Lucas Nine una historieta así? Alguna vez declaró que le costaba dibujar historietas porque para crear un clima o meter al lector adentro es muy difícil escaparle a las estructuras, a la repetición y al sistema. Que cuando comenzó “Té de Nuez” no tenía idea de adónde quería ir hasta que la cosa fue cobrando sentido. De ahí a “Operación Espantapájaros” sin escala, casi. No parece la obra de alguien peleado con el método y el sistema. ¿Será que con Borges aprendió a hacer historietas finalmente?
La diferencia está en que el motor de “Té de Nuez” era gráfico y en “Borges” es literario. “Té de Nuez” cobró forma  a partir de dibujos sueltos, de garabatos: primero vino el bebé y luego (siguiendo el contraste entre chico y grande) salió el ama de leche. Ahí había una historia, potencialmente. Luego jugué con el cambio de roles: el bebé sería el adulto y la otra su muñeca; eso terminó dándole una perspectiva dramática al mundo de la infancia. Pero en ese caso el motor eran las imágenes, el texto siempre fue un complemento. En “Borges” es al revés: el disparador es la palabra; los dibujos van atrás. No podía ser de otra manera, tratándose de Borges. Pero, por supuesto, la relación entre la imagen y la palabra no es pacífica. Un poco como ocurre con los payasos de circo, donde siempre hay uno que da órdenes y otro que desobedece. En “Borges”, pongamos, la palabra vendría a ser Moe y el dibujo, Curly (Larry está también presente, en el blanco entre cuadrito y cuadrito). De alguna manera, Borges es la antihistorieta: con esos textos tan pesados al pie de los cuadritos, va en contra de todos los manuales. Pero ahí me parece que está la gracia del asunto, porque mi Borges arrastra la literatura detrás suyo, él quisiera fluir dentro de un buen relato visual pero se tropieza con las palabras, no puede dejar de adjetivar el mundo que lo rodea. Al principio, el chiste era el equívoco con el “Inspector de Aves”: lo vestimos como un inspector y lo ponemos en el gallinero. Pero no tenía mucha idea de qué hacer con eso, hasta que se me ocurrió la primera línea: “El gallinero que se levantaba en Juan B. Justo 621 era una lujosa construcción de madera y alambre”. Era un pastiche de Raymond Chandler, el autor de policial negro, que casi siempre empezaba sus novelas describiendo la fachada del lugar que visitaba su detective. Puede parecer una boludez (de hecho lo es), pero me sirvió como llave para entrar a la historieta. De ahí salió la idea de que Borges imaginara ser una especie de Marlowe, que apareciera medio pintón y no como un personaje ridículo, que la historia se tomara en serio a sí misma, que los dibujos fueran dramáticos. Después el tono chandleriano se suavizó mucho, la manera de hablar del personaje se acercó más a la idea que tenemos de Borges. Aunque nunca traté de hacer deliberadamente que sonara como el escritor, y de hecho, metí términos que él nunca hubiera usado. Me apropié de personaje y lo dejé hacer. Al final el Borges real me terminó pareciendo una especie de imitador bastante soso. Lo que si diferencia a “Borges” de “Té de Nuez” es que en gran parte la historia fue escrita de antemano, ya pensando en un libro. La otra era episódica, más propia de una revista.”

Los textos están trabajadísimos. Uno no espera otra cosa si el protagonista no es otro que Jorge Luis Borges. Pero trabajados no sólo desde lo poético o literario, en la búsqueda de cada palabra. Se nota que el sentido del humor también está afilado. Hay un humor pavote alternado con el humor intelectual y que aporta muchísimo oxígeno a la narración. ¿Cómo lograste esa síntesis?
Hay un ritmo que te va llevando, y después hay un desarmar de las frases y limar, condensar, etc. Hay un escritor que no está mencionado en este libro donde deambulan tantos otros, Leopoldo Marechal, que tiene mucho que ver con ese tono paródico (que uno imagina fino y jodón), con el tomar los hechos banales de la realidad y aportarles una dimensión mítica o telúrica; aparte de haber sido el primero en usar a Borges como personaje cómico. También es un buen ejemplo de esta alternancia entre lo pavote y lo serio que observabas. Pero en Marechal a veces se nota un poco el riesgo que existe en convertir este juego en fórmula, en ablandar conscientemente el texto metiendo cada x cantidad de líneas la palabra “culo”, etc. Por eso no traté de forzarlo ni de pretender ser demasiado gracioso desde el texto mismo. Después de todo se podían meter unas cuantas “reflexiones” sin problemas, si en el cuadrito estaba Borges mirándote fijo. Esa es la ventaja de la imagen, y no se aplica sólo a las historietas. Por ejemplo, Sábato puede ser un plomazo como escritor, pero si su imagen acompaña a las palabras (como ocurre en una entrevista), la diversión está garantizada.

No sólo fue buena idea la de un Borges héroe, también fue un gran hallazgo lo de Girondo. ¡Un excelente villano resultó ser! Más allá de que todo haya surgido de jugar con aquél cargo municipal que (efectivamente) detentó Borges alguna vez, ¿cuál ha sido tu relación con su obra, así como con la de Oliverio? Teniendo en cuenta tu mención a ese Marechal tácito, ¿aprovechaste para dialogar con ellos o simplemente usaste sus muñequitos para jugar?

Al meter a Oliverio, a Norah (Lange), u otros personajes similares, corría el riesgo de producir caricaturas de todos ellos y terminar en una parodia del ambiente de los escritores de la época, en el estilo de la revista “Humor” (ese es justamente el caso en la historieta breve en la que Borges se encuentra con Bioy, pero esa veta podía explotarse en dos páginas). En el grueso del libro opté por hacer aparecer a todos ellos desde la óptica del protagonista; y así mi Oliverio cumple las funciones de antagonista de folletín y no pretende ser una caricatura del Girondo real. En realidad, las pocas referencias que uso para construirlo tampoco parten del escritor mismo sino de la percepción más bien torcida que Borges tenía de él… habría que decir que incluso se trata aquí de una caricatura de esa percepción. En función de eso, adjudiqué a todos funciones típicas de este tipo de relatos melodramáticos y folletinescos. Y se portaron muy bien, porque las máscaras son siempre necesarias para los exhibicionistas: yo creo que Oliverio no estaría en desacuerdo con la noción de que la poesía en papel es sólo una receta escrita para su ejecución en la vida cotidiana. Pero ese descubrimiento le corresponde al personaje, yo sólo lo seguí a una distancia prudente.

Los primeros episodios tenían algo de color, hasta que en determinado momento el negro y el blanco se vuelven protagonistas exclusivos. ¿En qué momento decidiste mantenerlo así definitivamente? ¿Usás los colores desde lo narrativo o sólo desde lo estético?
Puede ser que el color tuviera que ver con cierto temor a que la página quedara muy vacía. Pero la revista no lo reproducía bien y, por otro lado, esta era una historieta policial en la que el segundo tono se veía como un intruso, así que lo reemplacé por grises. El libro es blanco y negro de cabo a rabo y viendo el resultado impreso, me parece que fue lo correcto: hubiese quedado demasiado pesado de otra forma.

Hay momentos de gran vuelo y experimentación gráfica (como la escena del salón de los espejos, pero se percibe en toda la obra) en los que no es difícil evocar al Alberto Breccia más plástico. ¿Es una referencia buscada?
Cuando uno inicia una historieta, pone en marcha un mecanismo con ciertas leyes que a veces se van descubriendo sobre la marcha. En este caso, el contraste entre el dibujo dramático y el contexto humorístico funcionaba también como coartada para entrar en un mundo visual al que mis guiones (que juegan siempre con lo cómico o lo grotesco) no apuntan directamente. En resumen, para saquear sin disimulo historietas como Sherlock Time o Mort Cinder, estudiarlas y aprender un poco. Como los bárbaros invadiendo Roma; cuando los tipos, entre alaridos, reinterpretaban a su manera las esculturas clásicas (todavía quedan huellas de estas reinterpretaciones entre las ruinas). Así que Alberto Breccia es una influencia de primer orden. No sólo en un sentido laxo y general: digamos que se nota el afán por emularlo, cuando no el afano. Pero es parte de la gracia de esta historieta; para que el contraste entre contexto y dibujo funcione, a veces hay que forzar la caracterización. La idea es que esta historieta se tome en serio a sí misma. Usted no se “ríe con”; se “ríe de” y todo eso…
Por supuesto, me parecía un gran descubrimiento el chiste de dibujar una historieta cómica  a lo Breccia, hasta que un día, mirando un blog llamado “Top Comics”, me encontré con esta página del dibujante Carlos Braxator (también conocido como Mannke).


Acá, Braxator hace exactamente la misma gracia. Hay que consignar que esto ocurría en 1962, cuando Mort Cinder seguía saliendo, de manera que este señor se me adelantó unos 55 años. ¿Está el pasado tan muerto como creemos? Otro dibujante al que estudié mucho es Alex Toth.

Tu estilo pone el acento más en el movimiento que en el detalle de las figuras. Lo que tienen de impreciso o desdibujado (valga el juego de palabras) los rostros y objetos convive con lo armónico de la composición de las páginas. Me gustaría saber cómo es el laburo que hay detrás de eso en cuanto a proceso pero también a materiales. ¿Cómo encarás un boceto? ¿Cuánto hay de lápiz y tinta y cuánto es retoque digital? ¿Te quedan originales o son siempre ensambles tus páginas? 
En las historietas me acostumbré a trabajar sobre la base de la edición digital. Algunas pocas páginas están dibujadas como un todo, pero incluso en esos casos hay tanta modificación digital que no se las puede llamar “originales”. Todo está hecho en papel, sólo me sirvo de la computadora para editar, como en el cine. De esa manera uno puede meterse más en ese registro gestual que notabas, sin el riesgo de arruinar una página. Pero este método tiene varios problemas: no hay originales, uno puede dibujar tal o cual figura unas ochenta veces sin tener una total noción de cómo va a quedar la cosa hasta que se la pone en página, se pierde cierto rigor que es necesario para lo narrativo, etc. En el caso puntual de Borges, logré cierta homogeneidad aplicando algunos plenos (formas que tienden a lo regular y geométrico) directamente en la computadora. Esto interconecta los dibujos, los organiza, y ayuda a definir tanto la narración como el estilo general. Es una especie de tejido conectivo que une los diferentes “órganos” de la historieta (imaginémosla como un ser viviente, que se arrastra pesadamente hacia el lector) y que, aunque no carga con el peso de ninguna información concreta, organiza el conjunto y lo mantiene unido. En otros dibujantes esto puede verse más claramente. Pienso, por ejemplo, en  esos espacios “collage” de Breccia, o en las estrellitas o espirales que pone Hergé: son cosas importantísimas, aunque están en segundo plano. A veces el dibujante cede o pierde un poco el control y el “tejido interconectivo” cobra vida propia… estoy hablando de las famosas “Gotitas de Olivera” o de las “Texturas Del Castillo”. Es un fenómeno muy interesante, que debería ser más estudiado.
Lucas, así como mencionás ciertos recursos o yeites en dibujantes como Olivera, Del Castillo o el propio Breccia, ¿qué elementos de ese tipo encontrás en dibujantes de tu generación? ¿Hay algún estilo o tendencia en el dibujo (para bien o no tanto) al que recomendás prestar atención o que llame la tuya en los últimos (ponele) veinte años? 
En general no creo mucho en la división por generaciones, pero sospecho que hay que ponerse un poco en guardia contra lo que se podrían llamar las “últimas tendencias” (sean las que fueren) porque tienen la particularidad de no ser perceptibles, o por lo menos no tan evidentes como las “últimas tendencias del año pasado”. Pueden ser jodidas porque están ahí sin que se noten tanto, como una especie de mandato de la época, y uno puede estar copiando algo sin saberlo. O peor, sin saber por qué lo está copiando, para qué sirve. Un ejemplo del que hablaba un tiempo atrás era el de cierto modelo de dibujo inexpresivo, que emanaba de la obra de tipos como Ware, Burns o Clowes. Podía tener cierto sentido en el contexto en el que ellos lo utilizaban, pero se impuso de una manera en la que terminaba limitando a los dibujantes, que a veces ni percibían que estaban encadenados a una fórmula. Un poco como pasó en las últimas décadas del cine argentino: en los ochenta todos puteaban a los gritos. Después se impuso el modelo del “hombre de la máscara de hierro” y el minimalismo, y ya casi que se extraña a Julio de Grazia.        


Abriendo el espectro un poco más allá de Fierro (pero incluyéndola, por supuesto), me gustaría conocer tu mirada sobre la historieta argentina actual. ¿Ves que se estén haciendo cosas interesantes? ¿Seguís algo o a alguien en particular? ¿Te parece que hay actualmente entre nuestros dibujantes y guionistas algún tejido conectivo?
Yo leo cosas de todo tipo, pero me cuesta abrir un libro diciendo “ahora vamos a leer un poco de historieta actual”. En todo caso, la leo como a la otra. Uno se podría preguntar cuál es el momento en el que se hace una historieta, si cuando se la dibuja o cuando se la lee. Suena a una de esas boludeces que se dicen para hacerse el interesante, pero el hecho es que la misma cosa se puede leer de maneras muy distintas. En algún momento se estilaba decir que el Tapiz de Bayeux (del siglo 14 o 15) era un pariente de la historieta, cosa que a los tapiceros de Bayeux seguramente los habría sorprendido mucho. En el caso de las historietas (y otras formas de relato) yo miro mucho material del pasado, no sólo porque me gusta como está hecho, sino porque está repleto de ideas. Es una mirada interesada, digamos. Pero ahí tenemos una cantidad de vetas abiertas que apenas fueron explotadas y que están esperando. Hace no mucho hablaba con un dibujante que venía de la escuela Columba y coincidíamos en que era una desgracia que cierto diálogo generacional (llamémoslo de esa manera) se hubiera interrumpido, que los pibes que dibujan historietas supieran cual es la última boludez de moda en internet y no quién era Casalla, todo este tipo de cosas. Se me ocurrió luego que, si bien todo esto era cierto, algo similar ya había ocurrido en el pasado: estos dibujantes venían de una historia que empezaba con Canniff y Robbins, y esa era la manera oficial de dibujar historietas por entonces. Había existido otra tradición previa, la de Rechain, Lanteri, Soldati, Macaya, Rojas, Redondo y tantos otros, que había quedado sepultada. No por casualidad fue Alberto Breccia uno de los pocos que supo seguir en contacto con el laburo de estos dibujantes, que los estudió en serio (especialmente a Macaya). El futuro está en saber mirar el pasado. Saqueador de tumbas, si quieren. Pero me parece que uno dialoga de verdad con los muertos; a los vivos se les dicen cosas como “pasame la sal”.      

Una vez terminada la saga de Borges (que se prolongó bastante), lo que siguió fue “Casi Budapest”. Si bien tiene un aire familiar, da la sensación de que arrancaste otra cosa para no repetir o aburrirte. ¿Quedó algo en el tintero con Borges? ¿No te encariñaste con el Inspector de aves?
Borges se prolongó bastante porque aparecía cada dos o incluso tres números de la revista, pero no es tan extensa. El personaje de Borges y el detective de Budapest (¡otra vez un detective!) tienen varias cosas en común: cierta mentalidad digresiva, la morosidad verbal, la lentitud (de paso, el aspecto del Inspector Sigilozy sale de un conocido mío que generosamente me prestó su apariencia). Pero esto va a ser algo muy distinto, donde, por ejemplo, el protagonista ya no funciona como eje de la historia, aunque sea el narrador. Lo que salió en Fierro hasta ahora es sólo una presentación general y muchos elementos apenas esbozados van a cobrar sentido más adelante. Porque, claro, la historieta tuvo una especie de final de compás de espera en la última Fierro, pero recién empieza.                                                                                                                                                                         
En el último número de Fierro, Timoteo y Borges (no sin cierta incertidumbre compartida entre personajes y lectores) fueron los encargados de oficiar una especie de réquiem, pero no sólo para Fierro. Se refieren a las revistas de historietas como género. Y si bien lo hacen un poco también con sorna, tocan una fibra sensible. ¿Querés ampliar un poco el planteo que hacen junto a Sigilozy? ¿Cuál es tu balance del ciclo que trazó Fierro en estos años? Más allá de que luego puedan ser cobijadas en libros (y esta nota es la celebración de que se publique el de Borges Inspector de aves), ¿podrían existir ciertas historietas sin revistas? ¿Este Borges sólo fue posible porque ahí estaba Fierro?
Bueno, yo creo que las historietas pueden cambiar de vehículo y de hecho lo están haciendo, pero la tristeza de mis personajes radica en que lo que está muriendo es un formato: la revista de historietas. Porque incluso la aparición de una Fierro trimestral haría que la revista se asemeje más a un libro o catálogo que a una revista como las conocimos. Las revistas trabajan no sólo con el espacio físico que ocupan en el kiosco sino también con el tiempo, esta periodicidad es parte de su encanto; es una cuarta dimensión que los libros no van a tener jamás, la administración de sus tiempos corre a cargo de los lectores. Y el formato permitía cosas que eran imposibles en otros espacios: la interacción con la realidad concreta es distinta, mucho más inmediata que la de un libro (y también más perecedera), sus lectores forman un colectivo más perceptible (es dado dirigirse a ellos como colectivo, mientras que los lectores de libros son apenas individuos). Pero, por encima de todo, la revista permitía operar una forma de alquimia literaria: la mutación. Imaginemos el famoso caso del niño leyendo El Eternauta original, en Hora Cero. Al principio cree hallarse frente a una de marcianos, y luego, número a número, va descubriendo emocionado que el cambio de perspectiva y de género en lo que él había creído estar leyendo es constante. Al final se aviva de que los marcianos no estaban delante suyo, sino atrás. Ese tipo de cosas sólo las puede dar una revista. 
En el caso de Fierro, valoro y valoré la variedad de cosas que han publicado. Nunca encontré a alguien al que la revista le gustase por completo, y me parece que eso fue lo que hizo que se publicase tanto tiempo. Se puede decir que eso le garantizó una variedad de público mayor que la que hubiese tenido de ceñirse al gusto de un lector imaginario (que, por otro lado, nunca existirá), pero yo tengo la sospecha más oscura de que a veces se la compraba también para (o incluso con el único objeto de) putear contra todo aquello que nos indignaba de ella. Cuantas veces no habré yo pasado las páginas, inventando insultos más coloridos y extravagantes que los del Capitán Haddock, y ni el Bebé Timoteo ni el sagaz Borges eran exceptuados de mis dardos venenosos. Pero eso es algo que tienen las historietas (al menos aquí) y que las vuelve muy interesantes como objeto de análisis o de crítica: dado que no están subidas a ningún pedestal ni hay que tener conocimientos especiales para juzgarlas, despiertan pasiones virulentas que nunca he visto aplicadas a disciplinas tales como la pintura de caballete o incluso el cine (exceptuando, claro está, las adaptaciones de historietas).

Pero si bien no existe un lector ideal (coincido plenamente ahí), cada revista tiene un perfil, un contenido “lógico” difícil de intercambiar con el de revistas colegas. Es un planteo medio paradójico, siendo que Timoteo, Borges y Sigilozy están señalando eso mismo, la ausencia de revistas de historieta. Pero digo, esa lógica estaba cuando convivían la vieja Fierro, Columba y Skorpio, ponele. Recién ponderabas la diversidad de historietas que albergó Fierro en estos años (ahí también coincido). Tomando el concepto que usaste antes, ¿pensás que hubo algún rasgo en común que organizara el conjunto? Y vuelvo a preguntar: ¿se podría haber desarrollado una historieta como Borges en otra publicación que no fuera Fierro? Más allá del tema del tiempo y la periodicidad que planteabas (voy más a esa “identidad”).
No creo que una historieta como Borges hubiese podido salir en otro lado (en parte porque no existía ese “otro lado”), pero es difícil definir en qué consistió la identidad de esta Fierro con tan poca perspectiva. Es más fácil descubrir esas identidades a la distancia, y no creo que se ciñan sólo a un formato. Por ejemplo: en la historieta clásica de, pongamos, Columba, era fundamental la noción de género. En algún momento de los setenta, el autor se transformó en personaje, y empezó a discutirla. El modelo original era un poco el de Osvaldo Soriano, que tan en boga estaba en ese entonces, y que en “Triste, Solitario y Final” bebía codo a codo con Philip Marlowe (fíjense que no estamos hablando de un guionista de historietas, precisamente). Es el progresista latinoamericano que discute sus diferencias con géneros a los que ama pero a los que no deja de ver como parte de una maquinaria de propaganda imperialista, etc.  Sobre ese motor, esa excusa argumental para poder incluirse en el mapa tomando distancia crítica pero sin sacar del todo los pies del plato, tenemos una variedad muy grande autores y de enfoques: Trillo, Sampayo, Sasturain, Altuna (con su Beto Benedetti). Pongamos como wings de este súper seleccionado a Barreiro en una punta (“No necesito ser progre para discutir, me alcanza con una ametralladora”) y a Carlos Nine en la otra (mucho más surrealista, establece distancia cítrica antes que crítica porque los caga a naranjazos, pero Saubón no deja de ser el primo argentino y conflictuado de Donald).
En esta última Fierro ese paradigma cambió un poco. Aunque se perfilan otros nuevos, el género clásico ya no existe, y el autor tampoco. El progre ya no discute nada, agarra lo que viene. ¡Caramba! Esperemos el juicio de la historia y vayamos hablando con los abogados.

Vos que has sido parte, ¿qué sabés sobre el futuro de Fierro?
No demasiado. Volviendo a las metáforas circenses, en este momento estamos como en esos números  en los cuales un acróbata va a saltar desde lo más alto del palo mayor de la carpa para caer en un recipiente del tamaño de un vaso de agua. El tipo sube por una escalerita y sale del alcance de los reflectores. No lo vemos más. Sabemos que sigue subiendo sólo porque se escucha el redoble de tambores. ¿Saltará? ¿No saltará? ¿Y si el redoble de tambores sigue para siempre? Qué suspenso.

Unas líneas más arriba decías que Casi Budapest recién está comenzando, con lo cual ya se adivina su presencia en una Fierro trimestral. Así que repregunto: ¿qué sabés del futuro de Fierro, además de que incluirá “Casi Budapest”? (Porque insisto, ¿dónde más continuaría si no es allí?)
No tengo mucha idea. Sé que la historieta se terminará de alguna manera porque ha sido comenzada y ahora tengo una deuda con el Sr. Sigilozy, pero vaya a saberse donde saldrá.  Puede ocurrir que:
a-salga la Fierro trimestral sin Sigilozy.
b- salga la Fierro trimestral con Sigilozy.
c- no salga la Fierro trimestral (con o sin Sigilozy).
d- salga sólo Sigilozy.
e- no salga nada.
 ¡El tiempo dirá!

¿Van a hacer alguna presentación formal de “Borges, Inspector de aves”?
Este 5 de mayo a las 19 horas se presentará en la librería Eterna Cadencia, que queda en Honduras 5574 (no demasiado lejos de la calle Borges, verán). Se anticipa la presencia de invitados sorpresa, luminarias de la historieta, y la aparición espectral de cierta figura sedienta de venganza.